Con dos fan zones separadas, la del Atlético en el parque Eduardo VII y la del Real Madrid en la céntrica zona de Rossio, Lisboa vive un ambientazo a poco de que se inicie la disputa por la "Orejona"

 24 mayo, 2014

Lisboa

Camisetas blancas o rojiblancas, banderas de España y bufandas al viento: las calles de Lisboa viven este sábado una pacífica y futbolística invasión desde el país vecino, con las hinchadas de Real Madrid y Atlético, en un clima cordial pero sin perder la rivalidad deportiva.

Con dos 'fan zones' separadas, la del Atlético en el parque Eduardo VII y la del Real Madrid en la céntrica zona de Rossio, algunos empezaron ya a ver intereses ocultos en esa distribución.

"La del Madrid está mucho mejor, en el centro-centro, con bares alrededor. A nosotros nos ponen en un parque donde no hay nada. Siempre igual. Para el Atleti, siempre lo peor", se quejaba Martín, electricista en paro de 38 años, envuelto en una bandera de España con el escudo del Atlético .

Lo decía mientras subía una prolongada cuesta dentro de unos jardines, con cientos de aficionados del club, desde la plaza Marqués de Pombal al parque donde la UEFA situó la zona de hinchas del equipo, a los pies de una enorme bandera portuguesa.

"A nosotros cuesta arriba durante un kilómetro y ellos seguro que bien tranquilos, ahí, como señores en una terraza", seguía protestando Martín, indignado, ante las risas de su novia y sus amigos.

Arriba esperaba una esplanada con un gran escenario, música estridente, un puesto de bocadillos de una panadería gallega y muchos atléticos, que fueron llegando a lo largo del sábado a este punto de reunión. Algunos incluso aprovechaban el césped para echarse una siesta, tras un largo viaje en coche.

Uno de los protagonistas fue un anciano de 74 años que hizo casi mil kilómetros desde Asturias para estar con su hija en Lisboa. Y lo hizo en su 'Atleticomóvil', un vetusto Seat rojo que ha convertido en un homenaje con ruedas al club de sus amores, con el escudo en el volante y las ruedas, tres franjas blancas.

"Los atléticos, íaquí!", gritaba orgulloso de su obra, mientras los aficionados se hacían fotografías con su teléfono móvil y la policía portuguesa trataba de hacerse entender explicándole que no podía aparcar allí.

A un kilómetro y medio, en la zona baja de la ciudad (Baixa), eran los madridistas los que disfrutaban de las horas previas a la final.

En su caso, es cierto, en una zona totalmente urbanizada y aprovechando las presencia de 'cervejarias', 'pastelarias' y los atractivos de una de las zonas con más encanto de la capital portuguesa.

Pero tanto una 'fanzone' como otra eran espacio abierto al rival y allí se podían ver aficionados con la camiseta del adversario, en un clima de total cordialidad.

Grupos de amigos con aficionados de uno u otro equipo, o incluso la demostración clara de que el amor a los colores es una cosa y el amor, en general, otra muy diferente.

"Es del Atleti, pero la quiero igual", decía Walter, nacido en Madrid de padres colombianos con una camiseta de Cristiano Ronaldo. Su novia Silvia llevaba una bufanda del Atlético .

"Me han tratado bien. Alguno cuando me lo cruzo me dice algo de broma, pero en plan bien. No me da ningún miedo", dice ella sobre la experiencia de estar viviendo las horas previas en 'territorio enemigo'.

Desde el viernes, los aficionados de ambos equipos empezaron a dejarse ver por las calles lisboestas, pero fue este sábado cuando llegó el grueso de la expedición, en un gran número en autobuses y vehículos particulares, lo que complicó la estimación de visitantes, que pasó de los 70.000 iniciales a los 120.000 que apuntaron esta semana las autoridades portuguesas.

En el metro lisboeta, saturado en su línea azul camino del estadio desde primera hora de la tarde, los aficionados seguían intercambiando cánticos, en una batalla dialéctica cargada de humor para amenizar el trayecto.

En las estaciones de Alto dos Moinhos y Colegio Militar/Luz, la marea española, blanca y rojiblanca mezclada, se perdía rumbo a las salidas, camino del estadio y de un mismo sueño compartido, rodeados de una publicidad de una popular marca de cerveza portuguesa, que en los expositores luminosos les decía, en español, "Bienvenidos a Lisboa".