Por: Jorge Guardia 27 septiembre, 2016

Volvieron a aflorar los ataques a las políticas monetaria y cambiaria del Banco Central y las presiones por devaluar el colón. Es evidente que pretenden beneficiar a personas y entidades privadas que poseen ahorros o grandes patrimonios en dólares, en perjuicio de quienes perciben ingresos en moneda nacional.

Critican el imaginario conservadurismo de la política monetaria. No contentos con la baja en la tasa de política monetaria a 1,75%, quieren hundirla a cero, o bajo cero, con el falaz argumento de que regalar dinero aumenta la producción y empleo. Pero les cogió tarde. Ya la inflación salió a flote y pronto anclará en la meta (3% anual). Seguir hundiendo tasas e inundando el mercado con liquidez comprometería la estabilidad y falsearía el dique donde se aferra el valor adquisitivo de los salarios.

Esgrimen el avaro argumento de que la apreciación del colón creó una supuesta deuda cambiaria del 30% a su favor, que luego bajaron (con rubor) al 20% (y a pagos, ja, ja), ignorando que la apreciación emana de factores ajenos al BCCR. Y yerran al invocar el bajo coeficiente de variabilidad del colón para argüir que hay una política de tipo de cambio fijo, cuando lo real es que permanece en zona de equilibrio y, por tanto, ha de mostrar poca variabilidad. Es absurdo obligarlo a bailar mambo cuando el suelo está parejo (eso solo lo logra, con prestancia, el Mambo Núñez).

Exigen ahora que el BCCR se abstenga de intervenir. Es lo más insincero que he visto. Resulta que los grandes intervencionistas de antaño se volvieron librecambistas a ultranza, cuando hace escasos meses clamaban por una intervención “sucia” para evitar la apreciación. Decían que el BCCR tenía el deber de comprar reservas, aunque pusiera en entredicho sus pérdidas y la inflación, en perjuicio de los pobres. Doble moral: cuando no intervenir beneficia a exportadores o banqueros, ¡fuera manos!

El BCCR fue transparente al optar por la flotación administrada (nunca dijo que sería pura); también, al no desear que las cotizaciones trepidaran violentamente en un mismo día o intentaran fugarse de su valor de tendencia, como el jueves anterior. Conoce la pequeñez del mercado e influencia de grupos inescrupulosos que propalan rumores para dañar expectativas. El costo económico y social de una gran devaluación supera con creces el beneficio. Hay estudios técnicos que así lo demuestran (próximo artículo). Entonces, ¿por qué tanta saña y cizaña? Porque perdieron la batalla ante el BCCR (no les paró mientes) y ahora quieren desprestigiarlo. Exudan avaricia y rencor.