La industria de carne de perro para el consumo humano está agonizando. Organizaciones celebran los logros de sus esfuerzos para evitar esta práctica

Por: Lucía Vásquez 16 abril
Nicole Smith, voluntaria de Animal Haven, pasa una caja al director de operaciones de la organización Mantat Wong, que contiene dos perros rescatados.Foto: Andrew Kelly/AP
Nicole Smith, voluntaria de Animal Haven, pasa una caja al director de operaciones de la organización Mantat Wong, que contiene dos perros rescatados.Foto: Andrew Kelly/AP

Se llama Stephanie. Es peluda, blanca y tiene ojos cansados. Mientras un voluntario de Humane Society International (HSI) le acaricia la cara ella se acurruca sobre su pecho. Parece agradecer el gesto.

Es 23 de marzo y Stephanie conoce la libertad. Es el primer can de esa cárcel en ser liberado del corredor de la muerte.

Hasta ese día, su hogar temporal y el de 54 perros más, era una jaula pequeña, oscura sumergida en un insoportable olor.

Hasta ese día, también, su destino era terminar condimentada en algún plato en Corea del Sur: algo común en algunos países asiáticos.

“HSI llegó a un acuerdo con el marido y su esposa, ‘granjeros’ de perros para cerrar permanentemente la granja y enviar a todos los perros a los Estados Unidos para su adopción en hogares amorosos”, escribió la organización en un comunicado. “Esta es la sétima granja de carne de perro que la organización ha cerrado en Corea del Sur hasta el momento, salvando a más de 800 perros como parte de su campaña a través de Asia para acabar con los perros asesinados para consumo”.

Según una investigación del instituto Gallup Korea, publicado por la AFP, en este país sólo el 20% de los hombres veinteañeros comió perro en 2015, contra 50% de las personas entre cincuenta y sesenta años. Foto: Andrew Kelly/AP
Según una investigación del instituto Gallup Korea, publicado por la AFP, en este país sólo el 20% de los hombres veinteañeros comió perro en 2015, contra 50% de las personas entre cincuenta y sesenta años. Foto: Andrew Kelly/AP

Stephanie llegó a Estados Unidos junto a decenas de perros rescatados de la granja de carne de perro en Goyang, al noroeste de Seúl.

Con la colaboración del Programa de Asociaciones de Emergencia de la Sociedad Humanitaria de EE. UU. y el Equipo de Rescate de Animales de Aviación de Pittsburgh, todos serán transferidos a albergues de Nueva York, Pennsylvania, Maryland y Dallas para su adopción.

Tuvieron suerte. Según datos de la organización, se estima que 17.000 granjas de carne de perro operan en Corea del Sur. Al año, se crían más de 2.5 millones de perros al año para el consumo humano.

“Su capacidad para recuperarse de las peores situaciones me asombra", aseguró Adam Parascandola, director de protección animal y respuesta a crisis de HSI. "Una serie de perros ya son muy amigables, y una de las madres Jindo, que parecía nerviosa al principio, se sentó en mi regazo y no se movió. Era como si al fin hubiera encontrado consuelo y no lo dejaría ir. Ella no lo sabe todavía, pero tendrá una cama suave y caliente por el resto de su vida ahora".

Parascandola, quien ha sido partícipe en rescates en los últimos dos años con HSI, describió la granja como la peor que ha visto durante su carrera.

"Pensé que lo había visto todo hasta que vi por primera vez esta instalación. Literalmente me quitó el aliento. Cuando entramos por primera vez en la oscuridad, el hedor era abrumador", aseguró. "El amoníaco quemó la parte posterior de nuestras gargantas. Podíamos oír los ladridos desesperados de los perros, pero no podíamos ver sus rostros adecuadamente. Solo sus ojos mirando hacia fuera".

El tabú

Al vapor con pasta de camarones, harina de arroz y hierbaluisa; a la parrilla; en salchicha; frito en hierbaluisa con ají; en sopa acompañada de bambú.

En su visita a Vietnam, el bloggero Hanoi Scratchpad comió perro… mucho perro. Detalló en un artículo la variedad de formas en que puede ser preparada su carne.

Lo que para la mayoría de occidentales es una lista de inhumana e impensable crueldad, para muchos orientales es una práctica milenaria.

“Los vietnamitas aman los perros. Los mantienen como mascotas. También los comen, o al menos algunos lo hacen”, escribió. “Comer perro tiene raíces profundas en Vietnam. Es una práctica llena de rituales, y asociada con ciertas fechas en el calendario lunar. La carne del perro ( thó chó ) se puede comer por varias razones aparte del placer culinario, como aumentar virilidad masculina o atraer buena suerte”.

¿Por qué comer perro es tabú en occidente? En nuestra cultura, la idea de comer carne de perro genera una reacción inmediatamente repulsiva. ¿Cómo me voy a comer a mi mejor amigo?

Según una investigación del instituto Gallup Korea, publicado por la AFP, en este país sólo el 20% de los hombres veinteañeros comió perro en 2015, contra 50% de las personas entre cincuenta y sesenta años. Foto: Andrew Kelly/AP
Según una investigación del instituto Gallup Korea, publicado por la AFP, en este país sólo el 20% de los hombres veinteañeros comió perro en 2015, contra 50% de las personas entre cincuenta y sesenta años. Foto: Andrew Kelly/AP

“Los occidentales son hipócritas”, le dice al periodista Steven Evans de la BBC, el dueño de un restaurante que ofrece carne de perro en el menú. “Los coreanos han comido perro a través de la historia. Los perros son tratados como mascotas en el oeste, pero nosotros los consumimos por sus cualidades nutricionales”.

En algunos estados de Estados Unidos y países europeos y asiáticos, es legal comer carne de perro. En occidente, la idea es inconcebible. Las razones han sido analizadas con detenimiento por expertos.

“La mayoría de las personas en Occidente tienen y admiran a los perros por ser compañeros sociales o de caza y ¡tú no te comes a un compañero!”, le dijo a BBC Mundo Dennis C. Turner, director del Instituto de Etología aplicada y Psicología animal de Suiza.

“Es interesante ver que a medida que la práctica de tener perros como mascotas aumenta, nuestro respeto y lo que sentimos por ellos también se incrementa. Lo mismo sucede con el movimiento para protegerlos y para enfrentar su consumo, como sucede en China”, acotó.

En China, por ejemplo, cada año el Festival de la carne de perro de Yulin, en el cual se consumen de 10.000 a 15.000 canes, atrae a miles de personas. El evento ha sido fuertemente criticado por organizaciones protectoras de animales y activistas.

De acuerdo con la doctora Nathalia Gjersoe, profesora de psicología comportamental de la Universidad Abierta del Reino Unido, los perros tienen habilidades psicológicas que otros animales carecen y es por eso que los humanos consolidan fuertes vínculos sociales con ellos.

“Pensamos que los perros tienen mentes muy complejas”, declaró Gjersoe a la BBC. “Es por eso que la idea de comerlos es desagradable, de la misma manera que pensaríamos que comernos a uno de nuestros amigos es asqueroso”.

Walter saluda a un compañero perro a bordo del remolque del Pittsburgh Aviation Animal Rescue Team, después de que ambos fueron rescatados. Foto: Andrew Kelly/AP
Walter saluda a un compañero perro a bordo del remolque del Pittsburgh Aviation Animal Rescue Team, después de que ambos fueron rescatados. Foto: Andrew Kelly/AP

“El asco es contagioso”, escribe la neurocientífica de la Universidad de Oxford, Kathleen Taylor, en el artículo Why we don't eat dogs ( ¿Por qué no comemos perros? ) publicado en The Guardian y citado por la BBC. “Lo aprendemos fácilmente de los demás y nos dice lo que es aceptable y lo que no lo es”.

Comer perro, señala, viola la norma establecida y acusa a una persona de haber violado un código moral. “Te convierte en una persona que no es de fiar y proclive a violar otras normas más importantes”, dice.

“Nuestro tabú sobre el consumo de perros dice algo de ellos y mucho de nosotros”, agrega Jonathan Safran Foer, autor del libro Eating animal en una publicación de The Wall Street Journal . “Los franceses, que adoran a sus perros, a veces se comen a sus caballos. Los españoles, que adoran a sus caballos, a veces se comen a sus vacas. Los indios, que adoran a sus vacas, a veces se comen a sus perros”.

Tradición en picada

HSI ha ayudado a la transición de los granjeros del perro a migrar a la agricultura de chile o arándano. En el caso de la granja de Goyang, mencionada al inicio, los propietarios tenían 70 años y deseaban retirarse, pero no estaban seguros de cómo dar el primer paso.

El dueño, identificado como el Sr. Kim, le dijo a la HSI a través de un traductor que cada vez se lamentaba más del trabajo que realizaban.

“He estado criando perros durante 20 años, pero en todo ese tiempo nunca los he matado o los he llevado a la matanza yo mismo”, aseguró. “Principalmente comerciantes de perros vinieron a mi granja para llevárselos. Personalmente, me gustan los perros, y me sentía mal cada vez que los vendía a los comerciantes. El negocio nunca ha sido tan grande, solía tener alrededor de 20 perros y traté de dejar la industria de la carne de perro varias veces, pero de alguna manera la gente me daba perros y reiniciaba”.

“He oído que más y más restaurantes de carne de perro están cerrando y ahora no es un negocio que la gente está dispuesta a hacer para ganarse la vida", añadió . "Los consumidores de carne de perro también están recibiendo cada vez menos, así que aunque no puedo decir que se terminará, puedo decir que es un negocio moribundo, sin duda”.

"Es una actividad que se muere", dijo Gong In-Young el año pasado al ver cómo los defensores de los derechos de los animales cerraron su criadero con diez años de antigüedad.

Gong no lamenta pasar página, tampoco que el sector esté atravesando una crisis porque las nuevas generaciones le estén dando la espalda a la carne canina. “En el pasado, la gente comía perro porque no había nada más, pero hoy los jóvenes no la necesitan”, indicó.

Kelly O'Meara (HSI) se sienta en el camión del Pittsburgh Aviation Animal Rescue Team. Sostiene a Bonny, un perro rescatado de una granja de carne de perro en Corea del Sur. Foto: Andrew Kelly/AP
Kelly O'Meara (HSI) se sienta en el camión del Pittsburgh Aviation Animal Rescue Team. Sostiene a Bonny, un perro rescatado de una granja de carne de perro en Corea del Sur. Foto: Andrew Kelly/AP

Según un sondeo del instituto Gallup Korea, publicado por la AFP, solo el 20% de los hombres veinteañeros comió perro en 2015, contra 50% de las personas entre cincuenta y sesenta años.

Corea del Sur se encuentra en preparativos para acoger los Juegos Olímpicos de invierno del 2018, una ocasión más para manifestarse a favor de cambios.

“Con los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 llegando a Pyeongchang en poco menos de un año, ahora es el momento de que las autoridades prometan acciones para que el mundo pueda concentrarse en los preparativos del país para un gran evento deportivo, en lugar de la terrible crueldad de la carne de perro que pocos coreanos consumen regularmente”, escribió HSI en un comunicado.

Gong asegura que que nunca se sintió orgulloso de la industria. "Me di cuenta de que los perros serían mucho más felices si cambiaba de opinión”, cuenta mientras Snow, su perro, se pasea por las antiguas jaulas de los animales antes de irse.

“Es la diferencia entre el paraíso y el infierno”, dijo al comparar la vida de Snow con la de los perros que estuvieron encerrados esperando la muerte. Perros que se salvaron de ser comida, como Stephanie.