2 octubre, 2015

El cambio en el clima es una realidad de nuestros días. Sus efectos acentúan las variaciones de fenómenos como El Niño y La Niña, y sus efectos se sienten en Costa Rica. Cada vez es más evidente el impacto que tendrá en el desarrollo del país.

De allí que el Plan Nacional de Desarrollo establezca, con claridad meridional, el cambio climático como eje transversal de todas las acciones estratégicas que desarrollará en este cuatrienio.

Como parte de nuestro compromiso internacional, Costa Rica presentó a finales de setiembre su Contribución Prevista Nacionalmente Determinada (INDC) ante la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, que proyecta su compromiso en acciones de aquí al año 2050.

Costa Rica centra su compromiso en la acción climática cuyo concepto central es aumentar la resiliencia de la sociedad ante los impactos del cambio climático, y fortalecer las capacidades del país para un desarrollo bajo en emisiones a largo plazo.

El Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) viene trabajando en una propuesta de Contribución Nacional desde el 2013 y en este 2015 sometimos a discusión las opciones de acción climática. Talleres temáticos y sectoriales que se organizaron con una nutrida participación permitieron captar las ideas y criterios técnicos de actores del sector público y privado para debatir las metas de reducción de emisiones sectoriales a largo plazo.

Un borrador de esta Contribución fue discutido en el Minae con expertos y científicos nacionales y se presentó ante un panel internacional compuesto por especialistas internacionales, y se obtuvo el aval de estos.

Costa Rica se ha comprometido con el objetivo de la Convención de Cambio Climático de mantener el aumento de la temperatura promedio del planeta por debajo de los 2 °C.

Esto implica una descarbonización radical de la economía mundial que solo puede ocurrir como resultado de una acción comprometida y coordinada de la comunidad internacional.

Para lograr mantener la temperatura promedio mundial por debajo de los 2 °C, hemos decidido aumentar nuestra ambición: pasamos de un concepto de carbono-neutralidad a uno de descarbonización de la economía.

Las Contribuciones Previstas Nacionalmente Determinadas (INDC por su sigla en inglés) representan el aporte que cada país estaría en capacidad de hacer a un nuevo régimen climático global posterior al 2020, de acuerdo con sus capacidades y realidades.

Para mantenernos dentro de los límites dictados por la ciencia y lograr esta meta, dicho régimen deberá ser ambicioso, legalmente vinculante, establecer un precio justo por el carbono y disponer de los medios de implementación y verificación necesarios para hacerle frente al reto del cambio climático.

A la vanguardia. Cuando el 6 de julio del 2007 el entonces presidente de la República de Costa Rica, don Óscar Arias Sánchez, como parte de su iniciativa Paz con la Naturaleza, lanzó el compromiso internacional para convertirnos en un país carbono-neutral para el año 2021, fuimos de los primeros países del mundo en hablar del tema.

En aquel entonces, el término aún no tenía una definición clara, y Costa Rica adoptó su compromiso bajo la premisa de que las emisiones cuantificadas podrían neutralizarse tomando acciones para reducirlas y compensar el remanente, de tal forma que la suma de como resultado cero, gracias a la captura de carbono en los bosques del país.

En la Conferencia de las partes, en Copenhague, en el 2009, sin embargo, la carbono-neutralidad de Costa Rica fue presentada bajo el supuesto de que el volumen total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el año 2021 iban a ser iguales o menores a las del 2005, cuando se llevó a cabo el último inventario de los GEI.

Esta meta era consistente entonces con el conocimiento científico disponible y con el grado de ambición necesario para evitar las peores consecuencias del cambio climático.

Las cosas han evolucionado desde entonces. Las acciones internacionales para reducir emisiones no han sido suficientes y esto ha permitido que los gases de efecto invernadero sigan acumulándose en la atmósfera.

El concepto de carbono-neutralidad ha venido tomando mayor importancia a nivel internacional y tiene una definición clara: cero emisiones netas de GEI.

Hoy la ciencia nos dice que para mantenernos debajo de los 2 °C será necesario que el planeta entero sea carbono-neutral en la segunda mitad del siglo XXI y que, eventualmente, logremos retirar gases de efecto invernadero de la atmósfera.

Metas. De cara a esta realidad, nuestra Contribución Nacional reafirma la meta de reducir las emisiones de GEI para lograr, en el 2021, volúmenes equivalentes a los del 2005.

Adicionalmente, la Contribución Nacional define el compromiso nacional con la carbono-neutralidad neta basada en una descarbonización profunda de la economía y establece una trayectoria a largo plazo para alcanzarla, consistente con los límites descritos por la ciencia.

Así, entonces, nos proponemos que las emisiones netas per cápita para el año 2050 se coloquen en menos de dos toneladas y para el año 2100 en menos de una tonelada.

Con la meta de carbono-neutralidad al 2021, Costa Rica se puso a la cabeza de la comunidad internacional con una acción voluntaria y retadora hacia los países del mundo que tienen más responsabilidad histórica por sus emisiones.

Con la Contribución Nacional que presentamos en la Convención sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas a final del mes pasado volvemos a asumir nuestra posición de liderazgo en estos temas.

El ser pioneros implica, por definición, el riesgo de tener que corregir el tiro. Si se hace transparentemente, esto no debería ser motivo de vergüenza o desaliento, sino, más bien, deberíamos reconocerlo como una característica intrínseca de la innovación y reforzar nuestro compromiso de que nuestras políticas climáticas vayan evolucionando conforme tengamos más y mejor información tanto nacional como internacional.

El eminente economista británico John Keynes, respondiendo a un crítico, dijo: “Cuando mi información cambia, yo altero mis conclusiones. ¿Usted qué hace?”.

Esta flexibilidad, que no debe confundirse con el fracaso o la indecisión, es indispensable ante los rigores de una situación permanentemente cambiante como lo es nuestra comprensión del cambio climático y de lo necesario para evitar sus peores consecuencias.

Esto marca la evolución en la política de cambio climático del país y será reflejada en una reformulación de la estrategia nacional para combatirlo en los próximos meses.

Edgar Gutiérrez es ministro de Ambiente y Energía.