En nuestro artículo de portada de este domingo 28 de agosto, la ministra de Justicia habla sobre las amenazas que ha recibido durante su año de trabajo y sobre los pensamientos que motivan sus decisiones profesionales

 26 agosto, 2016
La Ministra de Justicia habla con privados de libertad y la Policía Penitenciaria durante una visita a la cárcel de San Sebastián.
La Ministra de Justicia habla con privados de libertad y la Policía Penitenciaria durante una visita a la cárcel de San Sebastián.

Después de tomar el cargo en julio del 2015, la ministra de Justicia, Cecilia Sánchez, cuenta que lo más cansado de su trabajo es repetirse: después de ejecutar medidas para reducir la cifra crítica de hacinamiento carcelario, ha tenido que comparecer dos veces ante la Asamblea Legislativa para justificar sus acciones. La estructura de Justicia le ha permitido migrar a privados de libertad del programa institucional –las cárceles– a Centros de Atención Semi Institucional, desde donde se les permite reinsertarse a la sociedad.

Esas decisiones le han acarreado problemas con la opinión pública: insultos, amenazas violentas y hasta que la sigan en su vida cotidiana. La periodista Natalia Díaz escribe para esta edición:

Cinco días antes de anunciar su cierre, Cecilia Sánchez visitó el ámbito F de La Reforma.

La llamada “Máxima Seguridad vieja” –o “las tumbas” como también la bautizaron– es tan fea como se la puedan imaginar. En el vestíbulo hay una bolsa con pan que nunca encuentra lugar ni en el piso ni las mesas.

En el patio techado cuelgan de un alambre unos pantalones viejos. En el piso hay polvo, tarros plásticos y bichos muertos.

Entre barrotes idénticos, empotrados a la pared, se asoman manos. Hasta ese día, las celdas del ámbito F recluían a 39 personas.

El aislamiento de todas ellas es continuo: salvo que requieran un servicio médico, los privados de libertad deben quedarse 23 horas al día en sus celdas individuales. Las letrinas –dispuestas a la par de la cama– no tienen cadena. La mierda hay que bajarla con agua que los policías cargan en baldes.

Estar encarcelado es un castigo penal y social. No obstante, en las arrastradas condiciones del sistema penitenciario costarricense, estar encarcelado también es una tortura inhumana.

“Ver esto me termina de convencer de que no funciona”, le dice la ministra de Justicia a su séquito de asesores después de andar, celda por celda, entrevistando a sus residentes. “El que entra aquí no sale cuerdo”.

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En medio de tensiones electorales dentro de Nicaragua, ¿debe preocuparse Costa Rica por el rearme militar de Daniel Ortega? Alessandro Solís describe los movimientos que ha realizado el presidente del país vecino para consolidar su control político.

En temas de interés mundial, la industria de ropa enfrenta una crisis laboral que rara vez se transparenta. Marcas de ropa de bajo costo contratan a maquilas en países en desarrollo que no garantizan derechos mínimos para sus trabajadores.

Del otro lado de esa realidad, recopilamos la revoltosa historia de quienes no se quieren vestir con el trabajo de mano de obra explotada. Para esta edición, Danny Brenes entrevistó a la célula tica de la organización Fashion Revolution.

También dentro de las páginas de este domingo, contamos la historia de los que se convirtieron en chiste sin quererlo: "La mayoría de cuerpos de carne y hueso que están detrás de los memes no son ni presidentes ni comediantes, sino personas comunes y corrientes a quienes de repente muchos empiezan a reconocer en la calle. Tampoco representan necesariamente el chiste que con sus imágenes se crea y reproduce de forma instantánea en la Internet. Tan solo son víctimas de la libre utilización de sus fotografías en la Internet, lo quieran o no".

Alessandro Solís se pregunta: ¿cuáles son las consecuencias brutales de alcanzar la fama como un meme?

La edición de Revista Dominical de este domingo viene repleta de datos, información curiosa y entretenida para acompañar su día. Los esperamos.