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Fonabe: ¿Beneficio o penitencia?

Actualizado el 01 de abril de 2016 a las 12:00 am

El sistemade solicitud de becas es un viacrucispara el docente

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Fonabe: ¿Beneficio o penitencia?

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Laboro en una escuela rural perteneciente a la Dirección Regional de Alajuela. Una de las responsabilidades que me ha correspondido asumir y, quizá la más frustrante, es formar parte del Comité de Becas encargado de tramitar becas de Fonabe. ¿Por qué? Por los muchos obstáculos que se deben afrontar.

Veamos un ejemplo. En el 2015, mediante una circular, el Fonabe indicó que, dada la escasa capacidad operativa y la magnitud de las regiones por atender, durante el 2015 se enfocarían en unas regiones y las otras quedarían para el 2016. Por lo tanto, aunque estudiantes nuevos solicitaran beca en la escuela donde laboro, deberían esperar el 2016 para ser recibidos.

Pues bien, para que el Comité de Becas presente estos casos debe solicitar cita al Fonabe.

Con la idea de ofrecer “igualdad de oportunidades a todas las instituciones”, el Fonabe determinó que el período para solicitar cita sería solo la última semana de cada mes y exclusivamente vía Internet o por teléfono. Y aquí empieza el viacrucis: un miembro del Comité de Becas intentó hacerlo vía Internet, pero el ingreso a la página no es ágil y solo permite cuatro minutos de espera, luego de los cuales hay que volver a intentarlo.

Mediante la línea telefónica, el fracaso fue similar, pues solo se escuchó el tono de ocupado. Cuando el funcionario hizo infructuosamente los intentos durante la última semana de febrero (para optar por una cita en marzo), consultó mediante correo electrónico, la respuesta del Fonabe fue que las citas se otorgaron todas antes del mediodía del lunes, o sea, esperar al otro mes.

Ante este panorama, el lunes de la última semana de marzo (para obtener una cita para abril) el encargado inició la lucha desde las 3 de la mañana, pero, el sistema del Fonabe no permite el ingreso a la página antes de cierta hora.

Siguió intentando sin resultados positivos, ni por Internet ni por teléfono, durante la mañana. Se supone que, como docente, su principal función es atender a los niños en lugar de estar pendiente del ordenador a ver cuándo se realiza la conexión o cuándo se desocupa el teléfono del Fonabe.

Antes de esa disposición, al menos era posible sacar cita con anticipación, y en ocasiones fueron otorgadas para un año luego de solicitadas, pero al menos había una garantía de que los casos nuevos de la institución serían atendidos.

Ahora habrá que esperar hasta finales de abril a ver si es posible obtener una cita para mayo, y podría suceder que todos los meses fuera imposible. ¿Entonces? ¿Se queda la institución sin la posibilidad de que alguno de sus estudiantes tenga una beca? Si Fonabe dictó la directriz de que unas regiones fueran atendidas en el 2015 y otras en el 2016 debería, en aras de la igualdad de oportunidades, garantizar una posibilidad real de que se van a otorgar citas y no obligar a los docentes a estar prácticamente mendigando todos los meses a ver si la suerte les favorece.

Exclusiones. Todos los años hay que hacer corroboración de que los estudiantes becados son alumnos de la escuela. A principios del 2015, al realizar este trámite de rutina, apareció una lista grande, lo cual alegró al Comité (eso implicaba que habían aprobado becas para varios estudiantes cuyos trámites se habían iniciado en el 2013 y el 2014).

Empero, al revisarla minuciosamente, lo primero que se observó fue que venía con una letra microscópica, no en orden alfabético y algunos de los nombres aparecieron repetidos y otros fueron omitidos.

Cuando los padres llamaron al Fonabe a preguntar por qué a sus hijos les fue suspendido el beneficio, tranquilamente les “informaron” que el Comité reportó su traslado a otras instituciones.

¿Por qué los miembros del Comité de Becas reportarían como trasladados a niños que han sido alumnos de la institución desde que ingresaron al sistema educativo, cuando eso nunca sucedió? ¿O acaso esos traslados fueron obra de los duendes?

Así un niño que en el 2014 estaba en quinto grado fue excluido por Fonabe sin ninguna explicación y el Comité, al notarlo, hizo la indicación del yerro en marzo del 2015, pero el Fonabe no corrigió el error en todo el año.

Al salir de sexto grado, e ir al IMAS para continuar en el programa Avancemos, le indicaron a su familia que no estaba en el sistema y que volviera a empezar de cero.

Situaciones inexplicables. De otros niños suspendidos de la lista de beneficiarios, inexplicablemente, el Fonabe exigió que se presentaran copias de las notas de los tres años anteriores para corroborar que efectivamente fueron alumnos de la escuela durante ese tiempo. ¿Cómo sacan a estudiantes de las listas sin que medie un documento probatorio de su traslado a otra institución? ¿Y cómo culpan a los Comités de Becas de las escuelas?

Sigo con otro ejemplo de inconsistencia: un niño ingresó a nuestro centro educativo por traslado proveniente de otra escuela, y ya gozaba del beneficio de la beca. Cuando cursaba segundo grado, se presentaron los trámites para su hermanita, quien cursaba transición, y para su otro hermanito, quien cursaba materno.

Curiosamente, le otorgaron la beca al niño de materno y a la niña le exigieron otro documento que, según indicación del Fonabe, solo sería recibido por correo certificado. Resulta que excluyeron al mayor sin ninguna justificación y el Comité de Becas tuvo que reportarlo varias veces para que volvieran a incluirle.

¿Por qué hicieron esa diferencia? ¿No son los mismos ingresos los que cobijan a toda la familia? ¿Por qué hay unos requisitos para unos y no para todos? El Fonabe, a todas luces, debería hacer estudios familiares en lugar de uno a uno, así evitaría que las familias se vean obligadas a realizar los mismos trámites una y otra vez porque de algunos documentos no aceptan fotocopias aunque se les presente el original.

Algunas familias ven en una beca la posibilidad de que sus hijos permanezcan en el sistema educativo, pero la realidad es que Fonabe no actúa con la misma intención, y el proceso para obtener esta ayuda es una legítima penitencia.

La autora es educadora en la escuela Thomas Jefferson, en Concepción de Atenas.

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