El arte de vivir los últimos años con el descaro y la sutileza que les atañe, ahí, con buen cine

Por: William Venegas 3 agosto, 2016
A la vejez, viruelas. Las miradas de asombro de Michael Caine y de Harvey Keitel dan el tono de una película. CINE MAGALY PARA LN
A la vejez, viruelas. Las miradas de asombro de Michael Caine y de Harvey Keitel dan el tono de una película. CINE MAGALY PARA LN

Rubén Darío escribió, no sin amable pesar: “Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver!” y, como historia inspirada por ese gran poeta del modernismo, el director napolitano Paolo Sorrentino acude a determinado tratamiento visual para darnos un relato fascinador en cine: Juventud (2015).

Esta película también es comercializada por su título original (italiano) o por el asumido en inglés, a saber: La giovinezza (por un lado) y Youth (por el otro). Uno podría pensar que Torrentino busca la perfección estética con este filme suyo: logrado anhelo por la belleza visual, a tal punto su cuido.

Es como si Torrentino fuese aquel personaje bien logrado, en cine, por el también italiano Luchino Visconti con su filme Muerte en Venecia (1971), según el cuento escrito por el germano Thoman Mann.

Uno siente el celo formal o la obsesión de Torrentino encuadre a encuadre, plano a plano, en la estructuración de secuencias y en la concentrada atención a la “unicidad mutua” de la imagen con el diálogo. De dicha manera, igual se deslizan las imágenes por el pentagrama de David Lang, responsable de la música.

Con gratitud y sin afán peyorativo, se podría acusar a Paolo Sorrentino de esteticista, tal el concepto que del arte se maneja en su filme. También los diálogos refuerzan ese rostro del viejo movimiento inglés (esteticismo), aquí renovado por la fuerza creativa del cine.

¿Será por eso que alguna crítica considera que Juventud es una película ensimismada, aún con la presencia de elementos surrealistas en ella? Si es así, la actitud es más bien fatua de quien hace la crítica y de injusta ante el director: este opta por una forma de expresión que desarrolla con responsabilidad artística.

El filme no siempre sostiene el mismo vértigo o tren de intensidad, pero no se le puede negar que, en su búsqueda de la belleza, también hay una aguda inteligencia conceptual sobre el arte de vivir los últimos años de la vida, sea cual sea la respuesta individual al fenómeno de la vejez.

El tránsito para ello, según el filme, pasa por el necesario descaro con que podemos ver la vida a la vejez, de ahí su impagable buen humor, cargado de ironías. Asimismo, se siente la presencia de la nostalgia, sobre todo por el sexo cuando ya no se puede tener el que se desea.

La película ofrece una inteligente percepción sobre la utilidad de dos puntos de vista igualmente aceptables: el suicidio o el seguir adelante, sin reproches ni censuras para ninguna de esas dos iniciativas.

Las excelentes actuaciones de Michael Caine y de Harvey Keitel son parte infatigable del carácter seductor de esta película. Agreguen la noble presencia de Rachel Weisz y la buena actuación de la infatigable Jane Fonda (¡vaya!); eso más la porfiada belleza física de la modelo Madalina Ghenea (la que le permite a otros acusar de machista a esta película).

Sin duda que Sorrentino ha de estar muy agradecido con su director de fotografía (Luca Bigazzi) y al montaje (entre lo pausado y lo dinámico). Consciente de que muchos críticos objetan la calidad de este filme, por mi parte lo recomiendo con entusiasmo.

Ficha Técnica

Italia, 2015

Género: Drama/Comedia.

Dirección: Paolo Sorrentino.

Elenco: Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Jane Fonda, Madalina Ghenea.

Duración: 120 Minutos

Calificación: Cinco estrellas de cinco posibles