Opinión

EDITORIAL

Lucha contra el calentamiento global

Actualizado el 30 de abril de 2014 a las 12:00 am

Los países centroamericanos tenemos un grave interés en las soluciones y no podemos permanecer de brazos cruzados

Costa Rica podría hacer mucho más para acrecentar la autoridad moral ya conquistada en los foros internacionales

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Lucha contra el calentamiento global

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Según el informe “Cambio climático 2014: energía renovable y mitigación”, publicado por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, bastaría cuadruplicar el uso de energías limpias para impedir el aumento de la temperatura planetaria en dos grados centígrados y salvar a la humanidad de las graves consecuencias del calentamiento global.

Vista por el lado amable, la conclusión implica que la humanidad tiene recorrida la cuarta parte del camino y existe la oportunidad de un progreso acelerado, dado el abaratamiento de las tecnologías necesarias para generar electricidad con el viento, el sol, los recursos geotérmicos y el agua.

Sin embargo, la tecnología necesaria para aumentar la producción de petróleo y gas natural avanza todavía más rápido. No hace mucho, el presidente Barack Obama celebró el hallazgo en Estados Unidos de reservas de gas natural para todo un siglo. Se trata de un combustible mucho menos contaminante, pero no del todo limpio.

Las tecnologías de perforación horizontal y fractura hidráulica permiten extraer el gas y el petróleo atrapados entre las rocas y todavía no depositados por filtración en los yacimientos. El petróleo extraído con esas técnicas es costoso, pero los precios internacionales y el avance industrial lo hacen competitivo. Hace poco más de una década, Estados Unidos extraía de esta forma 200.000 barriles diarios, un 3% de su consumo, pero la cantidad ya se quintuplicó y continúa la búsqueda de nuevas reservas.

El siglo mencionado por Obama es mucho más del plazo fijado por los científicos para cambiar el rumbo, so pena de daños irreparables. Si llegáramos al 2100 en las condiciones actuales, el calentamiento global aumentaría entre 3,7 y 4,8 grados, con consecuencias catastróficas.

Para conseguir la meta de reducir las emisiones de carbono entre un 40% y un 70%, como lo proponen los 235 expertos de 58 países integrados al IPCC, el mundo debe abandonar la adicción a los combustibles fósiles. El cambio conlleva importantes implicaciones para las economías de todo el mundo y, en particular, las de las naciones más contaminantes, entre ellas Estado Unidos y China. Entre ambas, producen el 41% de las emisiones de gases nocivos.

No hay comparación entre la enormidad de esa contaminación y la de las naciones centroamericanas. Sin embargo, el Istmo está entre las regiones más amenazadas del planeta. Según los científicos, el calentamiento global someterá a nuestra región a un caprichoso régimen de lluvias, oscilante entre la sequía y la lluvia torrencial, causa de inundaciones.

Tenemos, pues, un grave interés en las soluciones y no podemos permanecer de brazos cruzados. Nuestro campo de acción son los foros internacionales, donde Costa Rica habla con la autoridad moral de un país modelo en el manejo forestal que, desde hace 27 años, es pionero en el mercado internacional del carbono y ha recuperado un 31% de su cobertura boscosa.

Pero podríamos hacer mucho más para acrecentar la autoridad moral ya conquistada. Si bien nuestra dependencia de los hidrocarburos es relativamente pequeña, tomando en consideración la cantidad de energía generada a partir de fuentes renovables, especialmente el agua, también es cierto que hay mucho espacio para expandir la producción de energía limpia aprovechando la geotermia, el viento, el sol y aun las posibilidades hídricas restantes.

Recordarlo es particularmente importante este año, porque en su primer trimestre el país batió todas las marcas de quema de combustibles fósiles para abastecer la demanda energética del verano. Los 124 millones de litros consumidos en ese periodo –un 26% más que en el primer trimestre del 2013–no habrían sido necesarios si el Estado hubiera desarrollado una política energética acorde con los recursos naturales existentes y los mejores intereses de la humanidad.

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