Opinión

El reloj que puede cambiar al país

Actualizado el 16 de septiembre de 2017 a las 10:30 pm

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El reloj que puede cambiar al país

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La puntualidad es una de las exigencias de la actualidad. El que no sabe funcionar con el reloj, con los tiempos y movimientos de hoy, no podría tener éxito en la vida. Tan vital es este simple ejercicio de vivir la hora en punto, que es parte del éxito de una persona .

Es un principio de eficiencia. Pero también es un punto de apoyo para lograr la calidad del trabajo, y el saber organizar un plan de vida para cada jornada.

No se trata de estar esclavizado a un horario, con un reloj y con una hora y unos minutos para cada actividad de nuestra vida. Se trata simplemente de lograr un mínimo de orden diario. El tiempo ordenado multiplica la vida. Nos permite conocer más gente, escuchar más música, participar en muchas iniciativas más y departir con nuestra familia.

Lejos de esclavizarnos, nos ayuda a lograr los objetivos propuestos. La puntualidad es vida, para que el país progrese, los aviones, buses, trenes y barcos puedan salir en punto. No es solo virtud de los reyes, sino que es también una muestra de cortesía con los demás. Y cuando todos son impuntuales, muy fácil, nos llevamos un libro, una revista y aprovechamos el tiempo y ganaremos multiplicando supuestamente el espacio perdido.

Puntualidad es elegancia. Una lección de matemática es hoy algo importante. Requiere puntualidad, orden, trabajo conjunto. Si les vamos robando minutos al día, a la hora de clases o a la hora de estudio, se derrumba el conocimiento. Hora en punto es vital para la educación en todos los niveles.

No se entiende hoy una persona que no organiza adecuadamente su cronograma de vida, pues el llegar a tiempo requiere un hora fija, un momento adecuado, una planeación sencilla, pues hay que contar con los normales retrasos de presas, accidentes, lluvias en momentos de más prisa.

Tampoco se puede abarcar todo. Pero es posible ordenar algunos objetivos: “Hay tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado. Tiempo de derribar y tiempo de edificar… Tiempo de rasgar y tiempo de coser. Tiempo de callar y tiempo de hablar”.

El tiempo es para los demás. Con frecuencia tenemos que dedicar tiempo a los demás. Un enfermo imprevisto, una solicitud al final del día, algo que falta en la casa, un cumpleaños, una visita a una funeraria o simplemente escuchar a un amigo que necesita eso, ser atendido con detenimiento, pues tiene un problema.

Ante ese imprevisto, buena cara y siempre una sonrisa. Si somos ordenados y tenemos las cosas planeadas, los ajustes de tiempo serán posibles con un poco de paciencia sabiendo alternar las presas y movimientos.

La puntualidad de llegar a las lecciones en una escuela o en un colegio es de mucha importancia, pues frecuentemente se pierden muchos meses de lecciones por falta de esos pequeños detalles. Estar en lo que tenemos que hacer. Todo esto, de alguna manera, beneficiará nuestras vidas.

En nuestra empresa mejorarán los proyectos y la calidad de vida de toda una nación. Si sabemos funcionar con los tiempos y movimientos, todos marcharemos mejor.

Hay países que han hecho del reloj una gran virtud: Suiza, Japón, el Reino Unidos y muchos otros más. Y, finalmente, el orden se debe iniciar el día anterior a nuestras actividades. Allí esas hora previas nos permitirán planificar, ordenar y sopesar lo que podemos hacer y no tenemos capacidad de hacer.

La puntualidad hará grande a nuestro país. Por último, dejemos las prisas al llegar a nuestros hogares. Allí debemos, únicamente, llevar alegría. Los problemas se quedan en la puerta donde los recogeremos mañana.

El autor es diplomático.

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