El país no debe aceptar que se presente a los gobiernos liberacionistas como dispendiosos

 3 diciembre, 2015

Tienen razón los admiradores criollos del Tea Party norteamericano, de corte republicano ortodoxo, de atacar de manera sistemática y coordinada al Partido Liberación Nacional, y muy particularmente a Oscar Arias.

No porque sus ataques tengan fundamento, sino porque saben dónde se encuentra la única alternativa válida a sus posiciones extremistas de derecha, de ultraderecha en este caso. El mismo temor se manifiesta en la izquierda radical. Por esto, unos y otros lo combaten.

El PLN ha constituido en el país la opción por excelencia ante los extremismos de derecha y de izquierda, tan ajenos a la actitud de nuestra gente.

El paso de Oscar Arias por la función pública ha reforzado esta posición, ligándola, además, a un esfuerzo constante por modernizar el país.

Esta es la única vía hacia el progreso sin rupturas destructivas, la única capaz de continuar la línea histórica que busca un desarrollo humano con equilibrio.

Las dos administraciones de Oscar Arias crearon un ambiente propicio para las inversiones porque siempre ha sabido generar confianza. Es mucho lo que hemos avanzado en este campo, por cierto, uno de los más exitosos de su gestión.

¿Por qué, entonces, enredar las críticas tan burdamente? Sin duda, porque se trata de disparar y no hacia cualquier parte.

Hechos. Como puede verse en los ataques de estos días, ya han decidido muy bien hacia dónde apuntar sus armas. Se sienten incómodos cuando constatan los enormes y exitosos esfuerzos políticos emprendidos para desarrollar las empresas con hechos y no solo con palabras.

Se sienten molestos cuando ven el enorme respaldo que le manifiestan nuestros conciudadanos, según lo constatan todas las encuestas. Sí, sueñan con un país sin Liberación Nacional y, obviamente, sin Oscar Arias.

Hay algo que el país no debe aceptar, y es que se presente a los gobiernos liberacionistas como dispendiosos, a pesar del excelente manejo de las finanzas públicas durante las dos administraciones Arias Sánchez.

En el primer gobierno se renegoció la deuda externa, ahorrándonos más de $1.000 millones de entonces, la operación económica mas beneficiosa en la historia del país. En su segundo gobierno se redujo la deuda pública del poder central en un 13% del PIB.

Su éxito en los años anteriores a la crisis nos dio aire suficiente para enfrentar los malos tiempos. Gracias a ello, se redujeron los efectos adversos que hubiera sido normal esperar, y la desocupación no alcanzó el desbordamiento acaecido en otros países.

Sí, señores, la administración Arias defendió el empleo, porque quienes somos liberacionistas sabemos –ignoro si quienes montan el ataque lo saben– que una de las peores humillaciones para una persona honesta es carecer de trabajo.

Los ultras del conservadurismo desconocen lo que éramos no hace tanto, ignoran cómo vivían nuestros padres y nuestros abuelos, y le vuelven la espalda a lo que los hizo levantarse hasta permitirnos, a muchos, incluidos ellos, ser lo que somos.

Parecen no darse cuenta del valor que le añaden a los negocios la paz social, la educación de la gente, su salud. Se desentienden de la importancia de salvar el conjunto, seguros de que Costa Rica puede sobrevivir, con solo beneficiar la parte que ellos creen representar. Esto es muestra de lo poco que conocen el país.

Si no hay flexibilidad laboral es culpa de las administraciones liberacionistas, según insinúan equivocadamente los detractores, como si el funcionamiento de la Asamblea Legislativa, en su conjunto, no tuviera nada que ver.

Mezcla de situaciones. A juzgar por lo que dicen, el retraso en materia de infraestructura no guarda relación con el defectuoso modelo institucional del país. Parecen no tener noticias de las contradicciones que se presentan entre el funcionamiento del Estado y los propósitos e intereses nacionales, consecuencia de un sistema acartonado, incapaz de reformarse a sí mismo. ¿Y para qué iban a necesitar enterarse? De todas maneras, ya ellos tienen un culpable.

Caricaturizan los resultados de los mejores gobiernos, comenzando por los de Oscar Arias, sacándolos del contexto real para ponerlos en condiciones imaginarias, como si la política no fuera una acción destinada a conjugar las realidades con los principios.

El método más burdo de desprestigio empleado en los ataques que se están montado, consiste en mezclar años y situaciones diferentes. Se compara el 2008 con el 2015, se revuelven administraciones para confundir, en un intento de que todos los gatos parezcan pardos.

El haber más que cuadruplicado las pensiones no contributivas en beneficio de la gente mayor y de los más humildes, les parece un gasto innecesario… Sin tomar en cuenta que esto se dio en medio de la crisis económica más grande en casi un siglo.

El incremento en el número de becas del programa Avancemos, cuando caían las economías del orbe, les parece intrascendente porque estaba proyectado desde su concepción. Fingen ignorar lo que pasaba en otras partes del mundo y hacen la vista gorda de cara a los problemas de gobernabilidad. Niegan la crisis invisibilizándola y, algo peor aún, minimizan a su gusto los grandes logros de Costa Rica, durante uno de los más difíciles periodos de su historia. Su objetivo es posicionar una visión errónea de la realidad con fines electorales.

¿Ignorarán, de veras, que los proyectos y las metas en medio de una crisis se valoran de otra manera? Los lectores saben que es así y esos críticos extremistas también; solo que no lo dicen.

Esconden información y por eso no reconocen que la pobreza disminuyó durante los primeros años de la administración Arias y que fue en medio de la crisis que se dio un inevitable retroceso en lo alcanzado.

A juzgar por el contenido de los ataques, estamos frente a una plataforma de lanzamiento... solo falta saber quién será el candidato ultraconservador.

Lo más sano sería que quienes con todo derecho emprenden esa aventura política, lo hagan abiertamente, de manera clara, y expongan, sin subterfugios, lo que en realidad quieren hacer con el país. ¿Querrán recetarnos un Coffee Party, copiado del Tea Party? Me temo que las cosas anden por ahí.

El autor fue presidente de la Asamblea Legislativa y ministro de Educación.