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Actualizado el 16 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Agradezco a Miguel A. Rodríguez haber llamado mi atención sobre una linda historia entre dos economistas de dos partidos distintos. Tenían fuertes diferencias ideológicas y, sin embargo, cultivaron una cercana amistad.

Uno es Gregory Mankiw, profesor de Economía en Harvard, cuyo libro de texto hemos usado los profesores en la UCR; el otro es Jason Furman, también notable economista. El primero fue maestro del segundo (que nunca fue segundo en nada) y dirigió su tesis de grado. De ahí surgió la entrañable amistad. Solían cenar juntos, intercambiar ideas, discutir temas, hasta que un día…

Resulta que el presidente Obama escogió a Jason como director del Consejo Económico por sus méritos académicos (y, desde luego, por militar en el partido Demócrata). Mankiw se alegró y lo felicitó. Luego escribió en el New York Times esa historia intitulada Politics Aside, a Common Bond for Two Economists. No me pidan traducirla literalmente. Le va mejor algo así como La amistad por encima de la política .

Cuenta que un fuerte vínculo naciente de la economía une a los economistas. ¿Por qué, entonces, terminan en distintos partidos? Da tres explicaciones. Una es que toda sociedad enfrenta una disyuntiva entre equidad y eficiencia: al pretender repartir el pastel más equitativamente se daña el incentivo para trabajar y, al final, el pastel decrece. Los demócratas se arropan con la equidad; los republicanos, con la eficiencia (allá sí hay verdadero bipartidismo). La segunda es la disyuntiva entre derechos sociales e individuales: cuanto más se fortalecen los primeros, más sufre la libertad individual. Y, la tercera, es cuánto confiar en el poder centralizado sin caer en la opresión (ni corrupción, agrego yo).

En Costa Rica enfrentábamos las mismas disyuntivas y nos separaban las mismas razones, sin que los economistas de Unidad nos disputáramos con los de Liberación. Seguíamos siendo amigos, podíamos dialogar. Era la época del bipartidismo, de la dicotomía entre centro-derecha y centro-izquierda, antes de que explotara el firmamento en tantas estrellas partidarias e irrumpiera el meteoro de la ingobernabilidad. Se conocía bien las ideas del PLN ante el PUSC, y el elector transitaba por las justas manchando el dedo conforme a su convicción. Pero ahora no se sabe quién es quién. El PLN se movió a la derecha, el PUSC a la izquierda (creo), el ML y FA en esquinas opuestas, y el PAC no logra ubicar su ideología. ¿Revivirán estas elecciones el bipartidismo? ¿Por dónde anda el grueso del electorado? Tal vez dejó de creer en ideologías y va hacia un pragmatismo electoral.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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