Opinión

La derrota electoral de Cristina Kirchner

Actualizado el 18 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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La derrota electoral de Cristina Kirchner

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Algo puede ser cierto y sin embargo no representar la verdad. Un claro ejemplo de esto es la afirmación de Cristina Kirchner, recogida por alguna prensa, de que el kirchnerismo es la primera fuerza electoral en la Argentina. Esta afirmación, impuesta y manifestada por orden de la Presidente, no alcanza a reflejar el verdadero panorama político en el país.

Como casi todo lo que pasa en la Argentina, esto no es fácil de explicar. Ante todo, esta votación del pasado domingo no fue electoral en sí misma. Es, como su nombre lo dice, una primaria abierta, simultánea y obligatoria (PASO) para elegir los candidatos que habrán de confrontar en octubre para las bancas en la Cámara de Diputados y el Senado. Sistema pergeñado por Néstor Kirchner que no cumple más que muy limitadamente con su objetivo. En efecto, la mayoría de los partidos o frentes electorales ya habían decidido sus candidatos, y sólo un par de ellos dirimió sus internas en las PASO del 11 de agosto.

¿Por qué la afirmación de que el kirchnerismo es la primera fuerza electoral en la Argentina es cierta, pero no es la verdad que surge de los resultados de la votación? Porque tratándose de elecciones intermedias para puesto legislativos, no se puede hablar de un distrito nacional único, como para sumar los votos de todos y cada uno de los distritos. Hacerlo sólo le interesa al Frente para la Victoria (el partido de Cristina) que tiene estructura en todas las provincias, mientras que los partidos de oposición no la tienen.

¿Qué dicen realmente las cifras? Primero, que Cristina Kirchner ha tenido cerca del 25% de los votos, comparado con el 54% con que fue electa en el 2011, y con el 31% de su peor elección, las legislativas del 2009. Nunca en 10 años había perdido de esa manera y para ella es una caída estrepitosa, aunque se niegue a reconocerlo.

Afinando los resultados por distrito se comprueba que ha caído en la provincia de Buenos Aires (casi el 40% del electorado nacional), al igual que en la ciudad de Buenos Aires, en Santa Fe, en Córdoba (en estas tres provincias, el FPV salió tercero) y Mendoza. Todas ellas constituyen el conjunto de provincias que aportan el mayor caudal de votos.

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Ha caído en Santa Cruz, su provincia de origen y donde el kirchnerismo ha gobernado casi ininterrumpidamente desde la década de los 90 y ha perdido provincias que le eran propias, como Jujuy, Catamarca y San Juan. En aquellas que ganó, su margen ha quedado reducido al mínimo.

Lo que importa ahora, frente a las cifras y a la pérdida del valor del relato kirchnerista, es analizar qué consecuencias tendrá esta derrota. Por lo pronto, es la confirmación definitiva de que la reforma de la constitución y la re-reelección ya han pasado al olvido. Dejando de lado cómo quedarán conformadas las cámaras legislativas a partir de octubre, intentar alguna maniobra institucional es imposible con un 25% como caudal electoral.

Otro punto de análisis es el cálculo de cómo se modificarán estas cifras en la elección real de octubre. Lo razonable es suponer que el kirchnerismo (o cristinismo si se quiere) ha alcanzado su techo, y que, por el contrario, los votos opositores tenderán a concentrarse, haciendo valer cada voto para apoyar a los candidatos con más chances. A esa disyuntiva, hay que sumarle que ante la imposibilidad de la reelección de la presidente, aparecerán ahora los candidatos de su propia fuerza a sucederla, lo que aumentará la diáspora. Daniel Scioli, gobernador kirchnerista de la provincia de Buenos Aires es uno de ellos.

Es evidente que la figura que surge ganadora y como líder de una oposición es Sergio Massa, dentro de una lista peronista el intendente de un municipio de la Provincia de Buenos Aires y ex Jefe de Gabinete de la propia Cristina y ex funcionario de su esposo, con una lista peronista. Surge nítidamente como un candidato opositor al gobierno nacional. Pero los ganadores de la elección del 11 frente a Cristina son muchos más y abarcan a todo el espectro de los distritos electorales.

Por último, la gran incógnita es cómo reaccionará la Presidente y que se puede esperar de estos dos años que le quedan en el cargo. Si esta derrota sirviera para que tomara conciencia de la realidad argentina y de su propia limitación, podría ayudar a la salida ordenada del 2015 y a mejorar la institucionalidad del país, tanto en lo político como en una economía que no se presenta alentadora. Pero los antecedentes inclinan a pensar en que redoblará la apuesta y en ese caso, le esperan a la Argentina momentos difíciles, hasta la elección de un nuevo presidente.

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Guillermo Lousteau Presidente del Interamerican Institute for Democracy

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