Por: Eduardo Baldares 18 abril, 2016

El técnico del Deportivo Saprissa sabe que las bajas constituyen una parte del fútbol tan real como los arcos y las redes. Entonces, no llora por los que no están. Los suple. Ni inventa argumentos con olor a pretextos para justificar las derrotas. Las acepta.

Así, cuando su mejor jugador del Invierno 2015, Christian Bolaños, quedó fuera de la final ante la Liga por sanción, simplemente lo reemplazó por Ulises Segura. De igual forma, cuando David Guzmán se hizo acreedor de su enésima suspensión y no pudo jugar el partido de vuelta, colocó a Néstor Monge. Carente de un lateral derecho convincente, se la jugó con el improvisado Hansell Arauz. Y salió campeón. Y no solo ganó los dos partidos, sino que aplastó con un global histórico sobre su más enconado rival, 4 a 1.

Cuando pierde, tampoco modifica mucho el discurso. “Cartaginés se planteó muy bien”. “Al frente teníamos un equipazo (Herediano)”. “Ganó el mejor (Alajuelense)”. “Nos han pasado por arriba (Belén)”. No se complica con discursos al estilo “el partido fue parejo”, “un error marcó la diferencia”, “merecimos más” o “el árbitro fue muy concho”.

Este año se le fue el goleador, Ariel Rodríguez. Y ahí está Saprissa, de segundo equipo más goleador del certamen. Mynor Escoe no sacude tanto las redes, pero abre espacios para que otros compañeros lo hagan. Se marchó uno de los extremos más desequilibrantes, Deyver Vega, y entonces se hizo con un supuesto desecho rojinegro. Pero resulta que Diego Calvo es titular y hasta se dio el gusto de brindar asistencia de gol en el último clásico.

En buen trabajo de equipo con su sobrino, el gerente Paulo Wanchope, trajo a dos estelares en selecciones de Concacaf, el portero panameño Jaime Penedo y el lateral trinitario Aubrey David. Y así blindó su zaga. Contra las numerosas sanciones que sigue sufriendo Guzmán, le ha ido dando minutos y más minutos al pampero Cristian Martínez, y así sucesivamente va solucionando problemas sin hacer dramas.

De los princesos, nadie se acuerda, evidencia de su excelso manejo del camerino. Campeón de Concacaf con Saprissa (1993), monarca nacional con los morados (Invierno 2015), Watson se ha ganado con obras, y no con palabras, su continuidad al mando del Monstruo.