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Transporte ferroviario: el camino necesario para el desarrollo

Actualizado el 16 de abril de 2015 a las 12:00 am

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Transporte ferroviario: el camino necesario para el desarrollo

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Conducir dos horas en un embotellamiento para avanzar 20 kilómetros; viajar 45 minutos utilizando el transporte público, en el que hay que bajarse de dos a tres veces para ir de Pavas a San Pedro; o caminar por San José respirando el humo contaminado de un montón de camiones de carga, es el día a día de muchos costarricenses, un escenario que requiere una urgente intervención, la cual se ha demorado mucho tiempo.

El progreso económico y social de un país está asociado a la infraestructura y a los sistemas que posea para facilitar la movilidad de mercancías y personas. En los últimos meses, se ha discutido acerca del alto costo de producir en Costa Rica, y no hay duda de que ello responde a la saturación vial que sufren las rutas más importantes del país, lo cual provoca altos gastos externos de transporte.

Existen algunos proyectos viales, como San José-San Ramón, la ruta 32 y Circunvalación norte, que fueron aprobados recientemente para aumentar la capacidad de algunas de las principales conexiones terrestres del país. Si bien estos proyectos traerán grandes beneficios, no solucionarán en su totalidad la congestión vehicular actual; a corto plazo, incrementarán la demanda por el transporte privado, que ya de por sí crece aceleradamente, y en unos años estaremos de nuevo en el mismo problema.

Por ello, es importante que el Estado aumente y diversifique la oferta de transporte, tanto de personas como de carga.

Ventajas del ferrocarril. El Gobierno debe impulsar con fuerza el desarrollo del transporte ferroviario, que ha dado muy buenos resultados en países europeos.

El ferrocarril tiene muchísimas ventajas en comparación con otros sistemas de transporte. Una de ellas es que se realiza de manera coordinada en centrales de operación y con altas medidas técnicas de seguridad, lo cual lo convierte en el medio de transporte con menor cantidad de víctimas mortales por accidentes.

Además, debido a esta coordinación centralizada, es posible calcular con bastante precisión los tiempos de viaje y horarios de salida y llegada, lo que beneficia la planificación, disminuye costos operativos de las empresas y aumenta la productividad, ya que se puede trabajar con menor incertidumbre. Por ejemplo, transportar carga de San José a Limón por carretera puede tardar más de tres horas en una distancia de 160 kilómetros (si no hay ningún accidente o derrumbe), mientras que en un tren moderno el viaje se podría hacer en dos horas.

Los beneficios de tiempo en distancias mayores a 250 km, como Limón-Nicaragua, son más grandes y tendrían un impacto positivo en la competitividad del país y en el turismo, una de las principales fuentes de ingresos.

Por otro lado, el desarrollo del transporte ferroviario es posible con una menor ocupación de suelo. Por ejemplo, una carretera de cuatro carriles necesita unos 30 metros de sección transversal, mientras que un tren electrificado de doble vía requiere apenas 13,7 metros. En ese sentido, dos carriles y 1,6 km de camiones pueden transportar 1.600 toneladas por metro de carga, mientras que un tren de 800 metros de largo lo hace en una sola vía.

Una carretera de 80 km/h y tres carriles por sentido permite el paso de 24.000 personas por hora, mientras que a la misma velocidad y con una ocupación de suelo dos veces y media menor, un servicio de tren moderno puede transportar a 40.000 personas.

El Estado costarricense tiene en algunas zonas el derecho de vía, y en él su principal activo. Este es un importante beneficio en términos de costos por expropiaciones.

Finalmente, este medio de transporte causa baja contaminación, aspecto especialmente importante para un país que aspira a convertirse en carbono neutral para el 2021. En el movimiento de mercancías, el tren produce 23 g-CO2/t-km (gramos de dióxido de carbono por tonelada de carga por kilómetro), mientras que por carretera la cifra asciende a 87 g-CO2/t-km (DB AG, ifeu Heidelberg, Öko-Institut). Lo anterior implica que el transporte ferroviario emite solamente la tercera parte de dióxido de carbono que los camiones. Si Costa Rica lograra utilizar un 100% de energía renovable, como lo ha hecho durante los primeros meses del 2015, en un tren electrificado, esa cifra de CO2 sería nula.

Esto sucede debido a que el sistema funciona sobre ruedas de acero y rieles también de acero; el coeficiente de fricción entre ambos es sumamente bajo, por lo que las necesidades energéticas para su operación son también pequeñas. La factura petrolera tiene un importante peso sobre las importaciones, por lo que disminuir ese costo generaría un importante ahorro para el país.

Alianzas público-privadas. Invertir en infraestructura resulta caro, y las instalaciones ferroviarias no son la excepción, por lo que las alianzas público-privadas son esenciales para su desarrollo.

En este sentido, es importante destacar la experiencia de países como Alemania y su sistema para la operación de los sistemas ferroviarios. En este país, el Estado es el principal accionista de una sociedad anónima (Deutsche Bahn AG). Esta se encuentra subdividida en tres conjuntos operativos: transporte de pasajeros, logística e infraestructura.

Existen empresas privadas, subsidiarias de la sociedad anónima, que pertenecen a uno de los tres grupos. Una de ellas, por ejemplo, puede formar parte de la subdivisión de logística, con lo que adquiere permiso para explotar el transporte de mercancías. Para utilizar la infraestructura debe pagar un “peaje” a la subdivisión de infraestructura, que esta su vez conformada por otras subsidiarias.

Costa Rica pierde competitividad cada día que pasa, por lo que es urgente que el país despierte, ponga en operación el 100% de la infraestructura ferroviaria que ya posee, e invierta vigorosamente en este sector para potenciar el crecimiento social y económico, al mismo tiempo en que reduce el impacto ambiental por concepto de transporte.

El país no puede seguir esperando que se construyan más y mejores carreteras, que tardan años de años en concretarse, y no puede continuar retardando el fortalecimiento del Incofer.

El ciudadano costarricense merece opciones de transporte cómodas y rápidas, que le permitan alejarse del estrés de la carretera y le permitan realizar otras tareas mientras se desplaza. La empresa privada y los exportadores requieren transportar su mercancía de manera rápida y segura.

Una red ferroviaria en el país no debería ser un sueño: tiene que ser una realidad.

El autor es ingeniero civil.

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