Consternación embarga a convento Hermanas de la Caridad de Santa Ana

Por: Carlos Láscarez S. 11 octubre, 2014
En el año 2004, la religiosa Lourdes Madrigal Chinchilla bailó con un adulto mayor en el Asilo Carlos María Ulloa, en Guadalupe. | ARCHIVO RAFAEL PACHECO
En el año 2004, la religiosa Lourdes Madrigal Chinchilla bailó con un adulto mayor en el Asilo Carlos María Ulloa, en Guadalupe. | ARCHIVO RAFAEL PACHECO

Tibás. Una monja de 79 años, quien pretendía visitar a una amiga para brindarle consejería, murió ayer luego de ser atropellada por un vehículo Range Rover 2012, cuyo conductor se negó a la prueba de la alcoholemia, confirmó el Tránsito.

El accidente ocurrió a las 5:15 p. m., 300 metros al este del supermercado Pricesmart, en Llorente de Tibás, en el momento en que la mujer cruzaba la vía.

La religiosa fallecida fue identificada por sus propias compañeras como Lourdes Madrigal Chinchilla, quien era oriunda de Escazú y tenía más de 40 años de integrar la congregación Hermanas de la Caridad de Santa Ana.

Juan Carlos Vásquez, oficial de tránsito, aseguró que la monja fue golpeada por el espejo retrovisor izquierdo del auto. Al caer, sufrió un grave golpe en la cabeza, que le ocasionó la muerte en la vía.

“El carro involucrado era conducido por un hombre de apellido Abarca, quien no accedió a la prueba de alcohol en el lugar. La licencia B- 1 y los documentos del carro están al día”, aseguró Vásquez.

Amiga no estaba. La hermana Lourdes fue atropellada cuando caminaba hacia el bazar El Gran Regalo, propiedad de su amiga Cecilia Arce Martínez, quien no se encontraba, ya que había salido a efectuar un trámite con un abogado debido a la pérdida de un pagaré.

“Ella (Lourdes) siempre venía a visitarme. Me decía que quería ser santa. Desde el año pasado, que nos conocimos, nos hicimos grandes amigas. La primera vez me abrazó muy fuerte. Vino porque se le había quebrado una aguja de máquina y pensó que se había jalado una torta”, recordó Arce con lágrimas.

Agregó que las últimas palabras que la monja le dijo fue que ‘Dios estaba conmigo’. Madrigal disfrutaba mucho del yogur con frutas que ambas solían compartir en las tardes de tertulia.

“Me dejó un rosario que ella misma había hecho y unas oraciones que conservaré por siempre. Ella dio su vida a cambio de mis problemas”, manifestó Arce en su local.

Disfrutó de fiesta. Clara Astúa Mora, monja encargada de la congregación Hermanas de la Caridad, manifestó que horas antes habían visitado el Colegio Nuestra Señora del Pilar en Escazú, como parte de las celebraciones en honor de la Virgen del Pilar, la que se conmemora cada 12 de octubre.

“De nuestra comunidad solo fue ella al colegio El Pilar a compartir con los alumnos. Disfrutó mucho, ya que era su parroquia, hasta visitó la pila bautismal donde recibió el sacramento. Ella salía y caminaba muy bien. Desde muy joven tuvo la vocación. Para ella no había restricción de salida. Somos más de 50 monjas”, manifestó Astúa.

La congregación espera sepultar el domingo a Madrigal, quien siempre destacó por su alegría y gusto por las manualidades.