23 septiembre, 2014
Dos hombres buscan señal 3G en el balcón de un edificio en Teherán. Irán está relajando el control sobre el uso de Internet.
Dos hombres buscan señal 3G en el balcón de un edificio en Teherán. Irán está relajando el control sobre el uso de Internet.

Teherán

Hace algunos días, Mahdi Taghizadé hizo algo que nunca pensó hacer, cuando menos no en Irán. Tomó una fotografía de la pantalla y compartió la imagen con sus seguidores en Twitter. “Todos estaban emocionados”, dijo Taghizadé, empresario de Internet. “Por fin”.

El pequeño triunfo de Taghizadé sobre la acera de una calle en Teherán estuvo entre los primeros resultados tangibles de una inusual victoria para el presidente de Irán, Hassan Rouhani, sobre los integrantes de la línea dura que efectivamente gobiernan este país.

Hace una par de semanas, el gobierno otorgó inesperadamente licencias 3G y 4G a los dos principales operadores de telefonía móvil de la república islámica, los cuales se están apresurando para producir conexiones de alta velocidad para sus decenas de millones de suscriptores.

Si bien iraníes dispuestos a violar las leyes han usado largamente software ilegal para ganar acceso a sitios prohibidos de Internet como YouTube y Twitter, hasta ahora, los principales operadores de telefonía celular de Irán habían recibido órdenes de reducir las velocidades de Internet a un paso inferior al de un caracol, haciendo efectivamente que fuera imposible usar los sitios, efectuar videollamadas o enviar imágenes.

Estira y encoge

Rouhani se ha pronunciado desde hace tiempo atrás por un relajamiento del férreo control de Irán sobre Internet, pero solo ha tenido éxito limitado en vista de la severa oposición de una coalición conservadora de clérigos, comandantes militares y legisladores, quienes han argumentado que cualquier relajamiento de los rigores diseminará la inmoralidad e ideas indeseadas.

Existe también una dimensión política en la resistencia de los conservadores. Desde que protestas en contra del gobierno sacudieron las calles de Teherán en 2009, las autoridades iraníes han dirigido incansables esfuerzos a garantizar que los activistas no puedan usar Internet para organizar protestas o distribuir imágenes y videos de manifestaciones.

Pero, en un discurso ante clérigos hace unos días, Rouhani advirtió que los días de métodos audaces de control estaban terminando rápidamente y los exhortó a que fueran más tolerantes hacia tecnologías nuevas.

“No podemos cerrar las puertas del mundo a nuestra generación joven”, dijo, con base en la Agencia de Noticias de la República Islámica. “Una vez, hubo una época en que alguien solía ocultar su radio en casa, si la tenía, a fin de usarla solo para escuchar las noticias. Ya pasamos esa era”.

En los últimos meses, el gobierno ha permitido que proveedores de servicios incrementen el ancho de banda para conexiones caseras, ofreciendo tráfico de datos de hasta 10 megabits por segundo; lo cual aún es bajo si se compara con Occidente, donde los usuarios suelen elegir planes que ofrecen de 20 a 30 megabits por segundo.

Un técnico de teléfonos configura un dispositivo en Teherán. Irán tramita concesiones de redes 3g y 4G.
Un técnico de teléfonos configura un dispositivo en Teherán. Irán tramita concesiones de redes 3g y 4G.

Sin embargo, si bien el acceso de Irán a Internet sigue siendo lento comparado con el de muchos países, ahora permite a los usuarios ver y enviar videos, lo cual era posible antes solo para aquellos con paciencia y determinación casi infinitos.

El mensaje del presidente es de confianza, dicen sus partidarios. Los iraníes tienen la sensatez de tomar sus propias decisiones, dice Farshad Ghorbanpour, analista político cercano al gobierno de Rouhani. “Nuestra gente educada usa Internet de una manera saludable”, dijo, “y tiene el derecho a Internet rápido como toda la demás gente en el mundo”.

A lo largo de su primer año en el cargo, Rouhani ha combatido a la línea dura en múltiples frentes, normalmente dando marcha atrás. Sus adversarios, quienes controlan la mayoría de las palancas del poder de Irán, como el poder judicial y varios consejos de importancia, quieren que el presidente corrija la economía y alcance un trato nuclear con Occidente bajo las condiciones de Irán, pero han bloqueado todo cambio social.

Desde los primeros días de su fe, clérigos chiitas se han dedicado a prevenir que creyentes incurran en vicios y la promoción de la virtud. Con el paso de los años, han prohibido la videocasetera, declarado que la TV satelital es ilegal y bloqueado millones de sitios web - incluyendo Facebook y Twitter -, en un esfuerzo no muy exitoso por proteger a su rebaño de tecnologías de comunicación modernas.

Sin embargo, la era de la información los ha dejado divididos. Aunque la mayoría de los clérigos coincide en que Internet es bueno para la ciencia, dicen también que debe haber vigilancia y control para casi todo lo demás.

La obsesión con el control incluso se extendía a términos de búsqueda. Hasta hace poco, cualquiera que escribiera “mujeres” en Google sería dirigido a un sitio que decía: “Con base en regulaciones de delincuencia informática, se niega el acceso a este sitio web”.

Oposición a los cambios

No causa extrañeza que, en esa atmósfera, los presentes cambios hayan enfrentado la dura oposición en algunos lugares. El Parlamento iraní, siempre impaciente por echar abajo los planes del gobierno de Rouhani, convocó al ministro de comunicación la semana pasada y le exigió que “redujera la velocidad del Internet”.

Un prominente ayatolá, Naser Makarem Shirazi, hizo un llamado al gobierno para revocar las licencias de Internet móvil, antes de que jóvenes mentes puedan ser envenenadas por “fotografías y videoclips sucios”, leía un comentario en su sitio web.

En cierta medida, la decisión gubernamental de permitir sistemas de Internet de alta velocidad es un reconocimiento de la realidad. Antes de ahora, millones de iraníes expertos en tecnología vivían una forzosa vida de crimen, comprando software ilegal que les permitía visitar sitios bloqueados. Sin embargo, incluso aquellos que superaron los filtros del estado quedaron frustrados ante las velocidades agonizantemente lentas del Internet.

En su discurso de hace unas semanas, Rouhani no abordó el tema del filtrado y bloqueo de sitios web, lo cual seguirá operando, dijeron analistas. En una conferencia de prensa previa, dijo que seguía comprometido con una intranet a lo largo del país, como las que tienen algunas empresas, que solo permitiera sitios web selectos.

Irán es de una inconsistencia notoria en sus políticas sociales, y no hay garantía alguna de que las nuevas velocidades de Internet hayan llegado para quedarse. Sin embargo, hubo una señal alentadora: Shirazi emitió una declaración este domingo diciendo que había sido distorsionada su exigencia de revocar las licencias.“No estamos en contra de la tecnología”, dijo el ayatolá. “Sin embargo, sentimos que la nueva tecnología debe ser purificada antes de que sea entregada al pueblo”.

Si bien se sienten gratificaos por los cambios, muchos iraníes siguen frustrados con los límites restantes del gobierno sobre el uso de Internet. “Simplemente tenemos que encontrar formas de aceptar todas las restricciones”, dijo Movarid, mujer de 28 años que se negó a dar el apellido de su familia, para así hablar libremente. “Una vez, ellos declararon que la videocasetera era ilegal, y mire cuán ridículo suena eso ahora. Eso demuestra cómo nos sentiremos con respecto a este periodo en el futuro”.