Opinión

EDITORIAL

La Fed y sus tasas de interés

Actualizado el 21 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

La Fed pospuso la fecha, pero no su voluntad de empezar a subir las tasas de interés. Su presidenta, Janet Yellen, aclaró que no descartan iniciar el ajuste este año

El país debe mejorar su situación macroeconómica, caracterizada por un gran desequilibrio fiscal, antes de que las tasas de interés se normalicen en Estados Unidos

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La decisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos (conocida como Fed) de posponer la decisión de subir sus tasas de interés puede ser analizada desde dos puntos de vista, cada uno con sus pros y sus contras.

Uno señala la oportunidad para hacer ajustes internos que se han venido posponiendo, particularmente en lo fiscal, antes de que las tasas comiencen a subir; otro, probablemente más realista, identifica una oportunidad perdida para iniciar los ajustes que de todas formas resultan inevitables, despejar de una vez las dudas sobre cuándo y cuánto se ajustarán las tasas de interés e iniciar la normalización. Desde esta perspectiva, la incertidumbre permanece.

La Fed pospuso la fecha, pero no su voluntad de empezar a subir las tasas de interés. Su presidenta, Janet Yellen, aclaró en conferencia de prensa el jueves pasado que no descartan iniciar el ajuste este año, pues todavía quedan dos reuniones del Comité de Operaciones del Mercado Abierto, en octubre y diciembre. Reforzó así la idea de que el ajuste es inminente.

Yellen justificó la decisión por varias premisas fundamentales: el estancamiento de los precios internos en EE. UU. frente a la meta de inflación, fijada en un 2% anual; la reciente apreciación del dólar y su impacto en las exportaciones; el magro incremento de los salarios a pesar de la reducción en la tasa de desempleo, que ya se encuentra en un 5,1% de la fuerza laboral; el riesgo que representa la desaceleración de la economía china y el modesto desempeño del crecimiento en la Unión Europea y países emergentes, así como la inestabilidad de los mercados financieros internacionales. En este contexto, debe recordarse que el Banco Mundial le recomendó emprender un proceso de ajuste muy gradual para no afectar las economías de los países en desarrollo. Por primera vez, la Fed toma en cuenta a sus socios internacionales y esa es una buena señal.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) también ha alertado sobre la volatilidad que podría producirse en los mercados cambiarios de los países en desarrollo, particularmente los más vulnerables, al ajustar las tasas de interés que han permanecido demasiado tiempo en niveles muy bajos. Al subir, variaría la rentabilidad relativa de las inversiones financieras de los títulos denominados en otras monedas frente al dólar, la inversión financiera podría cambiar de dirección, al menos parcialmente, apreciar el dólar y depreciar concomitantemente las otras monedas, especialmente las más vulnerables. Costa Rica no tendría por qué ser la excepción. Y aquí es donde entran en juego las dos interpretaciones mencionadas al inicio.

La decisión de posponer el ajuste de las tasas de interés es vista por algunos economistas nacionales como una oportunidad para implementar las reformas necesarias, particularmente fiscales y de endeudamiento interno y externo en monedas extranjeras para enfrentar mejor la inestabilidad cambiaria que podría sobrevenir. Algo tienen de razón, sobre todo en cuanto al endeudamiento externo de los bancos comerciales y el riesgo de los deudores catalogados como no generadores de divisas, que aumentaron, en parte, por la laxitud del Conassif al regular el riesgo de acreedores y deudores. Pero en cuanto a lo fiscal, la posición de esos economistas resulta demasiado optimista, pues no es realista pensar que el Gobierno reducirá el gasto, ni los diputados aprobarán nuevos impuestos, en el corto período restante antes de que las tasas comiencen a subir.

Analistas internacionales, por el contrario, ven la posposición como una oportunidad perdida. Presuponen correctamente que el ajuste sería muy gradual, por lo que, de todas suertes, el impacto en las tasas de interés y las monedas de nuestros países sería moderado y, quizás, se mantendría algún apetito por invertir en títulos de deuda soberana y en las respectivas monedas, pues aún prevalecería un diferencial entre las tasas de interés de los EE. UU. y las de nuestros países que, incluso, podrían ajustarse hacia arriba para compensar el denominado riesgo país. Visto de otra forma, la normalización de la política monetaria por parte de la Fed sería saludable para los países en desarrollo que han visto la apreciación de sus monedas en los mercados cambiarios por influencia de los flujos de capital.

Dice un viejo refrán que no hay mal que por bien no venga. Si nos ubicamos en el caso de Costa Rica, donde se ha registrado alguna apreciación real del colón, menores flujos de capital financiero en el futuro cercano podrían llevar el tipo de cambio a niveles superiores por la propia interacción de la libre oferta y demanda de divisas, sin forzar intervenciones, siempre y cuando el Banco Central mantenga una baja inflación, que ha sido fuente de apreciación en el pasado reciente.

En todo caso, e independientemente de cuál de los dos enfoques se prefiera, está claro que el país debe mejorar su situación macroeconómica, caracterizada por un gran desequilibrio fiscal, antes de que las tasas de interés lleguen al nivel de normalización en Estados Unidos. Así podríamos contrarrestar mejor los riesgos de una mayor volatilidad internacional.

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