Por: José Fernando Araya N. 3 junio, 2014
Marlon Pemberton, hermano de Patrick, muestra un álbum familiar. | RAFAEL PACHECO
Marlon Pemberton, hermano de Patrick, muestra un álbum familiar. | RAFAEL PACHECO

Limón. Es 1995 y la tupida cancha del barrio Los Cocos en Limón centro está a punto de ver emerger a otra figura del fútbol nacional.

Acá Patrick (de blanco), su hermano Marlon y su mamá Connie Bernard. | R. PACHECO
Acá Patrick (de blanco), su hermano Marlon y su mamá Connie Bernard. | R. PACHECO

No será ni la primera, ni la última vez que ese húmedo césped sea la cuna de un futbolista, pero en este caso, el nuevo crack saldrá por casualidad, por órdenes del destino.

Al hoy portero de la Tricolor , Patrick Pemberton, lo conocían como Penny y por aquel entonces era un volante de contención “flaquillo”, pero con una mentalidad amplia para el fútbol.

Tal vez así pudo ser un mejenguero destacado, pero la vida quiso premiar su disciplina con un lugar en el deporte costarricense.

Cuenta su hermano menor, Marlon Pemberton, que durante un partido infantil a Penny y sus compañeros les expulsaron a su portero y no tenían a nadie más a quien ubicar en esa posición.

“Él pidió atajar y como dicen, decidió tirarse al agua”, indicó Marlon con una sonrisa que le llenó el rostro, pues ese momento les cambió la vida a él y su hermano.

No recuerda si ese día le anotaron, pero con seguridad afirma que gracias a Patrick ganaron el juego.

Para el improvisado portero, defender los tres postes no era nada nuevo, pues según relató su vecino y amigo de infancia, el exjugador limonense Delberth Cameron, Pemberton se lanzó por primera vez tras un balón una vez que jugaron en una imaginaria cancha formada en la mojada arena de una construcción cercana.

Aquellos juegos de niños, sumados a una poca experiencia en los equipos de voleibol y baloncesto de la escuela y colegio, le permitieron al guardameta pulir sus reflejos.

El viaje que lo maduró. Su inesperada aparición en el arco le aseguró la titularidad en muchos equipos infantiles. Poco a poco su nombre se agigantó bajo los tres palos.

Graduación del jugador en la Escuela General Tomás Guardia, de Limón. | R. PACHECO
Graduación del jugador en la Escuela General Tomás Guardia, de Limón. | R. PACHECO

Al igual que su suerte de llegar al arco, así le llegó el viaje de su vida.

En 1998, Patrick tuvo la oportunidad de reforzar al equipo caribeño de Envaco, dirigido por Martin Solano, para ir a la Norway Cup.

“En Noruega fue el portero menos vencido del torneo. Patrick era muy aplicado y serio, y por eso él está donde debe estar”, indicó Solano.

Aquella visión más amplia de mundo y sobre todo el hecho de ver un futuro solvente con el fútbol, le permitió a Patrick meterse de lleno en el deporte.

Marcos Hernández, entrenador de Talentos del Caribe y descubridor de la joven promesa, recuerda cómo esa experiencia le ayudó.

“Él siempre contó con la ventaja de la disciplina, a diferencia del resto. Prueba de esto es que Patrick a los 17 años ya estaba en el Alto Rendimiento de Alajuela, él maduró muy rápido y se adaptó bien”, indicó Hernández.

Seriedad que confunde. Probablemente usted ha visto a Patrick Pemberton con un tono amable e inteligente frente al micrófono.

Pero lo que pocos saben es que el portero de la Tricolor es bastante bromista y muy alegre con sus amigos e incluso hay más de una anécdota que respalda la descripción.

“Él siempre era el vacilón del grupo y nosotros la cobrábamos, pues sabíamos que su mamá era muy estricta y lo llegaba a buscar a cierta hora, ahí le hacíamos la alarma “Tí-Lín,Tí-Lon” y se enojaba mucho”, recuerda Cameron entre risas.

Una de sus historias más graciosas fue cuando se fue a jugar PlayStation a un local y el dueño se quedó dormido.

“Teníamos que venirnos a las 8:30 p. m. y yo ya estaba en la casa, entonces mi mamá lo fue a buscar y al final tuvo que saltarse la tapia para que no lo fajearan con un chilillo. Eso sí, al final pagó una hora y jugó como seis”, recordó su hermano Marlon.

Sus amigos de infancia, Jeiner Watson (izq) y Delberth Cameron. | R. PACHECO
Sus amigos de infancia, Jeiner Watson (izq) y Delberth Cameron. | R. PACHECO

Sin duda que una de sus heroínas fue su mamá Connie Bernard, quien pese al divorcio de su esposo, Carlos Pemberton, sacó adelante a sus dos hijos y fue siempre el ancla que mantuvo a Patrick con los pies sobre la tierra.

“Ella fue muy estricta con nosotros, pero siempre nos dejó ser cómo fuéramos, a la libre”, añadió el menor de los Pemberton.

La muerte de doña Connie hace casi un año significó el golpe más duro en la vida de los dos hermanos y golpeó a Patrick como nunca antes en su carrera.

Sin embargo, el recuerdo de su madre es hoy la principal inspiración para detener todo en Brasil.