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Tinta fresca: "¿Necesitamos buenas noticias?", por Cristian Cambronero

Actualizado el 22 de septiembre de 2013 a las 12:06 am

El primer tema sobre el que los ticos dijeron estar “muy informados” fue “sucesos” con un 64%, seguido por “deportes” con un 63%. Esos datos son prepcupantes.

No son más las "malas noticias"; pero sí son más fáciles de convertir en audiencia. El enfoque alarmista, dramático, y bochinchero se impone.

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Ilustración de William Sánchez / La Nación (William Sánchez)

Están de moda. ¡Son lo último en la tele criolla! Tanta es la algarabía que rodea a las “buenas noticias”, que son las protagonistas de uno de los piques más interesantes en años, entre los dos canales de televisión con mayor audiencia.

La llegada de + Que noticias , el primer programa de Teletica que parece hecho por Repretel, sacude un territorio hasta ahora monopolizado por Informe 11 . El auge invita a preguntarnos si las “buenas noticias” eran una necesidad, o son un lavado de conciencia.

Empecemos por el principio, ¿cuáles son las buenas? Podemos separar la fórmula en sus componentes: algunas historias “humanas” (idealmente lacrimógenas), notas de corte costumbrista y locación rural, ejemplos “inspiradores”, gotitas de autoayuda, secciones “educativas”, y contenido de relleno tomado de Internet.

Si las nuevas son las “buenas”, las noticias de antes, las convencionales, ¿son las “malas”? ¡De eso se les acusa!: coronaron al suceso común como amo del rating , y privilegiaron un periodismo efectista que explota a placer el morbo del espectador.

Con esa receta de sangre y drama, las noticias por televisión han reinado por décadas. Según un estudio de marzo de 2012, a cargo del Idespo de la Universidad Nacional, el 95% de los costarricenses ubicó a la televisión como “el principal medio para informarse”, y 7 de cada 10 costarricenses dijo confiar en ese medio para formar su propia opinión sobre asuntos de actualidad.

La fórmula de las "noticias buenas" incluye algunas historias "humanas", notas de corte costumbrista y locación rural, ejemplos "inspiradores", gotitas de autoayuda y secciones "educativas".

Esos datos son preocupantes, pero este es revelador: se le consultó a los encuestados cuán informados se sienten sobre distintas temáticas. El primer tema sobre el que los ticos dijeron estar “muy informados” fue “sucesos” con un 64%, seguido por “deportes” con un 63%.

El sólido legado de las “malas noticias”.

Si bien los noticiarios no pueden ser responsabilizados por la realidad que les corresponde reportar (imaginemos por ejemplo, pedirle a un noticiario de Ciudad Juarez, o de Tegucigalpa, que evite el contenido violento), sí son responsables por la forma en que abordan y difunden cada hecho particular. También está en sus manos la selección y jerarquización de los temas, y el tiempo de aire que se le destina a cada asunto.

Por medio de esas herramientas: enfoque y agenda, un mismo hecho, con claros valores noticiosos, puede ser presentado como una “buena” o “mala” noticia. O se puede generar la percepción de que una determinada temática es más importante que otra.

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No son más las “malas noticias”; pero sí son más fáciles de convertir en audiencia. El enfoque alarmista, dramático, y bochinchero se impone. El optimismo –por su parte– siempre cae bien, y se agradece. Pero más que las nuevas “buenas noticias”, muchos esperamos con ansias más noticias buenas: ciertas, oportunas, precisas, relevantes, y cómo no: humanas.

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