1 febrero, 2015

Cuando una persona dice que no tiene cosquillas, lo más probable es que esté mintiendo. Pero si alguien asegurara que puede hacerse cosquillas a sí mismo sin ser esquizofrénico, de seguro estaría faltando a la verdad. ¡Es imposible!

El cerebelo recopila información con cada movimiento corporal y por eso no logramos sorprendernos con las propias cosquillas. | FOTO: ARCHIVO
El cerebelo recopila información con cada movimiento corporal y por eso no logramos sorprendernos con las propias cosquillas. | FOTO: ARCHIVO

Saber si el ser humano es capaz de percibir sus propias cosquillas es algo que ha acaparado la atención de la ciencia durante años. Basta con pedirle a alguien que le acaricie la planta del pie con una pluma y luego hacerlo uno mismo para determinar que la sensación no es la misma y que solo las acciones ajenas provocan el cosquilleo.

¿Por qué sucede esto? El investigador George van Doorn, de la Universidad Monash, en Australia, asegura que tiene que ver con la autoconciencia. El cerebro es capaz de reconocer cuando, por ejemplo, al caminar las personas rozan una pierna con su propia mano. Si esto no fuera así, viviríamos en un estado de alerta permanente, al relacionar esos roces con la idea que alguien nos está tocando o atacando.

“Ser capaces de diferenciar entre nuestros movimientos y las acciones de otra gente es una parte básica de nuestra conciencia sobre nosotros mismos y de nuestros actos, aspectos de la psiquis que ni los más sofisticados robots pueden replicar”, apunta BBC Mundo .

Jennifer Windt, de la Universidad alemana Johannes Gutenberg, está de acuerdo con esta tesis: “Las cosquillas son un buen ejemplo por el contraste tan obvio entre los mismos actos si los realiza otro o nosotros mismos".

Ella reunió a un grupo de soñadores lúcidos (personas que están conscientes de que están soñando y pueden controlar sus acciones) y les pidió que intentaran hacerse cosquillas en el sueño, pero no tuvieron éxito.

Por su parte, Sarah-Jayne Blakemore, del University College de Londres, escaneó el cerebro de un grupo de personas y descubrió que no se pueden sentir las propias cosquillas porque el cerebelo realiza predicciones de los movimientos corporales y luego envía una señal que extingue la actividad de la corteza somatosensorial, el área del cerebro que procesa sensaciones táctiles.

Es por eso que los esquizofrénicos con delirios de pasividad son los únicos que pueden reír con sus propias cosquillas, ya que tienen un problema en el funcionamiento de una pieza clave situada en el cerebelo, conocida como “mecanismo comparador”, y no detectan que la sensación proviene de una estimulación propia.

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