La política del mar, más que un documento o una comisión, debe ser una realidad en las costas

 2 abril, 2016

La Convención de Diversidad Biológica menciona con acierto que son tres los objetivos que nos llevan a una conservación de la biodiversidad: la conservación, el uso sostenible y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de su uso.

En relación con el ordenamiento marino de las pesquerías de camarón, que gracias al interés ciudadano está por primera vez en la palestra de discusión nacional, estos elementos deben ser tomados en cuenta e informados desde lo científico-técnico para garantizar las mejores decisiones políticas.

Nadie está de acuerdo en la técnica de arrastre usada de forma irresponsable y poco eficiente. Hay tres elementos que debemos también considerar al hablar de conservación del camarón y de los cuales todavía se ha hablado poco en los medios y en la discusión:

1.- No solo los barcos semiindustriales de arrastre llevan a cabo la pesca del camarón. Los barcos artesanales también lo hacen de forma casi siempre ilegal o no formal (que son cosas muy diferentes). Y, más aún, el camarón se pesca también desde la playa con mallas muy pequeñas, que mal utilizadas lo extraen en estadios juveniles de su reproducción y dañan la sostenibilidad.

¿Qué pasará entonces cuando los barcos semiindustriales sean eliminados completamente? Países como la India eliminaron en su momento los barcos rastreros semiindustriales e industriales en ciertas áreas marinas, como el sur en Kerala, y al tener estas especies un ciclo muy corto, se reprodujeron rápidamente. Las personas de las costas invadieron los mares con miles de barcos artesanales y, desesperados por la pobreza y la falta de oportunidades, exigían el uso de este recurso.

Esta es la verdad del caso de nuestro golfo de Nicoya. Con el alejamiento progresivo que ha ido teniendo la flota semiindustrial camaronera al igual que en la India, al existir el recurso y no contarse con un manejo ni control eficientes, sumado a la falta de oportunidades, lo que se ha producido es una multiplicación de la pesca ilegal y no formal de embarcaciones artesanales.

No podemos ordenar el mar generando las pescas artesanales no formales que no legitiman una cultura digna de mar y que no permiten el aprovechamiento sostenible de un recurso. No se vale tampoco decir que sea el Gobierno el que arregle el problema del empleo de la gente que pierde su trabajo.

Un mar prístino, ¿para quién? Esa es la pregunta que debemos hacernos hoy y siempre en una Costa Rica donde el mar de playas y aguas maravillosas son para el disfrute ajeno cada día más y más.

2.- Existen formas sostenibles de aprovechamiento del camarón. Son siete las especies que tenemos en Costa Rica y más de diez las pesquerías sostenibles que se han certificado internacionalmente sobre cómo hacer esto en forma responsable.

Existen organizaciones internacionales que certifican la sostenibilidad de la pesca, incluida la del camarón y otras especies, como el MSC (Marine Stewardship Council).

La conservación no se hace sacando a la gente de su territorio o quitándoles a las personas el derecho de uso, se logra con convencimiento, con participación, con respeto a los derechos humanos.

Y eso es un hecho claro y evidente en el voto de la Sala Constitucional, con el que todos los costarricenses, o al menos una mayoría, están de acuerdo. Dice la Sala que no se otorguen licencias de aprovechamiento de camarón, pero hasta que comprobemos que se desarrolla de forma sostenible y se compruebe con estudios técnico-científicos que no estamos haciendo un uso irresponsable del recurso.

3.- Finalmente, no debemos desistir nunca de la participación ciudadana en la generación de política pública, derecho que habíamos dejado de ejercer desde hace mucho tiempo.

La política del mar, más que un documento o una comisión como ha sido por años, debe ser una realidad en nuestras costas. Debe brindar alegría y bienestar a los pescadores, molusqueros y sus familias.

¿Estamos de acuerdo o en desacuerdo? Ustedes lo dirán. Hoy, gracias a la participación de más de 300 costarricenses en una mesa de diálogo, hemos avanzado como nunca antes hacia la sostenibilidad del mar, y esta vez para beneficio de una enorme mayoría. La historia dirá.

La autora es bióloga.