Opinión

Permisos de construcción y desarrollo nacional

Actualizado el 16 de enero de 2013 a las 12:00 am

El subdesarrollo no es un problema de presupuesto, sino de pensamiento

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En el ejercicio profesional me toca ver cómo la empresa privada interactúa con la pública y los Gobiernos locales. Las diferencias que separan ambos tipos de negocios no son de tipo presupuestario, sino más bien de concepto.

La empresa privada y, en último lugar, el trabajador privado se deben ganar el sueldo. La empresa sabe que, si no se trabaja, no tiene remuneración. Si no produce, el cliente abandona su empresa y sale a la competencia.

La empresa pública y el trabajador público no conocen la competencia y, lejos de ganarse el sueldo, el trabajador público debe justificar su puesto, que es la diferencia conceptual más importante.

No me toca a mí saber si el trabajo de uno es más importante que el otro, o si uno trabaja más que otro, lo que quiero es mostrar cómo interactúan cuando se juntan.

En el ámbito en donde mejor he podido observar las diferencias es en el de la construcción, específicamente en el trámite de permisos de construcción.

La diferencia en conceptualización hace que el Ministerio de Salud, por ejemplo, solicite un “uso de suelo” que emiten las municipalidades simplemente para saber si la última está de acuerdo con el proyecto. El resultado de este requisito es que la municipalidad me atrase un mes porque el muchacho que hace el estudio de uso de suelo está aprendiendo, como me dijeron recientemente en la Municipalidad de Alajuela, o que necesite 2 certificaciones, el visto bueno de 2 oficinas y la firma de “don Armando”, como me dijeron en la Municipalidad de Santo Domingo.

El Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA) ha entendido su lugar en el juego (no sé si por presiones de los mismos agremiados). La función del CFIA no es revisar si el profesional sabe su trabajo, sino simplemente registrar la responsabilidad profesional del proyecto y cobrar su timbre. Al final el único responsable ante una eventualidad es el ingeniero o arquitecto y no la institución que dio el visto bueno.

Otra realidad se vive en Estados Unidos, en donde se tiene un modelo de tramitología que beneficia el desarrollo. Las licencias se tramitan con mucha rapidez; incluso de horas, pero durante el proceso constructivo se debe cumplir con varias inspecciones por parte de las autoridades de gobierno que terminan de autorizar el proyecto.

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Este proceso requiere un mayor esfuerzo por parte del equipo diseñador y constructor, que estoy seguro que mis colegas estarían dispuestos a tomar, pero requiere un esfuerzo de recursos mayor por las autoridades del Estado también. El funcionario que antes revisaba papeles e ideas, ahora inspecciona realidades. Ya no se permite que diseñemos una cosa y construyamos otra, o el “metámoslo a permisos así y después construimos algo diferente”. El modelo es beneficioso en todos los ámbitos y, lo mejor de todo, beneficioso para el desarrollo del país.

Estoy consciente de que necesitamos controles adecuados para evitar la corrupción y las estafas como las de construir en un lote que no me pertenece, o no tener una viabilidad ambiental en un proyecto lleno de vicios. De lo que estoy hablando es de tener esos controles en los lugares adecuados. No entiendo por qué, actualmente, me piden certificaciones registrales en todas las entidades en donde tramito los permisos.

La empresa pública tiene que reconocer que el desarrollo del país nos beneficia a todos; que los proyectos de inversión son los promotores del desarrollo y, lo más importante, que estamos en el mismo equipo. El subdesarrollo no es un problema de presupuesto; es un problema de pensamiento.

Yo, por mi parte, seguiré en el constante viacrucis de los permisos de construcción. Sonriéndoles a los funcionarios y haciéndoles buena cara para que me saquen cuanto antes mis planos, porque, si no, me los engavetan o los pierden; recomendando y tratando de convencer a los inversionistas nacionales y extranjeros que invertir en nuestro país es un buen negocio; justificando al funcionario o el trámite ante el inversionista para que no se desmotive y desista del proyecto.

Lo más irónico de mi relato es que inicié estas líneas esperando que don Hugo me reciba para que me explique por qué todavía no han sido aprobados los permisos de mi proyecto.

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