23 noviembre, 2014

La seguridad social, y de manera particular la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), representa el faro que guía el modelo de desarrollo costarricense, el modelo “nuestro”. Si bien se dice que es más fácil crear una institución que eliminarla y reformarla, lo cierto es que a lo largo de nuestra historia muchas entidades que representaron pactos temáticos, ideológicos, políticos y económicos han cedido su recuerdo a la luz de distintas crisis, de la inminente necesidad de adaptación social, e incluso a la condena en la impericia de su gestión.

La Caja ha transitado por las mismas aguas turbulentas, pero la esencia de su pacto social la ha sostenido. La situación de crisis en la institución en el 2011 nos alertó de que la institución exige cambios de paradigmas en su gobernanza y su gestión, pero principalmente la renovación de su pacto social y ético que proyecte su sostenibilidad en el tiempo sin limitar dicho concepto a un resultado financiero.

Ese pacto social renovado debe ser distinto cualitativamente y cuantitativamente si queremos pasar de una situación de frágil equilibro a un estadio de sostenibilidad.

Aunque los grandes acuerdos políticos siguen siendo necesarios, no son suficientes para abordar los retos de la prestación, la gestión y el financiamiento de los servicios de salud en una sociedad que demanda mayor información y participación.

Nuevo escenario. En la prestación de servicios, la cronicidad y el envejecimiento poblacional presionan a un sistema de salud diseñado para la atención de enfermedades transmisibles y eventos agudos. La población se caracteriza por una alta esperanza de vida y un perfil epidemiológico con una cada vez mayor carga de la enfermedad asociada a padecimientos crónicos, que exigen ya no la atención del paciente sino su retención en el sistema y el seguimiento a lo largo de su vida en cada uno de los servicios de salud.

El punto de partida para atender este reto es un claro e incólume enfoque de derechos y una renovación del modelo de prestación que permita humanizar más la batalla que enfrenta la población entre su carga epidemiológica y los servicios de salud, que en ciertos momentos se muestran lejanos a su realidad y necesidades.

En el caso de la gestión institucional, es claro que la única manera de apoyar la reorientación de los servicios de salud es con una estructura central flexible, pero también con la recuperación de la vocación sistémica de servicio. Esto implica reformar el esquema de gobernanza y gerencia institucional en favor de la eficiencia y la eficacia, pero también conlleva romper paradigmas, como la división entre el nivel central y los servicios de salud, por uno en el cual todos y todas los trabajadores seamos cobijados por una misma visión y misión que trasciende cualquier centro de trabajo, y que se sustenta en una sólida base de principios y valores.

La demanda de una mayor participación significa un desafío gigantesco para el sector salud y para el Estado en general, pues el paradigma burocrático y clínico sobre el cual se diseñaron nuestras instituciones deberá renovarse para garantizar la incidencia oportuna sobre las políticas de salud.

Tema de Estado. El financiamiento de la seguridad social es un tema que trasciende las fronteras de lo público, lo privado, lo gremial, lo sectorial y lo ideológico para ser un tema de Estado. Conforme la pirámide poblacional se vaya invirtiendo cada vez más, se requerirá sin duda una mayor universalización contributiva, que pasa por una exigencia mayor de recursos del Estado, sin cometer el error de otros países de América Latina de segmentar poblaciones y fragmentar los servicios de salud, en contra de los principios elementales que rigen nuestra seguridad social. El primer paso para preparar al Estado en este desafío es saldar en el menor plazo posible las deudas históricas que arrastra con la seguridad social, tema que el presidente Luis Guillermo Solís ha incluido en su agenda como un reconocimiento claro de su carácter impostergable.

Finalmente, todos los sectores económicos y sociales que participamos en la reconstrucción de este pacto social, en medio de una sociedad de liderazgos múltiples y cohesión social fragmentada por la desigualdad, tendremos que transcender los intereses particulares y las visiones parciales, de manera que, sin desconocerlos, garanticemos que la Caja Costarricense de Seguro Social siga siendo la preciada herencia que recibimos y la herencia centenaria que entregaremos.