Retornados (2013), filme español-canadiense, dirigido por el hispano Manuel Carballo, deseoso de revitalizar el arte zombi.

Por: William Venegas 2 noviembre, 2014
Tolerancia. Respeto a la diferencia. Ello desde una película de terror que también es drama, ciencia-ficción que es amor. CORTESÍA DE DISCINE.
Tolerancia. Respeto a la diferencia. Ello desde una película de terror que también es drama, ciencia-ficción que es amor. CORTESÍA DE DISCINE.

En tiempos del ébola y de otras pandemias octubrinas, incluido el ridículo jalogüín , el cine busca ponerse a tono y es cuando llegan, de cuatro en cuatro, las películas de terror.

Los filmes de terror son tan solo un segmento del llamado género fantástico (“fantastique”); los otros son el cine de ciencia-ficción y el cine de lo propiamente maravilloso. Las divisiones entre seguidores y detractores del terror se manifiestan a partir de cuánto hay de monstruoso en una película.

En esas discusiones, quiérase o no, siempre ha de aparecer el nombre de George A. Romero, por habernos quitado la paz, con toda la desfachatez del caso, luego de su película de culto La noche de los muertos vivientes (1968).

De ahí en adelante, jugueteó una explotación temática sobre el zombi (el no muerto y el no vivo), dentro de la cual debemos colocar una película que aplaudimos hoy con gusto: Retornados (2013), filme español-canadiense, dirigido por el hispano Manuel Carballo, deseoso de revitalizar el arte zombi.

Trama. La sinopsis de Retornados es interesante con solo enunciarla: La humanidad convive con gente de apariencia normal, pero que ha sido infectada por un virus contagioso.

Ya de ahí, desde ese asunto, tenemos una implicación conceptual importante: ¿qué es y que no es lo normal en una sociedad como la nuestra, tan diversificada como injusta? Cada persona es retornada: ni zombi ni humana.

Es cuando entra el papel de la ciencia con todos sus dilemas éticos (el filme continúa enriqueciéndose con sus conceptos), porque solo una inyección diaria evita que cada infectado se transforme en zombi total.

Dentro de ese paradigma, la trama recurre al temor, al suspenso y al amor con sabias dosis. ¿Qué sucede? Kate labora en una unidad de investigación tras una vacuna definitiva y su pareja, Álex, es un “retornado”.

Ellos deben huir ante la inoperancia de las autoridades sanitarias y el filme nos atrapa con su tensión y, sobre todo, con la fluidez de un director que sabe narrar lugares comunes sin caer en lugares comunes (¡así como lo leen!).

Si la original banda sonora y la fotografía colaboran con los propósitos del director Carballo, más lo logra el arte del montaje. Dicho lenguaje nos lleva a cuestionarnos por nuestra pésima costumbre de desconfiar de quien no se parezca o sea igual a mí (ergo, desconfiar del otro).

Las actuaciones se lucen en este sentido: ¿cuándo diantres la sociedad será tolerante? Es la mejor interrogante del rostro de los actores principales. Es cuando el filme pasa del terror al drama sentidamente humano y cuando un cine de zombis lo es sin ellos. Película recomendada.