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Mujeres y abuelos en la unidad de antimotines

Actualizado el 03 de noviembre de 2013 a las 12:02 am

21 mujeres y muchos abuelos son parte del grupo antimotines

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Mujeres y abuelos en la unidad de antimotines

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El ala femenina Nicole Eduviges Chavarría Mora nació en Alajuelita, pero a los 6 años, sus padres se la llevaron a Ciudad Neilly. Allá hizo su vida: trabajaba en un ingenio de palma aceitera hasta que, un día, un amigo le contó que iba a hacer las pruebas para entrar a la Policía. Ella lo acompañó por  curiosidad y también presentó papeles. A él no lo llamaron; a ella sí. De pronto, se vio en San José como policía: “Al inicio fue un ‘shock’”, recuerda entre risas, pero poco a poco le fue tomando el gusto al oficio. Lleva seis años en la Fuerza Pública, todos ellos en la Unidad de Intervención Policial (UIP). Ella es parte de la minoría: solo 21 agentes de los 315 son del género femenino. Tiene 28 años y, hace un año y ocho meses, se convirtió en madre. “Pensé en pedir un traslado allá, al sur, para estar cerca de mi bebé. Pero al final me mantuve en la UIP; la bebé me la cuida mi mamá, aunque la extraño mucho”, dice esta madre sola, quien sabe que está abrien- do brecha para otras mujeres.

Nicole Eduviges Chavarría Mora es una de la 21 agentes mujeres de la UIP.
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Nicole Eduviges Chavarría Mora es una de la 21 agentes mujeres de la UIP. (Marcela Bertozzi)

Abuelos acorazados

Hay muchos abuelos dentro de la Unidad de Intervención Policial. En el proceso del reporteo, conocimos a varios y todos, pese a sus canas, muestran buena condición física y siempre están alerta a cualquier llamado. Uno de ellos es Víctor Naranjo, de 62 años de edad y abuelo de 10 nietos. Él dice que le encanta su trabajo, que estar activo y en constante movimiento es lo que lo mantiene vivo: "Si me mandaran a una caseta, es como si me mataran", dice. Naranjo está convencido de que las personas de más edad tienen mucho que aportar a la sociedad y critica a quienes ven a los adultos mayores como una carga social. Él se encarga de conducir el vehículo policial conocido como "perrera" y brindar seguridad perimetral cuando sus compa- ñeros están en algún operativo. No pocas veces ha debido recurrir a su físico para defenderse o para asistir a otro agente. "Yo me voy de la UIP cuando me muera o me pensione; espero que sea lo segundo", reflexiona Naranjo, quien goza del respeto y la admiración de sus colegas.

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