La cantante estadounidense , que provoca reacciones apasionadamente opuestas, enfrenta al mundo con un álbum en el cual profundiza en su sentido del tiempo en cámara lenta y en su mezcla de sofisticación retro y franqueza

 30 junio, 2014
Lana del Rey en su casa en Los Ángeles, el 6 de junio. Fotografía: Kurt Iswarienko/The New York Times
Lana del Rey en su casa en Los Ángeles, el 6 de junio. Fotografía: Kurt Iswarienko/The New York Times

The New York Times

NUEVA YORK En octubre, antes de iniciar una gira internacional, la cantautora Lana del Rey consultó a una clarividente. Le instruyó que escribiera cuatro preguntas con anticipación y durmiera sobre ellas. La primera pregunta en la lista, dijo Del Rey en una entrevista en mayo en su casa aquí, era “¿Estoy destinada a este mundo?”

Probablemente no es el tipo de pregunta que la mayoría de los cantantes pop con ventas multimillonarias se harían con sus carreras evidentemente en ascenso. Este año, Del Rey fue llamada para que cantara una espeluznante versión de Once Upon a Dream para la película de Disney Maléfica , y cantó en Versalles en la fiesta previa a la boda de Kanye West y Kim Kardashian.

Pero las dudas, remordimientos, anhelos obsesivos e impulsos autodestructivos a menudo son el meollo de las canciones y videos de Del Rey. Te espero bebé, eso es todo lo que hago/Nunca llegas, bebé, nunca , canta en Pretty When You Cry en su nuevo álbum Ultraviolence (Polydor/Interscope).

Desde su surgimiento en un sello importante con el sencillo Video Games en 2011 y el álbum Born to Die en 2012, Del Rey ha provocado respuestas apasionadamente opuestas. Sus canciones y videoclips tímidamente pisan sobre campos minados culturales, explorando el erotismo, la mortalidad, el poder, la sumisión, el glamour , la fe, la iconografía de la cultura pop y el (los) significado(s) del sueño americano. Ha enfrentado, en reseñas y discusiones en línea, acusaciones cambiantes de falta de autenticidad, poco profesionalismo, antifeminismo y cálculo comercial. Sin embargo, también, en gran medida en YouTube, ha reunido a un público mundial que la adora y se toma sus letras a pecho.

El tiempo. Ultraviolence provoca más disputas. Pero una cosa que el álbum debiera eliminar de inmediato es la idea de que Del Rey solo va en pos de éxitos. El álbum profundiza más en su sentido del tiempo en cámara lenta, su mezcla de sofisticación retro y franqueza al parecer inocente. También pasa con gracia del dolor al humor malicioso, en ocasiones dentro de la misma canción.

La música en Ultraviolence la aparta aún más de lo que ocurre en la corriente dominante del pop actual. Mientras que las listas de reproducción de la radio están llenas de futuristas ritmos dance electrónicos y testimonios de la autoestima corregidos digitalmente, Del Rey, de 28 años, ha tomado el camino contrario, melódico y melancólico. Mucha de su música ha sido exuberante y relajada, invocando a veintenas de películas clásicas y ecos de los años 50 y 60; abre espacios tranquilos. Su voz suena humana y espontánea; ofrece dulzura y pesar aun cuando entona palabras de cuatro letras.

Las pistas en Born to Die recurrieron al hip-hop , con muestras de refunfuños y ritmos pesados, pero ahora, dijo: “No me enloquece algo de esa producción”. La influencia del hip-hop ya estaba disminuyendo en Paradise , el EP que lanzó en 2012. Y Ultraviolence es más lánguido que nunca.

En un retroceso a una era menos computarizada, muchas de las pistas en Ultraviolence fueron creadas en torno a Del Rey y una banda de siete integrantes que grabaron juntos y se respondieron unos a otros. Las canciones a menudo flotan en una niebla psicodélica, que ella describió como narco-swing .

Dan Auerbach, guitarrista de Black Keys, produjo y participó en el álbum, y contó: “Nos veía y se mecía mientras estábamos tocando”. Auerbach se mostró atraído hacia sus canciones porque “se sentían antiguas y nuevas al mismo tiempo”.

Del Rey cita libremente inspiraciones que incluyen a Frank Sinatra, Bob Dylan, Cat Power, Nirvana y Eminem, pero ninguna de ellas surgida en este siglo. “Piense en lo que está ocurriendo ahora”, expresó. “¿De dónde voy a sacar mi inspiración? No puedo pensar en una sola cosa de hoy de la que genuinamente quisiera ser parte”.

Patrón en el disco. En el disco Ultraviolence , la voz de Lana del Rey parece solitaria y a menudo frágil en los versos; luego es rodeada por los instrumentos y múltiples voces de respaldo. The New York Times.
Patrón en el disco. En el disco Ultraviolence , la voz de Lana del Rey parece solitaria y a menudo frágil en los versos; luego es rodeada por los instrumentos y múltiples voces de respaldo. The New York Times.

Camino a la fama. Muchas de las acusaciones que se lanzaron contra el debut con un sello importante de Del Rey fueron imprecisas. No era un rostro bonito sirviendo al concepto de alguien más, o una aficionada. Como Lizzy Grant –nacida Elizabeth Woolridge Grant–, había trabajado para ser cantautora desde su adolescencia, y tocado en pequeños clubes en la Ciudad de Nueva York. Creció en Lake Placid, Nueva York, y llegó a la Ciudad de Nueva York con “un sueño dylanesco de una comunidad de compositores”, pero nunca la encontró.

En 2007, consiguió su primer contrato de grabación cuando era alumna de último año en Fordham, donde estudiaba metafísica. Grabó un EP debut en 2008, y lanzó brevemente un álbum en 2010 – Lizzy Grant aka Lana Del Ray – antes de que fuera retirado mientras se rebautizaba como Lana del Rey.

Los temas en ese álbum estaban explorando la empañada inocencia y peligrosas compulsiones a las que regresaría en Born to Die . La producción cambiaría con sus colaboradores, pero su perspectiva no.

Como hacen muchos compositores, ella trabaja con músicos más entrenados que ofrecen los cimientos para sus melodías y letras. En ocasiones, ofrece progresiones de acordes mientras improvisa; a veces presenta palabras y tonadas inconclusas para que ellos las armonicen. “Es muy clara sobre lo que quiere y no quiere”, aseveró Rick Nowels, quien escribió Young and Beatufiul y West Coast con ella, y quien ha colaborado con Madonna y Dido. “Es la capitana de su propio barco”.

Del Rey describe su composición de manera sencilla.

“Quiero una de dos cosas. Quiero contarlo exactamente de la manera en que ocurrió, o quiero imaginar el futuro como espero que sea. Documento algo o estoy soñando”, explicó.

En Ultraviolence , eso significa canciones como Cruel World , en la cual se aparte de una relación fallida – Compartí mi cuerpo y mi mente contigo/Todo esto terminó ahora – y Sad Girl , una reflexión estilo blues sobre “ser una amante al margen” ; también interpreta The Other Woman, canción grabada por Nina Simone .

Ya preparada para la desaprobación, dijo: “Si realmente quiere analizarme, si eso es quizá algo que le interese, déjeme contarle una historia y puede analizarla”.

Las airadas respuestas a Born to Die dejaron cicatrices. “Carl Jung dijo que inevitablemente lo que otras personas piensan de uno se vuelve una pequeña faceta de tu psique, lo quieras o no”, agregó. Su nuevo álbum incluye una respuesta: Money, Power, Glory , que afirma, con profundo sarcasmo, que eso es lo que busca.

Hay un patrón latente en las canciones en todo Ultraviolence : la voz de Del Rey parece solitaria y a menudo frágil en los versos; luego es rodeada por los instrumentos y múltiples voces de respaldo. “Cada melodía representa totalmente los altibajos, los periodos de normalidad mezclados con este caos incontrolado que se da en las circunstancias de mi vida”, manifestó. “Es tu historia. Si eres quien la escribe, quieres contarla bien”.

Con sus fans. A la noche siguiente, Del Rey estuvo en el Shrine’s Expo Hall ante un público hacinado y de pie. Hubo gritos agudos cuando salió al escenario, y desde el frente hasta el fondo de la sala parecida a un hangar, las voces se elevaban cantando. No fue, como algunos conciertos, una ocasión social; este público se mostraba devoto, compartiendo cada palabra, en ocasiones casi ahogándola. En el escenario, Del Rey simplemente se paró ahí y cantó, meciéndose ocasionalmente; cuando realizó su planeado fragmento de coreografía, un sencillo giro en Body Electric , toda la sala aulló.

“La energía es mucho más alta en el foso que en el escenario”, aseveró después. Descendió dos veces hacia el foso de las fotos, mientras los fanáticos se le acercaban con regalos y abrazos. “He perdido mucho cabello en esta gira”, confesó posteriormente, tras bastidores. “El público ha sido un inesperado pozo de consuelo al que he descendido recientemente. Nunca fue algo a lo que hubiera pensado acudir en busca de fortaleza y afirmación”.

La adoración de sus seguidores no se ha colado a la soledad de sus canciones. “Sí, estoy en un lugar diferente ahora con respecto a hace cuatro años. Pero, en cierta forma, sigo exactamente en el mismo lugar: sigo en la periferia”.