Opinión

Educación, base de la supervivencia

Actualizado el 20 de julio de 2013 a las 12:01 am

Todo estudiante escapaz deaportar ideas importantes

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En la década de los noventa, una periodista norteamericana entrevistaba a uno de los muchos vendedores de nabos y zanahorias que ofrecían sus productos en la periferia del Parque Gorki, en Moscú. La periodista hacía preguntas relacionadas con el modo de vida que enfrentaba diariamente, y, entre pregunta y pregunta, se sorprendió al saber que el vendedor de nabos era doctor en Economía, exprofesor de la Universidad de Moscú, ahora desempleado.

Este ejemplo parecía corroborar lo que muchos pensaban: la educación no asegura desarrollo económico ni social. Sin embargo, esta es una conclusión apresurada, y la historia del Imperio romano servirá para refutarla.

Las ciudades romanas eran habitadas por miles de personas, y la vida de una población grande necesita de condiciones básicas, tales como el suministro constante de agua potable. Surgiría la pregunta lógica: ¿cómo abastecer de agua a una población, si las principales fuentes de agua se encuentran a distancias enormes de los centros urbanos? La solución romana fue uno de los mayores logros de ingeniería en la historia: el acueducto. En su creación fue necesario combinar todo el conocimiento técnico y científico acumulado hasta la época en hidráulica, arquitectura y administración pública. El conocimiento científico griego, transmitido en los libros del arquitecto Marco Vitruvio, se mezclaba con el sistema educativo griego, adoptado por Roma. Por tanto, el desarrollo educativo permitía el desarrollo tecnológico, fundamento de la infraestructura por la cual existía el Imperio romano.

Hoy en día, un país desarrollado debe contar con infraestructura mínima, constituida por puertos marítimos, ductos para transportar hidrocarburos, aeropuertos, cableado eléctrico de alta tensión, carreteras para que la población se movilice a sus trabajos, casas, escuelas, centros comerciales y hospitales, y por las cuales se movilicen también vehículos de transporte pesado con la materia prima necesaria en la industria.

Destinos del conocimiento. El conocimiento, fundamental para la creación de infraestructura, ha tenido dos diferentes destinos. Uno de ellos ha sido el que se transmita entre las clases gobernantes, mediante sistemas educativos exclusivistas, como los que se darían en el antiguo Egipto, donde el conocimiento secreto se perdía con la muerte de los faraones. Otro, más razonable, consistió en distribuirlo a toda la población, independientemente de su clase social, lo cual fue la razón que permitió a Alemania tomar la delantera económica ante Inglaterra, a finales del siglo XIX, pues una sociedad donde hasta los niños tenían conocimiento técnico era una sociedad en la que surgían muy frecuentemente descubrimientos trascendentales.

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Para mejorar las condiciones de una población, se requiere un sistema educativo que permita analizar problemas sociales, tales como la miseria, el sida, la delincuencia, la contaminación ambiental y otros muchos. En la medida en que la información se distribuya a más y más personas, aumentando el conocimiento individual sobre temas sociales importantes, es más probable que muchos solucionen los problemas que antes debían solucionar unos pocos. Esta distribución del conocimiento a escala masiva es solamente posible a través de sistemas de educación pública, de acceso abierto. Y en este asunto, la Internet tendría un papel educativo importante: democratizar la información.

Hoy, digitando algunas palabras en un motor de búsqueda, una persona tiene acceso a información de cualquier tipo. Treinta años antes, esta misma información hubiese sido exclusiva de aquellos que podían darse el lujo de tener bibliotecas personales, saturadas de enciclopedias especializadas.

Educación y accesibilidad. Cuando un sistema educativo es accesible solo para los más ricos, o tiene requisitos de admisión que solo cumplen los más inteligentes, la educación se convierte en privilegio de unos pocos. Todo estudiante, independientemente de su capacidad intelectual o económica, es capaz de aportar ideas importantes, y la acumulación de cientos de estas ideas puede constituirse en la solución de problemas significativos, como sería el encontrar la cura del cáncer, o la detección de un terremoto.

Tanto las metodologías educativas como la evaluación del aprendizaje deberían enfocarse en la resolución “grupal” de problemas, en la que cada estudiante aporta ideas que surgen de lo aprendido no solo en el aula escolar, sino también en cualquier otro ambiente disponible. Los sistemas educativos tradicionales están constituidos por niveles y privilegian el individualismo. Cada estudiante está por su cuenta: cada uno debe resolver sus propios problemas y no los del otro. Lo importante es acumular puntos y pasar al siguiente nivel, aunque no se haya aprendido absolutamente nada.

Industrializar un país es sinónimo de desarrollo económico, mientras que crear sistemas educativos de participación abierta es sinónimo de desarrollo humano. Aunque la educación juega un importante papel en el proceso en el que un país se desarrolla tecnológica y económicamente, la educación no es un simple ejercicio de capacitación laboral, es la base de la supervivencia de la raza humana como especie en un mundo que, desde tiempos inmemoriales, ha sido por completo hostil.

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