Barack Obama, en una misiva al supremo jefe de Irán, propuso concretar el asunto de las armas atómicas y una fórmula de cooperación respecto al ISIS

 9 noviembre, 2014

Gracias a la acuciosidad de la prensa, ha salido a la luz una carta, designada “secreta” por la Casa Blanca, del presidente, Barack Obama, dirigida al supremo jefe de Irán, el ayatolá Alí Khamenei. En ella, la cuarta misiva que Obama le ha enviado al truculento rector islámico desde el 2009, cuando ganó por primera vez la Casa Blanca, promueve un acomodo en torno a la ofensiva militar aliada contra el ISIS (Estado Islámico). Recordemos que el ISIS es un movimiento terrorista que se ha afincado en Siria e Irak, desde donde suele lanzar ataques apocalípticos contra Gobiernos y figuras políticas, sobre todo chiitas, que los militantes sunitas desean borrar del mapa.

Como sabemos, hay negociaciones en marcha de las cinco potencias permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania, para detener la carrera nuclear de Irán. Los voceros del régimen islámico niegan poseer, o aspirar a fabricar, armamentos de esa naturaleza. Con tal finalidad, han permitido algunas inspecciones limitadas y restringidas de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, siglas en inglés).

Sin embargo, un informe confidencial reciente de la IAEA subrayó las sospechas de que Irán trabaja en el diseño de una bomba atómica. Estos temores han sido alentados por el atraso iraní de varios meses sin suministrar la información requerida por la IAEA, concerniente a ensayos y trabajos de investigación para el desarrollo de armas nucleares. Hay temores de que un dictamen de la IAEA sin esas pruebas sería objetado y atacado por Gobiernos, instituciones y especialistas, y hasta por el Capitolio en Washington.

Obama propuso en su carta que, para el 24 de noviembre, se debía concretar el capítulo fundamental de las armas atómicas y, después, una fórmula de cooperación con respecto al ISIS. El texto de la nota apunta a una especie de quid pro quo con Irán. No obstante, un oficial de la Administración indicó que, de ser necesario, la fecha del 24 de noviembre podría moverse a días posteriores.

La Casa Blanca omitió informar a potencias amigas sobre la carta a Khamenei, enviada por Obama a mediados de octubre. Señalemos que la revelación de la carta secreta, dada a conocer el viernes por The Wall Street Journal, ha desatado una tormenta en la prensa mundial. Con respecto a las reacciones de Gobiernos aliados de Washington en la región, en particular Arabia Saudita y los principados del Golfo Pérsico, se sabe que adversan arreglos de esa índole con Teherán. Tampoco Israel, por medio de su ministro del Exterior, tardó en externar su preocupación por lo que se negocie con Irán, pues, en su criterio, prácticamente pondría a los ayatolás al timón de la diplomacia estadounidense en la zona.

El foco de la pugna negociadora con Irán versa sobre el número de centrífugas permisibles. Irán, comenta el diario israelí Haaretz, se ha mostrado reacio a discutir ese renglón. Ante la insistencia de las potencias negociadoras en que necesita reducir su nivel, Teherán ha respondido con números cada vez más altos. Desde luego, este proceso no conduce a ningún lado. La carta de Obama podría quizás interpretarse como un sorpresivo tañido de campanas para sacudir a Irán de su ensimismamiento. Tal vez, pero las experiencias con los iraníes han sido tradicionalmente complicadas. Es la cultura del bazar de cara a prácticas más modernas de negociación.

Más allá del microcosmos de las conversaciones en marcha, el análisis de la carta, hasta hace poco secreta, ha evidenciado el afán de Obama de darle lustre a su legado para la historia. Esta interpretación suscita preocupaciones en torno a posibles actitudes de la Casa Blanca que motiven una flexibilidad inusual y plagada de peligros. En todo caso, el curso futuro de estas conversaciones quizás permita discernir mejor las incógnitas que se acumulan sobre los métodos y prácticas de la presente Administración estadounidense.