Opinión

EDITORIAL

Viendo pasar el tren…

Actualizado el 21 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Otros países en la región procuran alternativas que van desde el metro hasta la red interconectada de servicios, pero Costa Rica sigue viendo pasar el tren

Los ingentes esfuerzos por recuperar el Incofer no se vieron acompañados por la decisión de darle al tema un lugar prioritario en la agenda gubernamental

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El futuro del Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer) debe plantearse más allá de sus problemas financieros inmediatos y contemplarse dentro del único enfoque que puede darle sostenibilidad económica, respaldo político y sentido social: un sistema integrado de transporte público. “Lo demás es jugar de casita”, como declaró atinadamente el expresidente José María Figueres.

Mientras otros países en la región enfrentan con seriedad el tema, al contemplar alternativas que van desde el metro hasta la red interconectada de servicios, Costa Rica sigue viendo pasar el tren… Este es uno de los campos en que es más notoria la ausencia de visión de medio y largo plazo.

Después del “cierre técnico” de 1995, en los últimos 12 años se recuperó el derecho de vía, que es el verdadero activo del Incofer, y se pusieron en operación cuatro líneas urbanas. Aunque la institución no se ha alejado por completo de la fragilidad financiera que la llevó a la bancarrota hace dos décadas, el mayor mérito de la gestión de Miguel Carabaguíaz, como presidente ejecutivo, es haber puesto de nuevo en movimiento el tren de pasajeros y la idea de un medio de tránsito alternativo o complementario para los usuarios.

Sin embargo, los ingentes esfuerzos por recuperar el Incofer y la red no se vieron acompañados por un lugar prioritario, en la agenda de los Gobiernos de turno, para los temas de desarrollo urbano, circulación vial y ahorro energético. Por lo tanto, los alcances de la reciente modernización ferroviaria fueron limitados. Sin desechar los aspectos valiosos de esta experiencia preliminar, el país no debe pensar más en cómo mantener a flote el tren, sino en cómo echar a andar un sistema general de transporte público y privado para la Gran Área Metropolitana (GAM).

El eje principal de este esquema es un tren eléctrico rápido que interconecte las cuatro provincias centrales con circuitos de autobuses y otras modalidades de transporte, movilizando a miles de personas hacia zonas estratégicas por su uso residencial, industrial o comercial. Las líneas urbanas actuales utilizan máquinas diésel que, si queremos modificar nuestra matriz energética y potenciar las fuentes renovables, deben ser sustituidas por locomotoras eléctricas de mayor capacidad y rendimiento.

En diferentes foros, tanto políticos como técnicos, hay coincidencia sobre este proyecto. Siendo así, ¿cuál es el paso siguiente para “dejar de jugar de casita”? Según el presidente actual del Incofer, Guillermo Santana, es indispensable que la Asamblea Legislativa apruebe la ley de fortalecimiento de la institución “para poder ejercer un papel de liderazgo en un nuevo desarrollo del transporte de carga y de pasajeros”.

El marco jurídico propuesto permitiría la modernización global de la red ferroviaria y la realización de obras de infraestructura como la construcción del tren metropolitano y las vías necesarias para la integración de los puertos marítimos y aéreos.

Sin embargo, cabe preguntarse si no es “poner la carreta delante de los bueyes” esperar a que la Asamblea Legislativa apruebe el proyecto de ley, sin una posición más decidida del Poder Ejecutivo. El Tren Eléctrico Metropolitano (TREM) existe, al menos en el papel, desde el 2009, y dos años después se incorporó al Plan Nacional de Desarrollo 2011-2014, donde duerme.

Si el Gobierno actual desea relanzar esta iniciativa, debe otorgarle el lugar que merece en su agenda de prioridades.

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