Carlos Roldán promueve el camino más equivocado y menos inteligente para Costa Rica

 29 octubre, 2015

Contribuir con su conocimiento a una mejora de la gran mayoría de las personas del país es un buen objetivo para un investigador. Toda investigación contribuye a tener más información para tomar mejores decisiones, sea por el creciente problema de la inseguridad o por la dirección misma de nuestra vocación como país.

No puedo dejar de compartir los resultados de la investigación de nuestra provincia, Guanacaste, y aportar al debate del ingeniero Carlos Roldán, quien promueve el camino más equivocado y menos inteligente para Costa Rica.

Es una persona respetada en las universidades y tiene varios puestos y títulos impresionantes para poner atención a su forma de pensar; sin embargo, y con todo respeto, en sus artículos, habla de ahorros y eficiencia y en comprometer a Recope a la exploración petrolera en el peor momento en la historia del consumo de hidrocarburos.

No solamente está altamente cuestionada su idea de las prioridades de nuestro país, sino la contaminación que produciría una nación líder en la preservación, el respeto por el ambiente y la biodiversidad, y nos llevaría al desastre económico.

En estos momentos, se está deteriorando la misma estabilidad geofísica de la ciudad de Dallas, Texas, donde vive un amigo, y tiene que pagar por un nuevo seguro para temblores, en una ciudad que nunca sufría de ellos hasta que empezó el famoso fracking para extraer “gas natural” (gas metano), con pozos penetrados kilómetros debajo de la ciudad y a cada 500 metros para extraer el nuevo oro de la energía “no renovable”.

Además de existir una sobreproducción de los hidrocarburos en el mundo, Recope ha tenido una oportunidad de oro de convertir su operación en la producción de gas limpio, hecho en Costa Rica, con tecnología de punta, no del siglo XX, sino del futuro, que es hoy, con gas renovable de hidrógeno.

La miopía de los políticos y la Junta Directiva de Recope es común en nuestra democracia participativa, donde todos podemos opinar y todos podemos confundir al público, cuando no existe una visión clara de hacia donde vamos: ¿Una economía basada en la producción limpia o la producción sucia?

El fin es el consumidor. Recope bien pudo haber tomado la dirección sensata de la construcción de tanques de almacenamiento de hidrógeno, y apoyar su introducción, sin revolver las aguas con dudas legales para distraernos sobre su beneficio final para el consumidor.

Recope nació para servir al consumidor final; sin embargo, parece que los intereses económicos, políticos y sociales se han equivocado al rechazar la innovación por miedo al desconocimiento sobre su futuro, rechazando todas las investigaciones por el statu quo. No es un ejemplo positivo para la conducción de un país que busque soluciones para el crecimiento y más empleos nuevos.

Mientras Carlos Roldán empieza a sacar el petróleo de nuestras costas, y otras tierras nacionales, y construye la infraestructura de la nueva refinería, y dan en concesión las obras a quién sabe quién, el precio del petróleo puede que valga menos que hoy, y en 10 años solamente se usará para hacer plástico y construir carreteras con asfalto.

Si las guerras del Medio Oriente se han generado por el control del petróleo, y hay una forma de convertir agua en hidrógeno, más barato y más limpio, ¿no creen que es una buena idea reemplazarlo aceleradamente?

Futuro sin petróleo. El descubrimiento y la aplicación de las nuevas tecnologías de procesamiento y la conversión química de electrólisis de agua a hidrógeno es la futura energía renovable que soluciona problemas fundamentales del cambio climático y algunas desigualdades que produce la raza humana. La era del petróleo está en su menguante, no en su creciente.

Invadir o dominar a un país por sus yacimientos de petróleo no sería económicamente productivo, y aquellas naciones que contaban con altos ingresos por su recursos no renovables y contaminantes verían negativamente afectados sus ingresos. Venezuela, Ecuador y Brasil serán quienes pierdan competitividad en sus economías.

Costa Rica perdería aún más con sus préstamos y sus proyecciones totalmente errados por tener un valor volátil e intermitente, receta peligrosa para la inestabilidad del país.

El costo de producir hidrógeno bajaría un 10% o un 20% cada año cuando el mercado aumente su uso continuamente por medio de la tecnología aplicada y por las economías de escala, como ha sucedido con el precio de la producción eólica y solar.

Una mejor solución es producir energía limpia y competitiva en Costa Rica y soñar con exportarla.

¿Cuando van a trabajar de la mano los sindicatos y los políticos para una mejor Costa Rica?

Stephen Yurica Jenkins es consultor en energías renovables.