Durante 30 años, gente de a pie y políticos de fuste, peregrinaron a su santuario para escuchar sus vaticinios o curarse. Se retiró para estudiar con extraterrestres y hoy disfruta de su jubilación profética.

 5 abril, 2014
Imagen sin titulo - GN
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C uando los efluvios de las fuerzas cósmicas rasgan el velo del tiempo y las sombras cubren con su manto la tierra, una voz emerge de las profundidades siderales para indicarnos el sendero de la vida y leer –en el libro abierto de nuestra mente– los signos arcanos que rigen la existencia.

Uno cree que ya lo vio todo y se encuentra a bocajarro con Madame Gandahara, una venerable octogenaria que allá por los años 60 –y a lo largo de 30 más– sacudió a la pacata sociedad tica con un programa de astrología en Radio Libertad, montó un consultorio donde curaba con la asistencia taumatúrgica del Dr. Ricardo Moreno Cañas y atendía marejadas de creyentes.

La memoria de Madame es un batiburrillo y en esa “mélange” de recuerdos hila un dato con otro, cose una anécdota con una cifra y ensarta un nombre aquí y un lugar allá, para reconstruir una historia al filo de la hipérbole.

Empezando porque madame, no es madame; responde al vernáculo apelativo de María Elena Mora Valverde. Tampoco nació de un rayo de luz como el Buda, ni vive en una gruta como la Sibila de Cumas y menos está ciega como Tiresias.

Sin más presagio que los dolores de parto vino al mundo en un pueblito de San Andrés de Tarrazú, al despuntar el alba del 8 de junio de 1937, día de Santa Caliopa, mártir española llamada “la de la voz más bella”.

Creció como una ménade, entre las breñas de la Sierra Maestra y Frailes de Desamparados; sus progenitores, Tito Mora Rivera y Jael Valverde Piedra, tenían propiedades y arrancaban a la tierra sus frutos.

Antes de su epifanía llevó, con sus siete hermanos, la vida de una chicuela cualquiera, sin demostrar aún sus poderes psíquicos. Comía rábanos, miel de trapiche, papayas, jocotes, anonas, bananos y picadillos.

Fue a los cuatro años, sobre una piedra, que comenzó a manifestarse su particular don de leer el destino de los otros; mientras eso ocurría, desde algún lugar de la galaxia una pandilla de extraterrestres pegaba la nariz al planeta, para contactarla cuando llegara al meridiano de su vida.

Madame tuvo programas en Radio Televisión Tic Tac, en 1963; en Radio Libertad, a partir de 1966 y en Canal 11, en 1979. Todos con audiencias realmente apocalípticas.

Desde aquellos días, hasta hoy que vive en una especie de jubilación profética, Madame Gandahara superó todas las pruebas herméticas que pulieron su temple y la convirtieron en una vidente, arúspice de casi todo el que es alguien en Costa Rica.

Con el rigor de un escriba sumerio conserva varios voluminosos archivos periodísticos y documentales, donde atesora las cartas de agradecimiento “por sus valiosos servicios” firmadas de puño y letra por Rodrigo Carazo Odio, fotos con Pepe Figueres, Daniel Oduber, Luis Alberto Monge, el racionalista Óscar Arias y toda la pelambrera nacional.

Madame gasta sus horas en su casa josefina, medita en una concha acústica y recibe en un salón de oraciones; la asisten dos acólitos: Pinito, especie de guardián de los sellos, y Chanita, una doméstica que ella adoptó.

Olvidada por décadas, alguno que otro avivato pretendió usurpar su fama y su gloria; pero como lo que se hereda no se hurta, Madame Gandahara salió de su mutismo, escuchó el sonido de las esferas y en una copa de agua, diáfana como el día, desentraña otra vez los misterios estelares para conocer su destino y que el poder de los astros le sea propicio…¡gooonngggg….goooonnnnngggg!

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¡Santa cachucha!

Apenas me aguanto las ganas, ¿Quién ganará este 6 de abril?

Hice la carta astral de Luis Guillermo Solís y las energías cósmicas y planetarias me dijeron que él vencerá con un 77 por ciento; obtendrá 1.675,945 votos.

¿Por qué está tan segura?

Ya lo hice en otras elecciones. Vaticiné el resultado de don Pepe, el de su hijo Josemaría y le dije a Rafael Ángel Calderón que perdería contra Óscar Arias y ganaría en 1990. También predije la muerte de Anastasio Somoza, el atentado de La Penca y numerosos sucesos. Ahí están en los periódicos.

Probemos con uno menos jamón. ¿El fin del mundo?

Según los extraterrestres, que me enseñaron telepatía durante 29 años, el planeta Tierra se acabará por ahí del 25 de diciembre del 2025 o 2027.

¿Adivina la lotería?

Los juegos de azar son diabólicos; no me gusta engañar a las personas, les digo la verdad y tengo prohibido jugar lotería.

Pero…¿es creyente?

Soy católica pero no creo en los santos, solo en Jesús y en Dios. Voy a misa todos los domingos y no me importa si el cura es homosexual; Dios no manda esas desgracias a la tierra. Estudio la Biblia Azul que es la verdadera escrita por Moisés.

¿Cómo adquirió sus poderes?

De niña era muy inteligente y todo lo asimilaba. Soy clarividente desde el nacimiento y todo lo veo en una copa de agua. Pequeñita me levantaba a las siete de la noche y me daban las tres de la madrugada despierta sobre una piedra y recitaba, cantaba y cuando alguien moría me llevaban a despedirlo. Ahí pensaba lo lindo que sería estudiar las estrellas la luna y la noche. Con los años los extraterrestres me contaron que ellos me observaban.

¿Bruja o adivina?

Astróloga. Yo estudié en Ecuador en el Ateneo Edmundo López Domínguez; después cinco años en un Instituto Hindú en México, pero todos los títulos me los quitó la policía; solo me quedó uno de cosmetóloga.

¿De dónde sacó el nombre?

Trabajé varios años en la radio y la televisión mexicana y me sugirieron Usachas Gandahara; más tarde un marinero me contó que en India existió una mujer que tiraba el naipe, por eso la quemaron viva. Al tiempo reconocieron el error y le construyeron un monumento.

¿Cómo fue su vida antes de ser Madame Gandahara?

Mi padre me enseñó a sembrar chile dulce, ayotes, culantro, papas, cortar caña y de todo lo que se come en una finca. Con un cuchillito de palo, una zapita, ayudaba a los peones cafetaleros. Era muy estricto y me arrodillaba sobre granos de maíz para castigarme. En la guerra civil del 48 creímos que había muerto pero una noche llegó y después nos fuimos a vivir con él a Frailes. Papá murió a los 103 años.

¿A qué edad comenzó a trabajar?

Imagínese que apenas tenía doce años y mi papá fue al Registro Civil, me agregaron cinco y me consiguieron un trabajo de telegrafista, oficio que aprendí con un plato y una cuchara. Me pusieron tacón alto y ropa de mujer, pero yo hacía muñequitos de barro, jarritos y pichelitos para jugar como los otros niños. Un día me sorprendió el supervisor y me enviaron a Corralillo de Cartago, donde mi vida se acabó.

¿Por qué llora…qué… ocurrió?

Conocí a un hombre… un negro… yo nunca había visto algo así… me dijo que fuera a San José porque él hacía excursiones en un bus y me daría trabajo... Me secuestró y me encerró dos años. Tuve dos hijas. Me golpeaba hasta dejarme bañada en sangre. Solo comíamos guineos y mi padre lo buscaba para matarlo.

¿Alguien le ayudó a escapar?

Cuando las niñas estuvieron más grandecitas me dejaba salir a la puerta; vendía tomates en un mercadito para mantenerlas y compre una máquina vieja con la que hacía remiendos. Las crié con mucho esfuerzo pero ellas adoran a su papá y nunca pude contarles nada.

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¿Tuvo novio o marido?

Después de que pasó lo de la violación nunca jamás... dije hasta aquí. Tuve un novio, por un tiempo, pero le mataron al papá en Nicaragua y se fue a Estados Unidos. No me ha interesado casarme, toda mi vida he vivido una inocencia; una vez en El Salvador me salió un pretendiente muy adinerado… pero mejor me fui.

¿De qué manera enderezó su vida?

Mi hermano instaló una pulpería en Barrio Los Ángeles y ahí conocí a unos peruanos y ecuatorianos que tenían un programa turístico en la radio; ellos viajaban de país en país y a cada patrocinador le entregaban unos diplomas muy lindos con unas letrotas azules y doradas. Sabían mucho de periodismo, me enseñaron locución y yo aprendí el negocio en los seis años que estuvimos juntos, viajamos por Centroamérica y México.

¿Por qué se separaron?

Ellos querían regresar a sus países y me pidieron que los acompañara, pero lo hice con la condición de estudiar astrología en Guayaquil. Me fue muy mal porque me robaron el pasaporte, tenía compañeras muy envidiosas y después de muchas penalidades me gradué. Tenía 25 años.

¿Qué aspecto lucía por esos años?

Era un mujerón; delgada, con unas piernas lindas, guapa, usaba vestidos de campana entera y muy labiosa.

¿Cómo arrancó con la astrología?

Recién llegada de México fui a Radio Libertad y les propuse grabar Voces Astrales . Entraba a la emisora a las siete de la mañana y salía a las doce de la noche. Atendía tres teléfonos a la vez; la gente llamaba, yo la veía en una copa con agua y le daba un consejo para resolver su problema. Pasaba a otro y a otro y a otro…

¿Dónde les daba consulta?

La emisora me pagaba 200 colones al mes por el programa, pero instaló una oficina donde daba consulta externa; cada persona sacaba una fichita y la sesión costaba ¢2,50.

Pero…¿cómo es que adivina?

Mi forma de trabajar es así: le advierto a la persona que yo no hago brujería. Me dan la fecha exacta de nacimiento y puedo leer el destino. Uso una esfera que me trajeron de la India y una copa de cristal que lleno de agua y ahí veo el pasado, el presente y el futuro.

¿Quiénes la visitaban?

Atendía unas 600 personas por día interesadas en la salud, el dinero y el amor. Llegaban hasta políticos y gobernantes de renombre, para que les dijera si iban a ganar y creían que mentalmente les podía ayudar e influir en los demás. Hasta decían que yo era la persona más poderosa del país…¡Qué va!

¿Tenía competencia?

Había una señora llamada Soraya de Persia que vivía en Alajuelita. Tenía un programa en Radio América Latina; era mayor que yo, hacía brujería y le quitaba la plata a la gente.

¿Y usted no?

Al contrario, ayudaba a los discapacitados, a la gente sin casa, a los ancianos enfermos; repartía alimentos, medicinas y llevaba ropa y zapatos a los presidiarios. Repartía entre los pobres lo que me ganaba en la emisora. Todo lo que gané, así lo regalé.

¿Cuál era el negocio?

¡No había! La gente me consideraba una diosa, me tocaba para curarse. Llegaba de la radio y había una fila de 50 personas esperándome, y acaso les cobraba.

Aparte de astróloga ¿curaba?

Sí, con la asistencia del Dr. Moreno Cañas. Resulta que vi en mi copa una foto del médico –ya muerto– y este me dio recetas para curar a las personas. Fue un bombazo. Me fui a la Iglesia de La Soledad y compré muchas medallitas que dejé en la mesita de noche y al otro día aparecieron por todo lado.

¿Moreno Cañas la curó a usted?

El me operó del cerebro, me lo cambió. Mi mamá estuvo presente en la operación y cuando desperté no podía hablar y ella me enseñó incluso a caminar. Tras la operación aprendí a poner la mente en blanco, es difícil, nunca estoy pensando en nada.

¿Siguió por ese camino o cambió?

Esas curaciones causaron furor entre la gente y todo el mundo aparecía operado en las casas; yo dije Diosito yo no soy nadie y no quiero parecer espiritista, así que decidí retirarme.

¿A qué se dedicó?

Me asocié con un cliente y me fui a Parrita y ahí comencé a sacar y vender mangle. Alquilé un camión y por un año trabajé en eso y me iba muy bien. Por cada 20 céntimos invertidos, me ganaba 60. Con buena administración y negocios bien escogidos el dinero se multiplicó. Cuando lo dejé les regalé a los pescadores 12 motores fuera de borda.

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¿Qué se hizo estos últimos 30 años?

Estudié con los extraterrestres, de ocho de la noche a las dos de la madrugada. Al principio fueron doce seres de luz y al final quedaron solo tres. Ellos me enseñaron telepatía y viajé a un planeta cuyo nombre es impronunciable y tengo prohibido decirlo.

Comprendo, pero…y ¿cómo es?

Tiene las calles de mármol, las casas son de oro, hay una piedras que brillan en la noche e iluminan todo. Construí una máquina de hacer combustible y viajé en una nave. Ellos usan un rayo y van de un planeta a otro en un soplido.

¿Cómo son esas criaturas?

Usan unos vestidos blancos que brillan como con unos bombillos por dentro; flotan a medio metro del piso y se sientan en el aire en la posición de flor de loto y tienen una coronita en la cabeza. No comen carne, pero sí hojas de jocote, manzanas y bananos.

¿Está retirada?

Sí, pero atiendo cuando me llaman. Duermo tres horas, me levanto a las seis de la mañana, hago unas cuantas labores domésticas y desde hace 10 años escribo un libro sobre la historia del planeta Tierra. Apenas lo acabe iniciaré con mi biografía.

¿Cómo paga sus gastos?

Aunque tengo el poder de curar no cobro por eso. Atiendo consultas ocasionales y me pagan ¢10 mil por sesión. Mi casa es propia y alquilo otra. Un nieto trabaja en un banco y él se encarga de mí.

¿Qué hará el nuevo presidente?

Será el mejor gobierno de todos. Construirá las carreteras que dejaron botadas, ayudará a los estudiantes con becas, a los niños, a los ancianos. Al principio no subirá los impuestos y hará una cárcel nueva.

Y usted: ¿cuándo morirá?

Todavía no me lo dicen pero recibiré la noticia con alegría, paz y amor. Ya tengo listo mi testamento, los detalles de mi incineración; todo será blanco y el sacerdote de la Iglesia de Barrio La Cruz me hará los honores, pero no quiero que me lleven al templo o me velen. Todo será muy sencillo, yo no soy una diosa, solo una persona cualquiera.