Opinión

EDITORIAL

Medicinas peligrosas

Actualizado el 09 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Las autoridades de salud decomisaron 67.000 productos, valorados en ¢235 millones, cada uno de los cuales representa un daño potencial para quien lo consuma

Las inspecciones y decomisos son fundamentales, pero la información constante y bien dirigida al consumidor es indispensable

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Entre el 13 y el 17 de junio, el Ministerio de Salud, con asistencia de otras autoridades, se lanzó a una inspección de locales donde se comercializan medicamentos ilícitos, una verdadera amenaza para la salud. Los inspectores decomisaron productos vencidos, falsificados, carentes de registro sanitario, contrabandeados, prohibidos, con etiquetas alteradas y almacenados en condiciones insalubres.

En total, decomisaron 67.000 productos, valorados en ¢235 millones, cada uno de los cuales representa un daño potencial para quien lo consuma. La “hormiga negra”, por ejemplo, es un estimulante sexual con potentes dosis de Sildenafil, capaz de producir un infarto. Lo venden en algunos “sex shop”, sin advertencia alguna y como si se tratara de un confite. Las autoridades también decomisaron anabólicos destinados a algunos gimnasios.

La comercialización indiscriminada de suplementos dietéticos, remedios naturales, fármacos y cosméticos no autorizados hace tiempo dejó de depender de la existencia de locales físicos y ahora también se hace, para mayor preocupación de las autoridades, mediante las redes sociales.

Los operativos del Ministerio de Salud son necesarios y merecen reconocimiento, pero el problema subyacente es educativo y exige un esfuerzo adicional. La comercialización ilícita de productos de esta naturaleza no es la única amenaza para la salud. En cualquier hogar costarricense hay una gaveta llena de fármacos, almacenados sin mayor cuidado y vencidos. Quizá fueron recetados para una dolencia y esperan, en un rincón, para ser utilizados en la atención de otro mal, sin que medie criterio médico.

La Caja Costarricense de Seguro Social se ha quejado de los efectos del desperdicio de medicamentos sobre sus finanzas. Quizá se receten demasiados, pero hay en el problema una importante responsabilidad de los usuarios. No tomar los medicamentos y guardarlos para después es una práctica peligrosa.

La utilización inadecuada de los antibióticos es uno de los temas más frecuentes de los llamados al consumo cuidadoso de fármacos. Estos medicamentos no deben ser ingeridos sin respeto a las indicaciones relativas a la dosis y duración del tratamiento. Solo el personal médico conoce, además, los efectos secundarios, pero la tendencia a la automedicación prevalece con fuerza.

Otro problema de importancia se centra en el consumo de productos anunciados como naturales. Esa condición, por sí misma, no los hace seguros. Sin embargo, está muy extendida la idea de que si no curan, al menos no hacen daño. El público debe ser educado para distinguir entre los productos de consumo autorizado y los comercializados sin los permisos establecidos para garantizar la seguridad.

El Centro Nacional de Intoxicaciones y el Ministerio de Salud han hecho frecuentes advertencias sobre la venta descontrolada de productos “naturales” y la fácil evasión de las restricciones. El número anual de intoxicaciones tratadas en los centros médicos pasa del centenar, solo en el caso de estos remedios. En particular, causa preocupación su ingestión por mujeres embarazadas y personas obesas, dos poblaciones especialmente propensas a consumir ese tipo de sustancias.

Las inspecciones y los decomisos son fundamentales, pero la información constante y bien dirigida al consumidor es indispensable, no solo para advertir la presencia de productos peligrosos en el mercado, sino también para educar sobre el manejo seguro de los fármacos legales, aun los recetados por la Caja. Mal utilizados pueden resultar letales.

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