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Actualizado el 15 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Veo un cambio en la política salarial oficial y una contradicción con los objetivos de empleo y metas de estabilización monetaria. El nuevo Gobierno se unió a los trabajadores para ignorar, de hecho, la fórmula de cálculo adoptada por el Consejo de Salarios y decretó un aumento expansivo. Eso traerá consecuencias.

En el 2011, el Consejo de Salarios, integrado por patronos, trabajadores y Gobierno, había cambiado la fórmula de cálculo para ajustar los salarios mínimos. Ya no se ajustarían con base en la inflación pasada, sino que tomaría en cuenta otros factores adicionales como la inflación esperada, según el programa macro- del BCCR (meta de inflación anual dividida entre 2 para el cálculo semestral), incremento per cápita promedio (considerando un amplio período de tiempo) y ciertos ajustes adicionales para compensar (o deducir) excesos (o defectos) en la inflación observada durante el período en vigencia luego del ajuste.

Con base en esa fórmula, la Unión de Cámaras presentó una propuesta de un 1,33% para este segundo semestre. Tomó la inflación del segundo semestre del 2013, que resultó más baja que la originalmente programada; la meta de inflación para el 2014, y un factor adicional de 0,13% por el aumento per cápita de marras. Implícito estaba el incremento salarial real del primer semestre del 2013 porque la inflación ese año fue menor y, también, que la mayor variación del IPC observada en el primer semestre del 2014 se compensaría en la revisión del segundo semestre de este mismo año.

El Gobierno, al final, decretó un aumento de casi el doble de la cifra obtenida de la fórmula. La preocupación es que, si ya se apartó una vez de la que produciría estabilidad en el tiempo, es muy probable que lo haga de nuevo y anule el acuerdo del Consejo de Salarios.

¿Cuál fórmula o principio observará en el futuro? ¿Lo sustituirá por otro más político, subjetivo o populista? Los patronos no sabrán exactamente a qué atenerse por la incertidumbre involucrada. Entonces, ¿qué podrían hacer para protegerse? La respuesta es muy sencilla: subir precios. Y eso se llama “inflación”.

En Economía, los salarios reales se determinan por la interacción de la oferta y demanda de trabajadores. Cuando el Estado impone una política salarial expansiva, se distorsiona el equilibrio y la respuesta es más desempleo.

Siempre he creído que, para mejorar los salarios reales, primero hay que hacer crecer la economía; luego, reducir el desempleo (y ser cauto con la inmigración) y, después, dejar que la mayor demanda por trabajadores puje al alza los salarios. Si se hace al revés, la mejoría laboral será insostenible. Y se irá lo comido por lo servido.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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