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Actualizado el 11 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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Mauricio Macri asumió ayer la presidencia argentina, junto con un equipo reformista de inspiración liberal. Atrás quedan 12 años de peronismo Fernández-Kirchner.

El domingo, la alianza opositora arrasó al “socialismo del siglo XXI” en Venezuela y alcanzó una supermayoría parlamentaria de dos tercios.

En Brasil, el país y el gobierno de Dilma Rousseff se han hundido en la peor crisis de corrupción, y una de las mayores en la economía, desde la restauración democrática. Con apenas un 10% de apoyo popular, el Congreso ha iniciado un proceso para destituirla.

Lo que pasa en los dos países más importantes y en el más catastrófico de Suramérica se puede interpretar como parte de una marejada de rechazo a la izquierda y apoyo a la centroderecha.

Algo hay de cierto. Sin embargo, existe una lectura complementaria. La virtual rebelión de los ciudadanos –allí donde se les permite expresarse–, no ha sido contra una marca ideológica en sí, sino contra su encarnación, con grados diversos, en los peores males crónicos de la política latinoamericana: la corrupción, el caudillismo autoritario y el populismo económico.

Distintas expresiones de esas patologías han sido magnificadas en Argentina, Brasil y Venezuela, y también en Nicaragua, Ecuador y Bolivia, por gobiernos que se autoproclaman izquierdistas. Y han sido aplaudidos por quienes adoptan esa misma identidad ideológica. Sin embargo, la izquierda es tan heterogénea y relativa como la derecha.

De izquierda es también el Frente Amplio, pero ha gobernando casi impecablemente (me refiero al de Uruguay, por supuesto). Y de izquierda son los sobrios socialistas chilenos.

La rebelión electoral de los venezolanos ha sido contra la “boliburguesía” corrupta, el colapso de la economía, el asalto al Estado y el autoritarismo rampante. Los argentinos se hartaron del vandalismo económico, desdén institucional y conflictividad de Cristina Fernández y compañía. Y los brasileños descubrieron que Rousseff y su partido los engañaron durante la última contienda electoral y que Petrobras fue asaltada sin recato.

El rechazo ha sido contra la izquierda demagógica, irrespetuosa, ineficaz y –en Venezuela– autoritaria. Es la que, por desgracia, se ha generalizado en el hemisferio; la que necesita exorcizarse para mantener vigencia.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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Eduardo Ulibarri

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Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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