Para el mandatario de Pekín, la globalización es una tendencia histórica positiva

 27 febrero

El discurso del presidente de China en el Foro de Davos ha tenido importantes repercusiones. Una apreciación positiva de la globalización en boca del jefe de Estado de un país oficialmente comunista en momentos en que la principal potencia capitalista pareciera enrumbarse por la ruta del aislacionismo y el proteccionismo, despierta algún asombro.

El president Xi constató las contradicciones entre el alto grado de desarrollo de la economía global y la persistencia de problemas globales como los conflictos regionales, el terrorismo, la desigualdad y la pobreza. Sin embargo, se resistió a caracterizar la globalización como una panacea o como caja de Pandora, origen de todos los males mundiales.

Señaló la crisis financiera internacional como parte del origen de los problemas globales, atribuyendo a la búsqueda excesiva de ganancia y a las fallas en la regulación las dificultades económicas actuales.

Para el mandatario de Pekín, la globalización es una tendencia histórica positiva, derivada de la creciente productividad, de la revolución científica y tecnológica, agregando que no es producto de países o individuos, sino del acelerado desarrollo de las fuerzas productivas. La mundialización ha hecho posible el crecimiento global, el intenso movimiento de bienes y capitales, y ha profundizado la interdependencia entre las naciones.

Arma afilada. Sin embargo, el proceso es una espada de doble filo. Por una parte, crea tensiones entre el crecimiento y la distribución, entre capital y trabajo, entre eficiencia y equidad, aunque esto no es suficiente para descartar la globalización; por el contrario, dice el líder chino, es necesario adaptarse y guiar el proceso amortiguando su impacto negativo, para así poder disfrutar de sus beneficios.

Xi reconoció que los chinos tuvieron sus dudas con respecto al proceso globalizador al ingresar a la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero llegaron a la conclusión de que estaban ante una tendencia histórico estructural ineludible. Xi Jinping emplea una metáfora para explicar su decisión: “China tiene que tener la valentía de nadar en el vasto océano del mercado global. Si uno está siempre temeroso de enfrentar la tormenta y de explorar el nuevo mundo, tarde o temprano terminará por ahogarse (….). China tomó la decisión de abrazar el mercado global. Hemos estado a punto de ahogarnos y hemos encontrado remolinos y olas agitadas, pero aprendimos a nadar en el proceso. Se ha probado que fue la decisión estratégica correcta”.

La economía es el océano global del cual no se puede escapar. Cualquier intento para interrumpir los flujos de capital, productos, tecnologías, industrias y personas, canalizando las aguas hacia lagos y riachuelos, no es posible, pues iría en contra de grandes corrientes históricas. De ahí la caracterización del proyecto chino como “socialismo de mercado”, para el escándalo de la izquierda y la derecha.

No hay que tener miedo a los problemas, dice Xi: “lo correcto es aprovechar cada oportunidad, enfrentar los desafios conjuntamente y trazar el curso correcto de la globalización económica”. Es necesaria una globalización más vigorosa, más inclusiva y más sostenible; siguiendo las tendencias, a partir de las condiciones nacionales e integrándose al mundo a un ritmo adecuado.

Por otro lado, apunta, se debe buscar un equilibrio entre eficiencia y equidad para asegurar que todos los países y todos los estratos sociales compartan los beneficios de la globalización.

Tareas pendientes. En cuanto a las tareas inmediatas, plantea que lo importante es sacar a la economía global de las dificultades actuales, venciendo las brechas entre el norte y el sur, entre pobres y ricos. Empero, es preciso tener clara la raíz de la crisis y enfrentar los principales problemas: ausencia de fuerzas motoras del crecimiento global, gobernanza global inadecuada y desarrollo global desigual.

Para hacer frente a estos problemas, el presidente Xi propone desarrollar un modelo de crecimiento dinámico basado en la innovación, desarrollar un modelo bien coordinado e interconectado para promover una cooperación en la que todos ganen (“buscar el proteccionismo es como encerrarse en un cuarto oscuro. El viento y la lluvia pueden permanecer afuera, pero el cuarto bloqueará la luz y el aire. Nadie surgirá ganador de una guerra comercial”), desarrollar un modelo de gobernanza adecuado a las tendencias históricas, en clara referencia a la reforma de las actuales instituciones financieras internacionales; propagación de un modelo de desarrollo equilibrado, equitativo e inclusivo que lleve los beneficios de la globalización a todos.

Prosperidad. Concluye su discurso con una digresión sobre los éxitos del desarrollo chino y su especificidad. La vía china al desarrollo está fundada en las realidades de China; el corazón del proceso es el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo (700 millones de personas han salido de la pobreza) y obtener una prosperidad media; la ruta china busca las reformas y la innovación; se trata de lograr el desarrollo por medio de la apertura, el desarrollo chino es de dos carriles (externo-interno). Se presentarán problemas, sin embargo, desde la época de Deng Xiaoping los chinos estaban claros de que cuando se abren las ventanas pueden entrar las moscas, pero también el aire fresco.

El mandatario chino no deja de reconocer las dificultades actuales de la economía (acumulación de riesgos financieros, capacidad excesiva, debilidad de los motores internos del crecimiento), pero reitera su propósito de seguir adelante. Reafirma las metas de buscar el crecimiento económico, impulsar la vitalidad del mercado, promover un entorno interno ordenado para la inversión y buscar otro externo de apertura para el desarrollo compartido, anunciando un área de libre comercio Asia-Pacifico, el Banco Asiático de Infraestructura y la iniciativa de la Ruta de la Seda hacia Asia central y Europa.

Lección. El párrafo final de su discurso pareciera ir dirigido hacia la otra ribera del Pacífico:

“La historia de la humanidad muestra que el trayecto nunca ha sido fácil, que la humanidad ha progresado venciendo dificultades. Ninguna dificultad, por más desalentadora, alejará a la humanidad del avance. Cuando encontremos dificultades no debemos quejarnos de nosotros, echarles la culpa a otros, perder confianza o apartarnos de las responsabilidades. Debemos juntar manos y levantarnos ante los desafíos. La historia es creada por los valientes. Debemos potenciar la confianza, tomar decisiones y acciones, unidos hacia un futuro brillante”.

Extraordinaria lección de realismo político y económico para quienes siguen creyendo que refugiarse en el cuarto oscuro de la autarquía es el camino para el desarrollo. Desde los primeros días de nuestra independencia, los costarricenses nos hemos desarrollado abiertos al mundo, aunque siempre preocupados por la equidad y la inclusión.

Contar, ante todo, con las propias fuerzas (Mao) no excluye la integración inteligente en la economía global.

El autor es politólogo.