Opinión

¿Internet o Intifada?

Actualizado el 11 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

La intifada que está surgiendo demuestra el gran peligro que supone el enfoque de Netanyahu

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TEL AVIV – Según el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la actual ola de ataques con arma blanca a judíos por “lobos solitarios” palestinos se debe por completo a la incitación de la Autoridad Palestina y a páginas de Internet islamistas. Está claro que Netanyahu espera que los israelíes y el mundo entero crean que la agitación de los palestinos cesaría y aceptarían tranquilamente la ocupación si en Internet estas páginas difundieran fotos de gatitos.

De hecho, son las acciones de Israel las que provocan a los palestinos, empezando por la coacción permanentemente de sus derechos debido a la ocupación. Además de humillar a diario a los palestinos en los puestos de control, los colonos israelíes han destruido los cultivos y olivares de palestinos, e incendiado una vivienda en Cisjordania, en donde tres personas resultaron heridas y un bebé murió.

Si a esto se agregan los frecuentes allanamientos de viviendas que los militares israelíes llevan a cabo a altas horas de la noche en busca de “sospechosos de terrorismo”, y la incesante expansión de los asentamientos israelíes, resulta muy claro que los palestinos no necesitan de difusiones en Internet para justificar su enojo.

Resulta irónico que sea justamente Netanyahu quien hable de incitación. ¿Acaso no fue una incitación cuando días antes de que el primer ministro Yitzhak Rabin fuera asesinado, en 1995, por sus esfuerzos para hacer la paz con los palestinos, que este apareciera en pósteres representado con el uniforme de las SS nazis mientras Netanyahu daba un discurso ante una manifestación? ¿No fue una provocación que Netanyahu en meses tempranos del año intentara movilizar a los electores judíos al avisar que “la izquierda acarrea en autobuses a gran cantidad de votantes árabes”?

Este mes, una de las declaraciones descaradas e incendiarias de Netanyahu de que Haj Amin al– Husseini, el gran muftí de Jerusalén, había sugerido a Adolf Hitler la idea de aniquilar a los judíos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial suscitó una ola de ataques mediáticos. Cuando se trata de celo antisemita, los antecedentes de Husseini difícilmente necesitan falsos agravantes, a menos que evidentemente se quiera presentar a los palestinos como coautores del Holocausto.

Al parecer, esta vez Netanyahu ha ido demasiado lejos; después de más de una semana de manifestaciones de repudio, incluso de historiadores israelíes, se vio obligado a retractarse, pero es poco probable que se le condene.

Para Netanyahu, la incitación es un poderoso instrumento político. Alimenta los temores y las decepciones de los israelíes, lo que le permite preservar un statu quo que, al menos en el caso de Palestina, beneficia a Israel. Como señaló el mes pasado en una reunión a puertas cerradas del Comité de Defensa y Relaciones Exteriores del Knéset, Israel debe seguir “controlando todo el territorio”, y añadió que el país “vivirá siempre por la espada”.

Por supuesto, este método no siempre ha dado buenos resultados; por ejemplo, a pesar de todos sus esfuerzos, Netanyahu no pudo bloquear el acuerdo nuclear internacional con Irán. Sin embargo, en lugar de reconsiderar su planteamiento, simplemente lo ha reorientado, a fin de volver a señalar a los palestinos como la principal amenaza para la existencia de Israel.

La intifada que está empezando a surgir actualmente demuestra el gran peligro que supone este enfoque. Exacerbar el temor y el resentimiento de los israelíes hacia los palestinos no solo socava las posibilidades de una solución política, también atiza la frustración y la ira de los palestinos hacia los israelíes.

Esa ira ya es intensa, especialmente entre los jóvenes palestinos que viven bajo la ocupación israelí. Consideremos las condiciones de vida en Jerusalén oriental, el epicentro de la rebelión descentralizada, donde cerca del 77% de los palestinos viven por debajo del umbral de pobreza. No solo los servicios municipales son deficientes o inexistentes; los palestinos también se enfrentan a la constante presión de grupos religiosos judíos empeñados en afirmar el control de Israel.

La paciencia de los jóvenes palestinos, que son la tercera generación que vive bajo la ocupación, se ha agotado. A pesar de ser una generación mayoritariamente secular, usan el concepto de la yihad (el puñal es un símbolo ostensible del Estado Islámico) para denunciar la sumisión de sus padres, cuestionar la incompetencia de los dirigentes palestinos y, sobre todo, presentar una resistencia a los ocupantes israelíes. Por eso han elegido como íconos de su rebelión los santuarios sagrados del islam en el Monte del Templo en Jerusalén (Haram al– Sharif para los musulmanes).

Si los gobiernos autoritarios que aplicaban mano de hierro en países como Egipto y Túnez no pudieron evitar que sus pueblos los derrocaran durante la Primavera Árabe, ¿cómo se puede esperar que una Autoridad Palestina debilitada ponga fin a esta rebelión? De hecho, en estos momentos, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, está más preocupado por no correr la suerte de Hosni Mubarak en Egipto, de Zine el-Abidine Ben Ali en Túnez, que por detener la violencia. Para evitar la ira de los jóvenes palestinos, se ha negado a condenar su campaña de terrorismo, e indirectamente ha alimentado la ira por la supuesta violación por parte de Israel del statu quo en el Monte del Templo.

Esta estrategia tendrá graves consecuencias, pues últimamente ha estado ganando terreno entre los israelíes un sentimiento de fervor también peligroso en lo que se refiere al Monte del Templo, el sitio más sagrado para el judaísmo. Aunque la ley judía prohíbe explícitamente a los judíos subir al Monte del Templo para evitar la profanación del más venerado de sus santuarios antes de la venida del Mesías, un creciente número de israelíes –desde fanáticos religiosos hasta miembros de la coalición gobernante de Israel– ahora están a favor de desafiar esa prohibición. Afirman que los judíos deben visitar el lugar sagrado e incluso construir un templo para fortalecer la soberanía de Israel en ese lugar.

La concentración del actual enfrentamiento en el Monte del Templo le ha dado un carácter apocalíptico. Es hora de que ambas partes, sobre todo los israelíes, reconozcan cuán peligrosa es la situación. Al diluir las fronteras entre Israel y los territorios palestinos, los israelíes han creado las condiciones para una guerra civil permanente. La solución de dos Estados puede haber dejado de ser atractiva para las dos partes; pero una solución binacional, al menos en las circunstancias actuales, sería una pesadilla.

Shlomo Ben-Ami, exministro de Relaciones Exteriores israelí, es vicepresidente del Centro Toledo para la Paz Internacional. Es autor de Scars of War, Wounds of Peace: The Israeli-Arab Tragedy. © Project Syndicate 1995–2015

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