Tres décadas después de ser apresado en Costa Rica –en lo que fue un escabroso escándalo local y mundial– el llamado ‘Narco de narcos’ buscó a la prensa mexicana para defenderse: “Dejé de ser narcotraficante hace 31 años. Jamás lo voy a volver a ser”.

Por: Natalia Díaz Zeledón 31 julio, 2016
Tenía 32 años cuando cayó preso. Salió en el 2013 porque un juez determinó errores en su proceso de sentencia por el asesinato de Enrique Camarena.
Tenía 32 años cuando cayó preso. Salió en el 2013 porque un juez determinó errores en su proceso de sentencia por el asesinato de Enrique Camarena.

El Rafael Caro Quintero que fue deportado de Costa Rica el Viernes Santo de 1985 se parece poco al hombre sentado frente a la agresiva luz de una cámara de video durante una entrevista de la revista mexicana Proceso.

La última foto conocida de Caro Quintero es del 2013. En la entrevista de Proceso , el ‘Narco de los narcos’ ya no tiene el pelo canoso y está delgado.
La última foto conocida de Caro Quintero es del 2013. En la entrevista de Proceso , el ‘Narco de los narcos’ ya no tiene el pelo canoso y está delgado.

Después de todo, 31 años han pasado desde que 50 policías ticos rodearon la quinta California en Alajuela y lo sacaron esposado. 28 de esos años estuvo encerrado en la cárcel, los últimos tres los ha pasado huyendo.

El Caro Quintero del video que salió a la luz pública el lunes 25 de julio ya no se ve como la leyenda que cantan los narcocorridos mexicanos. “El león es rey de las fieras aunque se encuentre enjaulado”, decían Los invasores de Nuevo León a finales de los ochentas.

Sin embargo, en la silla a medio iluminar de una habitación destartalada se ve como se vería cualquier campesino humilde de “la sierra”: las montañas de la Sierra Madre Occidental que lo vieron nacer en 1952, crecer y convertirse en un poderoso criminal en el municipio de Badiraguato en Sinaloa.

“Ando desesperado, ando preocupado. Les pido que me dejen en paz. No soy narcotraficante ni estoy en guerra. El gobierno sabe que no estoy en guerra”, repite varias veces en el video frente a un camarógrafo y la periodista Anabel Hernández.

No es arbitrario que Hernández se haya topado con Caro Quintero a principios de julio, como ella misma dice al presentar la entrevista.

En junio pasado, Hernández publicó un reportaje especial en Proceso titulado El ataque a Badiraguato: regresó Caro Quintero… y va contra “El Chapo”.

Para ese momento, los rumores de que Caro Quintero y Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán se estaban peleando territorios del ‘triángulo dorado’ – zona conformada por los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa– habían sido confirmados oficialmente por el fiscal general de Chihuahua y el comandante regional, el general Alfonso Duarte Múgica.

Hernández cuenta en su investigación que Caro Quintero “se ha fortalecido en los dos años y 10 meses que lleva libre a través de alianzas con el cártel de los Beltrán Leyva y otras organizaciones criminales (...) Trafica marihuana (sic), metanfetaminas y cocaína pese a que la Procuradoría lo persigue, luego de que el gobierno de Estados Unidos reclamara airadamente al gobierno de México por la liberación del capo e hiciera la solicitud formal de extradición”.

Así es como, fuera de la jaula, el león le habría estado rugiendo a su antiguo cártel de Guadalajara, el mismo que lideraba con su padrino Ernesto Fonseca Carrillo (Don Neto).

Dicho sea de paso, justo antes del cierre de esta edición, Fonseca fue liberado de la cárcel para cumplir desde su casa los nueve años que le restan de su condena por el asesinato del agente Enrique ‘Kiki’ Camarena de la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA).

A la periodista Hernández también le había tocado contar el epílogo de esa relación filial en su libro Los señores del narco (2010): en el capítulo tres aparecen las voces de Don Neto y Caro Quintero increpándose uno al otro sobre la brutal tortura y posterior asesinato de Camarena en febrero de 1985.

Empero, pese a haber ayudado a liderar uno de los grupos de crimen organizado más poderosos que ha visto el continente, Caro Quintero dice que no sabe nada de nada sobre los cárteles.

No está en guerra con el Chapo. No mató a Enrique Camarena, aún cuando lo vio morir –estuvo en “el lugar equivocado”, dice–. Está jubilado de esa vida, insiste.

“Yo del cártel y eso no me di cuenta hasta que estaba preso. Antes yo no oía mentar eso de los carteles ni nada”, le dice a Hernández, mientras frunce el ceño debajo de una gorra azul.

“El gobierno de Estados Unidos dice que yo sigo vendiendo marihuana y que vendo anfetaminas y cocaína”, explica el jubilado capo. “Yo fui narcotraficante... Yo no conozco la anfetamina ni la cocaína tampoco. La marihuana sí la conocí porque era lo que yo hacía hace 31 años. Yo dejé de ser narcotraficante desde el 84, jamás lo voy a volver a ser. No quiero saber absolutamente nada del narcotráfico”, declara.

“Le pido al gobierno de Estados Unidos perdón, a la familia del señor Camarena también, a la DEA le pido perdón. Si algún delito cometí con el señor Camarena, pido perdón”, suplica.

CaroCaro Quintero durante sus primeros años de cárcel. Foto: El Universal
Narco de narcos

“Año del 85, clávenselo en la memoria”, sentencia un corrido de Los Llaneros de Guamuchil. “Rafael Caro Quintero cayó preso en Costa Rica junto con seis compañeros y su querida Sarita”.

Al final, aún cuando existe tanta información desperdigada en artículos, libros y películas, la música popular tiene los mejores resúmenes de la vida de Caro Quintero.

Caro Quintero nació en una ranchería. Un campesino casi analfabeto que en su adolescencia, huérfano de padre, se ganó poco a poco el cariño de Don Neto.

Antes del narcotráfico se ganaba la vida con las opciones que daba el empleo en el municipio de Badiraguato: sembrando maíz y frijol, manejando camiones.

“Era huérfano, murió mi papá. Éramos 11 hermanos y yo tenía 14 años. Así empezó a todo”, le cuenta a Hernández. Manejando un camión conoció al primer narco que le tendió una mano: Pedro Avilés, quien murió en 1978.

Los registros históricos dicen que justamente por esos años se fundó el infame cártel de Guadalajara, uno de los primeros grupos que conectó a México con el tráfico de cocaína colombiana. Todo ello bajo las narices de la policía mexicana.

“Yo no sé nada de cocaína. Hacía mis siembritas de marihuana nada más”, dice ahora Caro Quintero. “Se vendía aquí en el rancho. Nunca trafiqué en Estados Unidos. Yo vendía acá, nunca les crucé a Estados Unidos. Yo no les conozco Estados Unidos, nunca fui”.

Estados Unidos sí que conocía a Caro Quintero. La DEA sabía de primera mano sus operaciones gracias a agentes como Enrique Camarena, quienes jugaban a los policías sucios para sonsacar suficiente información a fin de que, en un eventual futuro, el gobierno estadounidense pudiera extraditarlos y juzgarlos con su ley, en su territorio.

El cuento de siempre: a falta de cuchillo en casa del herrero, Estados Unidos esperaba el momento para sacar su hacha.

Como en una película

CaroLas joyas que OIJ decomisó en la quinta California durante la captura de Caro Quintero. Foto: Archivo LN.
En noviembre de 1984, la DEA logró a medias una operación contra el cártel de Caro Quintero. En un plan diseñado por Camarena, el ejército mexicano entró a uno de los ranchos del capo en Búfalo, ubicado al sur de Chihuaha, y le quemó las “siembritas”.

Se destruyeron entre ocho mil y diez mil toneladas de marihuana –los números varían dependiendo del artículo que se consulte–. Trabajaban en esas tierras 10.000 campesinos, en condiciones casi de esclavitud.

El moderno sembradío operaba con todas las de la ley, literalmente: tenía comprada la protección de la policía federal mexicana.

El fracaso fue que Caro Quintero no fue capturado.

El 7 de marzo de 1985, los cuerpos masacrados de Camarena y el piloto Alfredo Zavala fueron encontrados en Michoacán. Camarena fue el primer agente de la DEA muerto en acción.

“Ni organicé, ni secuestré, ni maté al señor Camarena”, insiste tajantemente Caro Quintero en su más reciente entrevista. “Estuve en el lugar equivocado. Sí estuve en ese lugar, esa fue mi participación... Yo estuve en esa casa para ir por un dinero y un camión para ir por unas pasturas, por eso estuve en ese lugar”.

Pero la periodista Hernández había contado de otra forma la historia en Los señores del narco : Don Neto pidió hablar con Camarena el 8 de febrero, un día después del secuestro.

“—¿Ya para qué? No tiene caso, no puede contestar— respondió Caro Quintero con indolencia. —Es que lo golpearon y está muriendo”.

Las fechorías del cártel tenían un límite de impunidad, el límite terminaba en la soberanía mexicana.

Aunque Camarena había nacido allí, estaba nacionalizado como estadounidense y, aunque la discreción de su trabajo no le permitía ninguna protección especial, su carné de la DEA obligaba al gobierno mexicano a tomar acciones o a sufrir las consecuencias diplomáticas.

Lo que pasó y lo que quedó en Costa Rica

El 17 de marzo, Caro Quintero llegó a Costa Rica. Se había traído consigo a Sara Cosío, una joven de 17 años de la alta sociedad de Jalisco y a quien había pretendido con regalos obscenamente caros: entre los cuentos de hadas de la pareja se dice que un día el narco incendió un puñado de carros nuevos para demostrarle que su amor valía más que eso.

CaroAntes de ser deportada a México, Sara Cosío concedió una entrevista en exclusiva para La Nación. En la foto, el periodista Tomás Zamora. Foto: Archivo LN.
Después de desvelar dramáticamente los lazos de corrupción en su patria, la estancia de menos de un mes en Alajuela hizo lo mismo en la Suiza centroamericana.

El viernes 4 de abril de 1985, 50 policías del Organismo de Investigación Judicial entraron a la quinta California, ubicada apenas dos kilómetros al sur del Aeropuerto Juan Santamaría, el puerto que lo vio entrar al país “como Pedro por su casa”: sin enseñar pasaporte, sin pasar por aduanas las maletas cargadas con armas y joyas y con una menor de edad, en teoría, secuestrada.

Hasta la fecha, el milagroso ingreso no tiene responsables. El registro que queda en los periódicos de la época son “dimes y diretes” de nunca acabar, cada uno más impresionante que el otro.

Para horror de la Comisión Legislativa que quedó a cargo de desenmarañar el enredo tico, Caro Quintero había planeado con lujo de detalles su estancia: no solo había comprado la quinta en la que lo apresaron –valorada en ¢40 millones de aquella época, poco más de ¢1.000 millones según la inflación actual– sino otros tres terrenos en Coronado y Escazú.

El 17 de marzo de 1985, el Aeropuerto Juan Santamaría recibió a Caro Quintero y su comitiva sin realizar las revisiones migratorias ni de aduanas

Había adquirido también varios carros, uno de ellos, un auto deportivo rojo en el que Cosío se anduvo paseando por las discotecas josefinas, según se supo después.

De hecho, fue la indiscreción de su amante la que vendió la ubicación del narcotraficante a la DEA y, por lo tanto, provocó su detención en Costa Rica.

Durante la Semana Santa, Cosío logró hablar con su madre en México. La familia de la muchacha, después de su supuesto rapto, había alertado a los estadounidenses y los agentes tenían intervenida la línea telefónica.

A las 6 a. m. 4 de abril de 1985, los habitantes de la quinta alajuelense salían esposados del lujoso caserón. Cosío y Caro Quintero estaban en “paños menores”, dicen con pudor las noticias de la época.

En las noticias internacionales, la historia sonaba como trama de narconovela: el romance entre la muchacha de buena familia y el forajido; los buenos ganándoles el pulso a los narcotraficantes más violentos de México.

Del lado local, la huella de Caro Quintero se hendía en el orgullo tico y, prescritas las investigaciones, la estancia del capo en el país continúa siendo un misterio digno de quien se atreva a escribirle una novela negra.

Caro
CaroLa quinta California fue desmantelada y, poco a poco, tomada por familias en condición precaria. Foto: Archivo LN.
Vivir en paz

Lo que a Costa Rica le costó comprender, a México no le tomó tanto trabajo..

“Los campesinos son pura gente noble, como lo soy yo y mis compañeros y el señor Ernesto (Fonseca) y como toda su gente. Somos pura gente que ayudamos a México, o sea que hacemos escuelas, que ponemos clínicas, que metemos luz a los ranchos, agua potable. Lo que no hace el gobierno lo hacemos nosotros”, contaba Caro Quintero citado por el periodista mexicano Carlos Monsiváis en su ensayo Fuegos de una nota roja (1992).

Bien lo explica Anabel Hernández en su libro: el criminal en el “triángulo dorado” es héroe dependiendo del ojo que lo mire, la corrupción es seguridad ciudadana si la legalidad pone en jaque un interés político.

En la entrevista de Proceso , Caro Quintero ya no dice que es “noble”. A sus 63 años, quiere dejar de huir y vivir en paz. En su testimonio insiste en que no mató a Camarena y en que ya pagó sus crímenes en la cárcel, aún cuando sea prófugo de la justicia porque existe una orden del gobierno estadounidense que pide su extradición

Los medios de comunicación han publicado que su familia –su exesposa y sus cuatro hijos– están lavando el dinero del narcotráfico con una ambiciosa red de empresas: un lujoso spa llamado Hacienda Las Limas y una línea de productos de belleza, El baño de María.

"Fue muy cara la factura que pagué, ya no quiero más. Quiero que lo poco o mucho que me queda de vida, lo quiero vivir en paz", asegura Caro Quintero

“Una empresa es algo grande, algo serio. Estos son puros changarros. Ahora dicen que me lavan el dinero o que yo tengo una fortuna de $500 o $600 millones ¿. ¿Dónde está? Háganmela buena que lo necesito. Lo poquito o mucho que tenía me lo acabé”, le dice a Proceso .

Lo que sí queda de la herencia de Caro Quintero son los corridos, los libros y la teleserie en la que lo interpretó en spanglish el actor Benicio del Toro.

Si su entrevista tiene moraleja es una cruel: la captura de Caro Quintero mató a su cártel pero no acabó con la rabia del narcotráfico.

Básicamente le hizo “lo que le hizo el viento a Juárez”, como canta un corrido.

La caída de un imperio