Filme vacilante ¿Acción o fantaciencia ?

Por: William Venegas 9 septiembre, 2014

La filmografía de Luc Besson es amplia y no solamente como director. En ella, hay títulos rescatables como El gran azul (1988), Nikita (1990), El profesional (1994) y El quinto elemento (1997).

Esos y otros de sus filmes se han caracterizado por los arrebatos de violencia que tanto le gustan al director francés, los que ahora repite con su nuevo título, dentro del género fantástico, como es Lucy (2014), con interpretación irregular de la actriz Scarlett Johansson .

La película es ubicable dentro del género fantástico por su concepto dominante; sin embargo, en términos visuales más que de argumento, el filme cae en excesos del cine de acción, con mafias violentas (coreanas en este caso), donde las balaceras están ahí como para rellenar metraje.

Eso es lo peor del filme. Es su talón débil: por eso renquea. Renquea sin ritmo ni compás. Por eso se cae a cada rato. De nada le vale levantarse. Vuelve a caer con su pésimo cálculo de tiempos. Así, hasta que se le quiebra la mollera por el mal manejo de su idea principal.

Scarlett Johansson encarna a una joven que, empujada por un amigo, se ve envuelta en vorágine de drogas y violencia. El filme no tiene escrúpulos visuales. A Lucy, que así se llama la joven, la obligan a transportar una fuerte droga sintética dentro de su organismo.

En una secuencia bastante forzada e innecesaria, vemos que la droga penetra el cuerpo de Lucy y comienza, así, un rápido e intenso proceso mediante el cual la joven empieza a utilizar la capacidad de su cerebro más allá de los límites previstos por la ciencia.

Por esa ruta, Lucy , la película, es Lucy, el personaje. También, por esa ruta, el filme es incoherente a cada momento: la lógica interna del relato parece importarle bien poco al director (Luc Besson es también el guionista y, la verdad, llena su guion de ocurrencias).

Por ejemplo, con su cerebro, Lucy tiene control absoluto de la materia, incluidos el tiempo y el espacio. Hace lo que quiera. ¡Diay!, entonces uno no entiende cómo ciertas situaciones violentas se resuelven de manera convencional: con balaceras interminables o con persecuciones sin sentido.

Eso es un arroz con mango. No solo con el argumento, también con su expresión visual y con su delirante manejo del lenguaje del cine: a narices grandes, más fuerte la gripe. Morgan Freeman encarna a un científico de frases trilladas para “darle hondura” al filme. ¡Guácala! Su actuación es superficial y sus parlamentos ayudan muy poco a proveerle señorío a su personaje.

Si usted piensa que Lucy es mezcla mediocre de otras dos películas de Besson ( El quinto elemento y Nikita ) no anda lejos. Total, ¿de dónde telas si no hay arañas? Si no hay buen guion ni lógica escénica, el resultado es anodino o mediano (es cierto, sí vemos algunas buenas secuencias como ciencia ficción).

Como película, Lucy cansa con su barullo (la música es de Eric Serra). Se trata de un filme flojo que no se cae del todo y, como bien se dice, ¡hasta que no ponga, la gallina es polla!