Sucesos

El hacinamiento en las cárceles, que este año alcanzó los niveles más altos en la historia penitenciaria del país, generó que recientemente

Reos deben estar en condición digna, pero sin alcahueterías

Actualizado el 18 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

El hacinamiento en las cárceles, que este año alcanzó los niveles más altos en la historia penitenciaria del país, generó que recientemente un grupo de alto nivel analizara la necesidad de desahogar a corto plazo las prisiones. Las propuestas son diversas, pero ante la dificultad de construir más cárceles por el alto costo, se habla de ampliar los beneficios a los reos. No obstante, Adaptación Social espera tener una solución antes de que finalice el 2013.

Eugenio Polanco Viceministro de Asuntos Penitenciarios

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Reos deben estar en condición digna, pero sin alcahueterías

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Las 14 cárceles ticas tenían el miércoles pasado 13.093 presos, pero solo cuentan con capacidad para 9.803 personas, o sea, hay una sobrepoblación de 3.290 de reos (un 33,6%).

Esta situación fue criticada por la Sala Constitucional, que pidió bajar a un 20%, para garantizar los derechos humanos de los reclusos, y en reiterados votos exige una pronta solución al problema.

El 7 de noviembre, en la sentencia 2012-15740, concedió al Ministro de Justicia y al director de la Unidad de Admisión de San Sebastián un mes para informar cómo van a eliminar el hacinamiento en ese centro.

Eugenio Polanco, designado en junio pasado viceministro de Justicia para Asuntos Penitenciarios, en una entrevista con La Nación explicó los planes concretos para ampliar la capacidad de las prisiones.

Aunque hace 10 días, durante una reunión de un grupo de alto nivel, se expuso la posibilidad de ampliar los beneficios carcelarios como una medida para disminuir la cantidad de presos en cárceles, Polanco no se mostró muy de acuerdo con esa idea.

El siguiente es un extracto de la conversación con Polanco.

¿A qué se debe la saturación de las cárceles?

Desde el año 2000, cuando se puso en el tapete el problema de la seguridad ciudadana, se subió la pena máxima a 50 años, se regularon los beneficios, como el descuento de dos por uno en la primera parte, donde en la primera parte el reo no tiene ese descuento, entonces la sentencias se alargaron. Paralelamente, la Policía se hizo más eficiente y subió la cantidad de detenidos y de personas llevadas a los tribunales. Se eleva la cantidad de indiciados, lo cual produce una mayor demanda de hospedaje en el sistema penal, que es más lento en satisfacer esa demanda. El sistema penitenciario se quedó atrás porque desarrollar la infraestructura es muy caro, carísimo.

¿Influyó también la creación de los Tribunales de Flagrancia?

Flagrancia tiene la ventaja que usted tiene la persona presa, pero como sentenciada y no indiciada. Eso para un ser humano es muy diferente. La condición de indiciado es mucho más angustiosa, porque no sabe qué va a venir ni cuál es la sentencia que va a recibir.

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¿Qué papel desempeña la cárcel en la seguridad ciudadana?

Adaptación Social sabe que debemos encarcelar en algunos momentos, porque la seguridad de las personas así lo indica. Mire, si hay pocos lugares donde hay gente inocente en las cárceles es en Costa Rica. Es decir, ahí no hay angelitos. Los que están ahí son gente sentenciada por hacerle daño al prójimo. La cárcel juega el papel de prevención especial. Usted, mientras esté guardado, hace que haya una mayor seguridad en el exterior, no así en e l interior. Se produce un problema de seguridad en lo interno. La cárcel es peligrosa.

¿Que proponen para bajar esa peligrosidad interna con una sobrepoblación de 3.290 reos?

Para el 2013, vamos a tener, a través del Patronato de Construcciones, ocho módulos de mediana contención y otro de baja contención, con una inversión de ¢3.700 millones. Además, con una inversión de ¢500 millones se construirá un módulo adicional para los adultos jóvenes, para pasar los adultos jóvenes que están en el Centro Zurquí (en Santo Domingo de Heredia) a La Reforma. Son 100 espacios. Eso nos permite volver a naturalizar el centro de menores, que perdió su dinámica porque los adultos jóvenes son presos muy pesados.

¿Tienen algún otro proyecto?

Claro, tenemos ¢1.200 millones adicionales para mantenimiento de instalaciones y estamos solicitando un presupuesto adicional de ¢6.000 millones para construir naves livianas de baja contención, que nos podrían dar 3.000 espacios. Esta es una construcción rápida, es más barata y servirá para albergar a gente tranquila. Se que es mucha plata, pero es una necesidad nacional para acabar con esta verguenza que es la sobrepoblación.

¿Qué pasó con el préstamo de $132 millones del BID?

Ese es a más largo plazo y todo el año entrante se lo llevarán los trámites y se ejecutará en el 2014. Eso dará 3.860 espacios.

¿Cumplirán con lo que dicen los fallos de la Sala IV?

La Sala ha fijado plazos respecto a centros específicos. Nosotros le hemos dicho cuáles son los proyectos y esperamos en el 2013 enseñarles dónde se construyó. Nosotros vamos a tener un sistema penal descongestionado, pero dando seguridad ciudadana, porque la capacidad de encierro va a aumentar, pero ese encierro tiene que ser un encierro digno para que la persona no se deteriore. La mayoría de sentencias son inferiores a 10 años y, si no tratamos bien a esos muchachos, sin alcahueterías, y les damos trabajo, educación, van a salir mejor. Si usted no les da nada, corre el riesgo de que van a salir peor.

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¿A qué se refiere con alcahuetería a más beneficios?

Lo que digo es que en Adaptación Social no hay alcahueterías. Toda persona tiene que responder por sus delitos. Es más, aquel que no acepta su delito y que insiste en que los demás son los responsables, de la cárcel no sale hasta que cumpla el último día de la sentencia. Ni lo recomendamos a los jueces para que le den la libertad condicional. Nosotros, antes de que se crearan los jueces ejecutores de la pena, fuimos los que velamos porque los presos estuvieran en condición digna, pero alcahuetas jamás. No ve que yo fui víctima de un delito. A mi casa se metieron cinco hombres. Casi me matan a mí a mis hijas.

¿Que piensa cuando se habla de imponer cárcel, por ejemplo, por casos de maltrato animal?

La cárcel es para criminales. Meter ahí a homicidas, narcotraficantes, ladrones, políticos corruptos, pero si alguien le mete una patada a un perro o lo mata deberían ponerle una multa porque, si no, no vamos a tener campo para los que nos maltratan a nosotros. Aquí hemos querido encarcelar a todo el mundo, y eso no tiene sentido.

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Carlos Arguedas C.

carguedasc@nacion.com

Periodista de Sucesos

Periodista en la sección de Sucesos. Trabaja en La Nación desde el 2000 siempre en la cobertura de asuntos de Sucesos y Jurídicos.

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