Si de antemano se sabe que el camino empieza cuesta arriba, ¿cómo puede un equipo pequeño llegar más lejos e incluso aspirar a una final? La continuidad parece ser la única salida

Por: José Pablo Alfaro Rojas 8 mayo
Jhamir Ordain (último a la derecha) jugó ante Herediano en el primer partido de la cuadrangular, donde los florenses igualaron 0-0 ante el Santos de Guápiles.
Jhamir Ordain (último a la derecha) jugó ante Herediano en el primer partido de la cuadrangular, donde los florenses igualaron 0-0 ante el Santos de Guápiles.

Redacción

Todavía no suena la campana y ya los equipos no tradicionales van perdiendo la pelea en la cuadrangular. En cierres tan apretados, la hipótesis de que son 11 contra 11 queda atrás y, por el contrario, salen a relucir otros factores como la experiencia de la planilla, el peso del banquillo, la calidad individual y la localía.

Entonces, si de antemano se sabe que el camino empieza cuesta arriba, ¿cómo puede un equipo pequeño llegar más lejos e incluso aspirar a una final, cuando en frente tendrá a rivales con más recursos?

La respuesta parece tener nombre: proceso. Con una base de futbolistas proveniente de las fuerzas básicas, que tenga un margen de crecimiento y empiece a ganar rodaje de a poco, hasta sentirse cómodos con la idea de jugar partidos en fases decisivas. Esto permite equiparar las fuerzas.

A estos juveniles hay que complementarlos con futbolistas de experiencia que ya sepan lo que es jugar partidos determinantes y que, al menos, mantengan un rendimiento aceptable.

Un ejemplo de un proceso que empieza a dar frutos es el Santos. En el torneo anterior finalizó de último de la cuadrangular, pero al menos logró clasificar, al dejar por fuera a un tradicional como Cartaginés.

En este certamen mantuvo una estructura, pero los talentosos Wílmer Azofeifa, Raimond Salas y Edder Solórzano asumieron un rol de más peso en el equipo, gracias al colmillo adquirido en la campaña pasada.

A falta de dos fechas para que concluya la cuadrangular, los guapileños continúan con vida, aun cuando les ha costado ganar en casa y poner en aprietos al Herediano, quien viene en pleno crecimiento.

"La clave del proceso es mantener un grupo estable, con potencial y darle continuidad. Por ejemplo, si Limón lograra mantener el grupo y reforzarlo, creo que el próximo torneo competiría aún mejor", aseguró el estratega de los guapileños, Johnny Chaves.

El principal inconveniente es que resulta casi imposible que un equipo pequeño haga dos buenos torneos al hilo y afiance un grupo, pues los clubes grandes están al acecho de sus mejores jugadores.

Esto los obliga a empezar de cero, a rearmar la estructura y madurar a nuevos prospectos, lo que complica todo.

El timonel de Pérez Zeledón, José Giacone, vivió en carne propia esta situación, pues luego de una buena campaña los clubes grandes se llevaron a Luis Stewart Pérez, Din John Arias y Luis Ángel Landín, tres de sus figuras.

El presupuesto casi nunca alcanza para reponer todos los futbolistas por otros de la misma calidad.

Giacone considera que el proceso es casi la única salida para competirle a los grandes, que recurren a otros métodos como la contratación de los jugadores más destacados del torneo.

"Santos es un buen ejemplo", admite el estratega argentino.

Aunque han existido críticas hacia Limón por su bajo rendimiento en la fase decisiva, al igual que se cuestionó lo hecho por Santos en el torneo anterior, lo cierto es que la fórmula de éxito para los pequeños es mucho más lenta y compleja, más aun cuando torneo a torneo deben luchar con la desbandada de futbolistas.

Chaves dio el ejemplo de Alajuelense, que en esta campaña trató de ejecutar un proceso y ni siquiera logró clasificar, lo que demuestra que el crecimiento es difícil y necesita de mucha paciencia.

Para la campaña venidera, la lucha de Santos y Limón será sostener a sus mejores futbolistas, una tarea nada sencilla. Ya los guapileños perdieron al defensor Jhamir Ordain, pilar en la retaguardia.