Por: Katherine Chaves R. 7 febrero, 2016

En diez fotos de Desireé Segura Vega, había algo en común: en todas, ella sonreía, y no era cuestión de pose, sino de personalidad, sostienen sus familiares.

Tanto es así que los parientes de la muchacha, de 28 años, quien murió en el naufragio en Nicaragua, aseguraron que “si la felicidad tuviera nombre, debería llamarse Desireé”.

“Ella era muy alegre. Siempre estaba con un sonrisota divina; contagiaba a todos de positivismo. Era hermosa”, recordó su mamá, Lilliana Vega.

Segura cree que su hija era feliz simplemente “porque tenía la vida que quería y que tanto había soñado”.

¿Cómo era esa vida? La madre puntualizó: Primero, Desireé había estudiado la carrera que tanto la apasionaba: Turismo. Segundo, estaba rodeada de amigos y parientes que la impulsaban a aventurarse siempre. Tercero, trabajaba en su lugar favorito: la playa.

La muchacha laboraba desde hace tres años en una empresa privada que vendía portones y puertas eléctricas.

En sus primeros meses, trabajó en San José, pero luego su jefe le pidió irse a Santa Cruz, en Guanacaste; y ella aceptó. “Ahí era feliz. Pese a que no trabajaba en lo que había estudiado, esto le daba la oportunidad de conocer muchas zonas y tanto a personas costarricenses como extranjeras”, contó su hermana Adriana Segura, quien es sobreviviente del naufragio.

Además, en ese lugar, la muchacha tenía la oportunidad de admirar los atardeceres en la playa, lo cual era quizá su pasatiempo favorito.

“Eso era lo que la hacía más feliz. Religiosamente, todos los días, nos mandaba fotos del atardecer por WhatsApp”, recordó su hermana.

Adriana Segura (arriba) y su mamá posan junto a un retrato de Desirée. | RAFAEL MURILLO
Adriana Segura (arriba) y su mamá posan junto a un retrato de Desirée. | RAFAEL MURILLO

Ganas de conocer. Desireé era, además de alegre, muy independiente y aventurera.

Según sus familiares, la muchacha realizaba cualquier deporte en la provincia guanacasteca. “Si alguien le proponía hacer canopy , ella se apuntaba. Ella era de lo más aventurera, era increíble. De hecho, lo único a lo que le tenía miedillo era a hacer bungee , pero, de ahí en fuera, nadie la detenía”, recordó Adriana.

Esa misma adrenalina la movió a querer conocer otros países. Desireé había viajado a San Andrés, en Colombia; a Cancún, en México, y a Nicaragua.

A esa última nación, la joven quiso viajar en ocasiones anteriores, pero siempre se presentaba algún obstáculo que la hacía posponer el paseo.

De hecho, según la hermana, la visita a Corn Island, en Nicaragua, estaba planeada para diciembre pasado; sin embargo, el papá de ambas tuvo un quebranto de salud.

“Le dio un derrame y tuvimos que mover el viaje para enero sin saber que nos esperaría una tragedia”, lamentó Adriana.

Cuando llegaron a ese sitio, relató, la muchacha se sentía más feliz que nunca. “Le gustó la zona, tanto así que habíamos decidido volver. Desireé me decía que se sentía libre. Y fue libre”.

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