Opinión

¿Es el modelo francés una excepción?

Actualizado el 11 de octubre de 2015 a las 12:00 am

La economía francesa alguna vez estuvo a la par de la economía alemana

Opinión

¿Es el modelo francés una excepción?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

PARÍS – El debate actual en el mundo está más centrado que nunca en la economía francesa y el análisis sobre el tamaño y control del Estado en una democracia capitalista. Para aquellos de izquierda, los beneficios generosos de Francia y los fuertes sindicatos ofrecen una fórmula para un Estado de bienestar dadivoso. Para aquellos de derecha, el obeso e intrusivo Gobierno francés solo facilita un proyecto de decadencia duradero. Por el momento, la derecha parece tener la razón.

La economía francesa alguna vez estuvo a la par de la economía alemana; pero Francia se ha rezagado en la última década y ahora su PIB per cápita es 10% inferior. Francia es superior en poder político, pero inferior en cuanto a su peso económico.

Siempre que alguien propone convertir la eurozona en una unión de transferencias, como sugirió hace poco el ministro francés de Economía, Emmanuel Macron, la suposición es que Alemania se hará cargo de todos. Sin embargo, ¿por qué solo Alemania tendría dicha responsabilidad? La economía de Francia es de casi tres cuartas partes del tamaño de la de Alemania. Persuadir a los alemanes de que los franceses pueden y quieren contribuir con su parte construiría el marco para crear los compromisos necesarios que hasta el momento parecen imposibles.

Por el momento, pocos tienen confianza en el futuro económico de Francia. La buena noticia es que Francia no es tan francesa como lo pretende. Sí, la semana laboral es de 35 horas, pero las empresas pueden negociar el límite si ofrecen pagar horas extra. El tiempo laboral por semana efectivo es cercano a 39 horas.

Sí, Francia recientemente prohibió el servicio de transporte Uber, cuyo modelo de negocio se dice ha tenido uno de los avances más transformadores e importantes de la década. Sin embargo, si bien este es un triunfo para los sindicatos de taxis y una tragedia para los pasajeros y conductores de Uber, Francia también ha empezado a centrarse en fomentar compañías de tecnología de alto potencial.

El Gobierno francés no está apostando todo a proyectos grandes dirigidos por el Estado, como hizo en el apogeo de inversión masiva en trenes de alta velocidad y aeronaves Airbus en los años setenta. El presidente François Hollande ha dado a Macron margen amplio para implementar desesperadamente las reformas estructurales en los mercados laborales y de productos. Claro, queda por ver cuánto apoyo político pueden ganar esas políticas orientadas al mercado.

Los economistas progresistas ven con buenos ojos al Gobierno francés porque gasta un alarmante 57% del PIB con respecto al 44% del PIB en gasto público que hace el Gobierno alemán. Y se debe reconocer que el Gobierno alemán ofrece un excelente valor en algunas áreas clave.

El servicio de salud francés tiene mejores evaluaciones que el de Reino Unido. Puede que los ciudadanos franceses pagan muchos impuestos y lidien con un alto nivel de regulación, pero al menos reciben algo a cambio.

Con todo, el obeso Gobierno francés no es una fuente de dinamismo puro. Y, de hecho, se puede sospechar que los indicadores franceses relativos al PIB y la productividad se ven mejor porque, a falta de precios de mercado, los estadísticos asumen ciegamente que los ciudadanos obtienen un dólar de valor por cada dólar que se invierte en el Gobierno, lo que puede ser una exageración.

Resulta preocupante no tener claro cómo podría ampliarse a los migrantes la cultura de inclusión de Francia. Las mismas leyes que restringen los despidos y los altos niveles de salarios mínimos destinados a proteger a los trabajadores franceses de la globalización hacen mucho más difícil para los recién llegados obtener un empleo. Sin embargo, prácticamente todos los estudios sobre desigualdad global indican que los beneficios de permitir una mayor movilidad laboral superan por mucho los beneficios de redistribuir el ingreso entre la población local. En contraste, las leyes laborales más liberales de los Estados Unidos y el Reino Unido dan mayores oportunidades a los extranjeros.

El centro de París y de otras ciudades francesas pueden ser grandiosos, pero muchos inmigrantes de África del norte y otros lugares viven en guetos marginados en las afueras.

Aunque la tasa de desempleo exacta que corresponde a cada grupo étnico no se conoce (la legislación francesa prohíbe reunir información con criterios étnicos), las evidencias empíricas indican niveles de desempleo mucho más elevados entre los inmigrantes y sus hijos.

Es cierto que el Gobierno proporciona beneficios sociales generosos, pero por sí mismo eso no genera inclusión. El firme apoyo popular al partido antiinmigración de Marie Le Pen, el Frente Nacional, junto con la intransigencia de Francia en lo que se refiere a recibir a refugiados que escapan de la guerra en Siria, muestra los problemas de aplicar el modelo francés en sociedades diversas.

Otro obstáculo para aplicar el modelo francés en otros lugares es que Francia tiene ciertas ventajas únicas que puede decirse son esenciales para su éxito. Los gerentes franceses de primer nivel están considerados entre los mejores del mundo y frecuentemente se les contrata para dirigir las grandes empresas internacionales.

La corrupción innegablemente es un problema, pero es significativamente menor que en el sur de la eurozona (el Estado italiano también es grande e intrusivo, pero no produce servicios públicos de alta calidad como el Gobierno francés).

Por último, Francia tiene uno de los ambientes naturales más favorables del mundo, con suelos fértiles y un clima excepcionalmente templado.

Una economía francesa saludable sería muy útil para sacar a la eurozona de su estancamiento. También sería un ejemplo para todo el mundo de que el capitalismo incluyente puede funcionar. Sin embargo, para eso el Gobierno francés debe adoptar las reformas estructurales que la economía de Francia necesita con tanta urgencia.

Kenneth Rogoff, execonomista en jefe del FMI, es profesor de Economía y Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. © Project Syndicate 1995–2015

  • Comparta este artículo
Opinión

¿Es el modelo francés una excepción?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota