Una saga conocida vuelve a ganar adherentes en el cine

Por: William Venegas 21 junio, 2015

Al crítico más optimista le resultará difícil creer que una película por debajo de los mínimos estándares de calidad haya sido éxito de taquilla en Japón, por encima de otras de gran fuerza industrial. Se trata de la cinta animada con el largo título de Dragon Ball Z: La resurrección de Freezer (2015).

De más está decir que este filme es solo un chicle con numerosos seguidores, auténticos y sinceros “fans”, prácticamente desde que Akira Toriyama creó ese mundo entre bélico y humoroso en la tradición narrativa del “manga” japonés.

Con el “animé”, la resurrección necesaria de Freezer viene luego del filme titulado La batalla de los dioses (2013), dirigido este por Masahiro Hosoda. En esa película, el dios de la destrucción, por dormilón, se da cuenta tarde que Freezer fue vencido por Gokú y que hay paz gracias a esos caballeros llamados “saiyayines”.

Más de lo mismo. Los personajes de un conocido animé están en los cines del país para felicidad de sus seguidores, no compartida por los críticos. DISCINE PARA LN
Más de lo mismo. Los personajes de un conocido animé están en los cines del país para felicidad de sus seguidores, no compartida por los críticos. DISCINE PARA LN

Ahí vimos como el mentado dios es un goloso de primera, capaz de claudicar en lo que sea por un buen dulce. Ahora, con La resurrección de Freezer , sucede lo mismo: este dios solo se afana ante un buen postre de fresa, al igual que su socio con pinta de artista, el conocido Wiss.

Entre tanto, mientras Gokú y Vegueta entrenan con Wiss por allá largo –en términos cósmicos–, las fuerzas del mal no duermen: estas logran resucitar y recomponer en sus partes a Freezer, quien “vive muerto” en un capullo en una región bucólica, digna de poemas pastoriles, como si fuese la Sexta Sinfoní a de Beethoven en la película de Disney: Fantasía (1940).

Uno no entiende por qué si Freezer resucita con renovados poderes, trae esa enorme e inútil soldadesca con él. Digamos que es para justificar un rato de película y mostrar una batalla entre buenos y malos, especie de abrelatas, batalla telonera de la principal, o sea, de la que tiene que darse entre Gokú y Freezer (porque sí).

Esa pelea, igual a sí misma siempre, se traga o consume prácticamente toda la película.

Es como estarse viendo el ombligo por más de hora y media. Hay algunos momentos cómicos con los que uno descansa, mientras los “fans” de esta serie están en sus butacas más complacidos que el dios de la destrucción con sus postres de fresas.

Desde las primeras imágenes, el público aplaude con lealtad lo que aún no ha visto. Incluso, ¡oí suspiros femeninos al aparecer el héroe del caso!: el sayayín Gokú. Lo digo con claridad: la sala estaba llena y creo que, ahí, el único que no disfrutaba la película era yo: el martirio del pastor, esto es, del crítico.

Es la diferencia entre “gustar” de una película a definirla como “buena o mala”. Sin embargo, coincidamos, Dragon Ball Z: La resurrección de Freezer no es cine para paladares exigentes (la frase no es mía); es cine para complacer a los fieles seguidores acríticos de la saga y, tal vez, ganarle nuevos adeptos.

La historia de esta película es más plana que la foto de una esfinge; igual su narración y su colorida puesta en escena, chillona y bulliciosa. Personajes mal diseñados, como planicie guanacasteca, sin matices. Animación rígida sin concepto del decorado. Típico “shonen” acartonado.

El relato va a pito y caja (ocurrencias), con serios errores de continuidad y sin alguna perspectiva visual dentro de líneas primarias del dibujo (parecen bocetos sombreados).

Filme pésimo que, por catalogarlo como tal, me generará la antipatía de sus seguidores. Ni modo.

DRAGON BALL Z: LA RESURRECCIÓN DE FREEZER

Título original: DRAGON BALL Z: FUKKATSU NO F

Japón, 2015

GÉNERO: Animado

DIRECCIÓN: Tadayoshi Yamamuro

ELENCO: Animado

DURACIÓN: 93 minutos

CINES: Nova, CCM, Cinépolis

CALIFICACIÓN: Una estrella, de tres posibles