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Actualizado el 18 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Yo no discrepo de las decisiones de la Junta Directiva del BCCR en materia cambiaria. Creo que es un esfuerzo sincero por mejorar un mercado de monedas que apenas comienza a desarrollarse, y –más importante aún– un paso firme para lograr algo más fundamental que la estabilidad cambiaria: controlar la inflación.

Claro que todo mercado incipiente se puede mejorar, al igual que el aprendizaje de los bancos, empresarios, particulares y las mismas autoridades. La experiencia ajena y la profusa literatura internacional pueden servir de guía. Lo fundamental –dicen los autores– es permitir mayor flexibilidad en las cotizaciones y que los bancos centrales contengan su tentación (y sepan resistir la presión) de intervenir cotidianamente. Hay que dejar al mercado orientar la tendencia y equilibrio, y, a los particulares, asumir sus propias responsabilidades.

Las intervenciones en el mercado cambiario –dicen Karacadag, Duttagupta, Fernández e Ishii– deben ser “selectivas y parsimoniosas”. ¿Por qué? Agregan que por cuatro razones importantes: 1) la desalineación del tipo de cambio no siempre es fácil de reconocer y medir, dadas las muchas y conflictivas metodologías para hacerlo; 2) las volatilidades de corto plazo no siempre justifican intervención; 3) la intervención no siempre es efectiva para morigerar el tipo de cambio o reducir la volatilidad; y 4) la intervención es más efectiva cuando es poco frecuente, pues maximiza la “sorpresa” y afianza la confianza de que el Banco Central está comprometido con la flexibilidad.

¿Cómo juzgar las decisiones del BCCR en las últimas semanas a la luz de esos enunciados? De nuevo, mi valoración es positiva (pero, claro, se aplican restricciones). Veo un compromiso con la flexibilidad y fijación del tipo de cambio por el mercado, y el deseo de respetar la tendencia (equilibrio) de medio y largo plazo. También percibo la intención de limitar la intervención para preservar la integridad de la programación monetaria y controlar la inflación.

Por eso me alegré tanto cuando el tipo de cambio bajó la semana pasada sin ninguna intervención del BCCR. Sirvió para demostrar que la flotación administrada, de hecho, sí puede funcionar, y, también, lo riesgoso que puede resultar especular en un mercado cambiario que viene saliendo de un tipo de cambio fijo (anclado por tres años) y andaba buscando –o anda buscando– su nuevo nivel. Buena lección par los aventureros. Emulando a Pascal, mi última recomendación es que el Central, en sus pesquisas del tipo de cambio de equilibrio de medio y largo plazo, debe recordar que el mercado tiene sus razones que su razón no siempre comprende.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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