Pésimo filme. Groserías a la venta

 22 junio, 2014
En guerra. Los actores Seth Rogen y Zac Efron tendrán un duelo hasta que el último aguante, en la película Buenos vecinos . Romaly/La Nación.
En guerra. Los actores Seth Rogen y Zac Efron tendrán un duelo hasta que el último aguante, en la película Buenos vecinos . Romaly/La Nación.

A la salida de la película Buenos vecinos (2014), dirigida por Nicholas Stoller, una joven espectadora dijo con definida síntesis: “¡Qué estupidez de película!”; exacta valoración. Hasta donde sé, la ventaja de la joven es que ella no tiene que escribir crítica alguna.

Cuando se ven comedias como esa, uno se convence de que, con tal género, la industria de Hollywood está lejos de sus buenos tiempos, no solo de su época de oro (con Charles Chaplin a la cabeza), sino de cosechas más cercanas (con Billy Wilder como director emblemático).

Ante la ausencia de humor inteligente, dicha industria realiza esfuerzos desesperados para imponer a los espectadores la noción de que la estulticia es divertida. Sí, es de análisis psicológico o sociológico el que filmes como Buenos vecinos sean éxitos de taquilla en Estados Unidos.

Una comedia como esa no es dirigida por fulano de tal, sino que es más bien perpetrada por alguien. Recordemos que perpetrar significa cometer o consumar un delito o culpa grave. Lo peor: ¡en las boleterías cobran por eso!

La trama (del todo destramada) va de esta manera: Mac Radner (pésima actuación de Seth Rogen) y su esposa Kelly (peor actuación de Rose Byrne) han hecho realidad su “sueño americano”: concretar una familia, tener casa propia, auto y demás objetos suntuosos. Es un estilo de vida.

De pronto, unos gamberros organizados en fraternidad de universitarios juerguistas les llegan como vecinos. El choque de intereses es inmediato y se manifiesta con todos los rasgos prosaicos de las más recientes comedias para adolescentes, hechas con criterio igualmente adolescente.

Para complacer a determinado público, el actor Zac Efron aparece como Teddy, líder de los vecinos libertinos, actuación tan mala que merece ser destrozada por el más certero pelotón de fusilamiento. Con Efron, como se dice, no hay duda que por la plata baila el perro.

Conforme corre, el argumento se fragmenta cada vez más: es totalmente episódico y, por ese camino, es del todo incoherente, amén de ridículo. Entre más muestra, más se resbala en su propia escasez mental. Como las gallinas, que entre más escarban más tierra se echan encima.

Con Buenos vecinos , bien podríamos decir que se trata de elevar el cine-basura como representación de la comedia: es algo espurio. Así, las secuencias se ligan tan solo por los personajes, y no por la historia, como debería ser.

Hay poco que destacar porque nada es destacable. Aquí, el lenguaje fílmico es pretexto para una espiral de sandeces mal estructurada y con humor del peor gusto. La película es incapaz de narrarse a sí misma. Es filme emocionalmente hueco, estéticamente plano y conceptualmente tramposo.

El crítico argentino Hugo Zapata dice: “ Buenos vecinos más que el filme es un parte médico que describe el estado de agonía en que se encuentra el género comedia en el cine estadounidense”; de acuerdo. Aquí no hay música, fotografía ni montaje que salven la tanda.

Con vulgaridades obvias, Buenos vecinos no pasa de ser comedia reciclada con jóvenes universitarios drogados, pedorreros, coprófagos y tontos frente a burguesitos igualmente burdos. ¿Para qué gastar el tiempo con este tipo de cine?.