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Gustavo Araya: Deshojar la temporada verde

Actualizado el 20 de junio de 2015 a las 12:00 am

El país debe aprovechar la época lluviosa para atraer conferencias y convenciones

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Para quien no está inmerso en el mundo del turismo, el término “ green season ” –acuñado en nuestra región para referirse a la temida temporada baja, que coincide con la época lluviosa donde el país se torna verde– puede sonar extraño.

Tras la Semana Santa, y salvo contadas excepciones por feriados o actividades especiales en ciertos lugares (como la Anexión de Guanacaste, la Maratón de Tamarindo o la Transat que llegó a Limón en el pasado), la visitación de turistas nacionales y extranjeros a las zonas turísticas cae por debajo del punto de equilibrio en muchos lugares de Costa Rica.

Si lo recogido durante la temporada alta se administra mal durante la temporada baja, cualquier empresa es vulnerable a sumirse en la crisis, sea esta pequeña, media o una gran corporación.

En términos relativos, las ocupaciones pueden bajar hasta 50 puntos porcentuales en comparación con la temporada alta. La afectación es tanto para la hotelería como para el resto de los sectores económicos del país, pues involucra a proveedores, profesionales relacionados, taxistas, vendedores de suvenires, entre otros.

Así las cosas, el reto del país es deshojar el green season y cambiar la tan marcada estacionalidad turística del país sacando provecho a la época lluviosa, en lugar de verla como una desventaja.

Convenciones. Uno de los potenciales de nuestro país debería ser, precisamente, nuestra temporada única de lluvias y clima fresco, que es muy perseguido por el segmento de reuniones, incentivos, convenciones y exhibiciones (MICE, por su sigla en inglés). Mientras en el hemisferio norte el sofocante verano hace imposible llevar a cabo actividades al aire libre de junio a agosto, en el hemisferio sur lo impide el frío antártico del invierno.

En nuestras manos está una solución a muy corto plazo, que simplemente depende de la convicción de hacer diferente las cosas: el segmento MICE. El país debe prepararse y enfocarse en el debido mercadeo, en campañas de relaciones públicas y en un plan de promoción en las redes sociales y el comercio electrónico, acorde con la tendencia mundial en este nicho. Pero, sobre todo, debe esforzarse por educarse y comprender la forma en que nos beneficiaría este segmento, que por años no ha sido prioridad ni del sector público ni del privado.

En el pasado, los esfuerzos de Costa Rica en este segmento han sido muy distorsionados. Sin embargo, el Instituto Costarricense de Turismo ha comprendido esta necesidad y finalmente se están llevando a cabo los ajustes necesarios para dirigir las acciones de forma estratégica, para así atraer al nicho MICE, cuya temporada fuerte, curiosamente, coincide con nuestra green season : de mayo a octubre.

Ingresos que se escapan. Como ejemplo de lo que el país ha perdido por no decidir las acciones correctas en este segmento, en un estudio hecho con la base de datos de la International Convention and Congress Association, en el 2015, Costa Rica tuvo la oportunidad de efectuar 367 reuniones, congresos o convenciones para grupos de entre 50 y 500 participantes.

Esto habría generado poco más de 90.000 nuevos visitantes al país durante los meses de mayo a octubre, y más de $130 millones adicionales a la economía nacional, lo que equivale a 7.500 empleos directos y 15.000 indirectos.

Con este cambio de paradigma, estaríamos entrando a una nueva era en el turismo con gran potencial, no solo por la posición geográfica del país, sino por el buen nombre que hemos tenido en turismo y negocios durante muchos años.

Pero este compromiso debe ser de todos, no solo de las autoridades gubernamentales, que deben comprometerse con la construcción de un centro nacional de convenciones, sino también de la empresa privada, que debe profesionalizar a sus colaboradores y aprovechar las oportunidades de formación y aprendizaje de quienes llevan camino recorrido en esta materia, como Uruguay, España, Argentina y Perú.

Estos países se han repartido en el último quinquenio gran parte de los $52 billones que ha generado el nicho MICE durante este tiempo, y del cual Costa Rica ni siquiera ha obtenido las migajas.

(*) El autor es presidente de la Cámara Costarricense de Hoteles

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