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Fernando Herrero

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Los problemas tributarios pueden salir muy caros

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Personajes 2012, Fernando Herrero

Está entrando a la sede del periódico por cuyas publicaciones tuvo que renunciar y contra el cual planea tomar acciones legales. Aún está molesto –lo deja bien claro–, pero el tiempo ha pasado y ahora está dispuesto a hablar aquí mismo, a pocos metros de donde se investigó su historial tributario y se pensaron los titulares que lo sorprenderían cada mañana, por días y días. Durante las próximas dos horas, Fernando Herrero va a recordar, va a reír, a reflexionar y a emocionarse hasta casi verter lágrimas.

Decir que el 2012 no ha sido un año sencillo para este economista que está a punto de cumplir los 60 años, es casi un eufemismo. Renunció a su puesto horas antes de que un artículo de La Nación informara de que Procesos, una empresa que fundó junto Flor Isabel Rodríguez, su esposa y compañera de toda la vida, omitió ingresos por ¢50 millones al realizar su declaración de impuestos.

Esa noticia había estado precedida por una polémica paralela de casi una semana alrededor del pago de impuestos territoriales. “Durante más de una década, el ministro de Hacienda, Fernando Herrero y su esposa, la asesora presidencial Flor Isabel Rodríguez, no declararon, como lo exige el artículo 16 de la Ley de Impuestos sobre Bienes Inmuebles, el valor de dos de sus casas en Escazú y Pavas”, publicó La Nación el 27 de marzo pasado.

Todo esto –y vendría más–, justo en los días en que se tramitaba en la Asamblea Legislativa una importante reforma fiscal de cuya defensa él era el principal abanderado. ¿Pudo haber peores noticias en un peor momento para sus intereses?

Han pasado cerca de diez meses desde aquellos hechos, pero Fernando Herrero sigue realizando prácticamente la misma lectura de los hechos: defiende que su interés en crear un sistema tributario más justo, donde los más ricos pagaran más, le trajo estos problemas. En aquellos días, en los momentos más álgidos, calificó las publicaciones de “montaje”.

“Vamos a ver, no usemos esa palabra”, dice ahora, con más prudencia. “¿Qué fue lo que pasó? Lo que hubo fue una serie de publicaciones cuyo efecto fue restarnos credibilidad, en particular a mí como ministro de Hacienda (...) El resultado de esa serie de publicaciones es que yo no podía seguir trabajando como ministro. Si eso fue una casualidad, que de pronto salga una serie de ataques sobre una persona, o si eso fue planeado, es una cosa que habrá que aclararla posteriormente”, afirma, mientras comienza a dejar el tono cortante con que inició la charla.

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Territorio en disputa

¿Hubo algún error? ¿Hubo un dato falso que se haya publicado en relación con su caso o el de Procesos, algo que señalar por incorrecto?

“Eso es lo que tenemos que ver en los Tribunales. Me parece que no es el medio apropiado, La Nación, para hacer esas aclaraciones. Sin embargo, le voy a hacer algunos comentarios sintéticos”, añade antes de entrelazar los dedos de las manos y empezar con lo que será la respuesta más larga de toda la entrevista.

“Me parece que , básicamente, las afirmaciones de La Nación son falsas. Montaron, sobre algunos hechos reales, los elementos de una teoría de la conspiración que convierten el resultado final en algo falso”, plantea como introducción antes de empezar a referirse a cada una de las denuncias.

El primero de los casos es el de los impuestos territoriales. La ley pide a los dueños de terrenos declarar su valor cada cinco años ante las municipalidades. Si no se hace así, entonces el gobierno local puede tomar acciones para actualizar ese valor.

Herrero no fue el único ministro con omisiones. En realidad, los periodistas de la sección de Investigación de La Nación encontraron que “11 ministros, sus cónyuges o sus empresas tenían al menos una propiedad sin declarar ante la municipalidad o la tenían estimada en un valor inferior al precio mínimo del terreno calculado por el ministerio de Hacienda para esa zona”.

En el caso de Herrero, encontraron que él y su esposa tenían dos propiedades que omitieron declarar durante más de una década. Tres días después de la entrevista sobre el tema (realizada en enero, aunque la noticia no se publicó sino hasta finales de marzo), la esposa de Herrero incrementó el valor de una finca de Escazú, de ¢47,7 millones a ¢167,7 millones. El medio calculó que la familia Herrero Rodríguez dejó de tributar unos ¢300.000 anuales en impuestos territoriales.

“A mí me parece que la decisión correcta, la que deberíamos aplicar en general en el país, es que ese impuesto lo valore la municipalidad y le pase la factura a las personas. El 90% de la gente, además, hace eso: se espera a que la municipalidad le haga la valoración y muchas de las municipalidades tienen programas muy eficientes de ir haciendo siempre las valoraciones y enviándoselas al contribuyente”, defiende Herrero.

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La Municipalidad de Escazú no está en ese grupo. “Es un problema de la municipalidad; no es un problema mío”, se defendió en su momento.

“Todos cometemos errores”, declaró también en el inicio de aquella turbulencia, aunque ahora deja atrás el alegato de que fue un error y se afianza en que su posición siempre ha sido la correcta. “Uno puede decir: ‘ si yo hubiera sabido que me iban a atacar, habría hecho cosas diferentes’. Sí, pero eso no quiere decir que lo que yo hice estaba mal. Yo creo que se actuó bien, siempre de buena fe”, rectificó la tarde de noviembre que visitó Tibás.

Este hombre, que formalmente comenzó su carrera política bajo la primera administración de Óscar Arias pero que desde la universidad manifestó su interés por la cosa pública, defiende que el ser Ministro de Hacienda no le acarrea mayor responsabilidad en asuntos tributarios.

Es especialista en temas económicos de manera general y de materia fiscal en particular y se precia de haber hecho la reforma tributaria más grande que ha tenido el país –en la administración de José María Figueres Olsen (1994-1998)–; pero no por eso tiene una responsabilidad extra, dice sin habérselo siquiera preguntado.

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“Las obligaciones del Ministro de Hacienda en materia tributaria son exactamente las mismas que las de todos los demás costarricenses. En Costa Rica, hay un principio básico de que todos somos iguales ante la Ley, y bajo ese principio, ninguno de nosotros tiene una obligación mayor que el otro, todos tenemos la misma obligación”, sentencia.

Procesos con errores

El segundo gran caso denunciado por La Nación, la causa de la renuncia propiamente, tiene que ver con Procesos, una compañía de consultorías que fundó junto a su esposa, pero de la cual Herrero ya no era accionista para cuando se publicó la información.

Este medio publicó que Procesos “omitió ingresos por al menos ¢50 millones en su declaración de impuesto sobre la renta del 2010”.

“Dijeron que había una evasión de impuestos porque no se había declarado un ingreso. En efecto, había un monto de ingresos que no se había reportado, pero no había ningún daño fiscal. No había daño fiscal porque, durante ese año, la empresa tuvo pérdidas muy grandes ya que varios de los proyectos que tenía planeado ejecutar no se materializaron”, comienza.

“Lo que pasó es que sí, en efecto, de alguna manera se omitió un ingreso, pero el resultado final era exactamente el mismo: las pérdidas eran un poco más pequeñas, pero la empresa seguía teniendo pérdidas muy grandes. (...) Lo que nos dicen los especialistas es que cualquier especialista en tributación que hubiera visto los documentos de las declaraciones entiende, apenas las ve, que habría sido absurdo no incluir esos ¢50 millones porque de hecho no había utilidades. (...) Eso es nada más una torpeza, un error”.

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“Ahí, en medio de todo esto, hay además métodos ilegales, me parece a mí, de obtención de la información. Eso es un tema que también habrá que verlo posteriormente en el foro adecuado para analizar la legalidad”, dice Herrero al referirse indirectamente a los datos del Sistema Integrado de Información Tributaria (Siiat) a los que tuvo acceso este medio y por cual se investiga actualmente a varios funcionarios de Hacienda.

¿Por qué se defendió con fuerza cuando aparecieron las denuncias por el tema de los impuestos, pero renuncia antes de la publicación de los artículos sobre Procesos?

“El tema de los impuestos es un tema de política fiscal (...), no tengo problemas en defenderlo”.

“Un compañero de gobierno, de alguna manera, había recibido información de lo que La Nación estaba preparando y me dijo: ‘mirá, lo que a mí me parece es que debés de tener cuidado porque lo que sigue es que van a atacar a Flory y, donde ataquen a Flory , vos no vas a poder seguir, porque te vas a desesperar’”.

Pareja desde casi la adolescencia, distintas fuentes consultadas antes de esta entrevista concuerdan en que la relación entre Fernando Herrero y Florisabel Rodríguez – Flory , como la llama aun fuera del ámbito familiar– es la de una pareja consolidada, estable y donde él estaría dispuesto a hacer lo necesario para tratar de protegerla. Desde el principio, Herrero ha visto su renuncia como una manera de defender a su pareja.

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“Yo temía eso, (...) la idea de que iban a hacer ataques contra ella”, insiste. “Cuando pasamos esa grotesca experiencia con la directora de La Nación (Yanancy Noguera) presionándonos a nosotros y a la Presidenta de la República (Laura Chinchilla), que estaba en ese momento en Nueva York, para que habláramos sobre las cuentas de Procesos sin que estuvieran los contadores, cuando empezaron con eso, nosotros dijimos: ‘En efecto, el ataque es contra Flory, que no tiene nada que ver con lo que está pasando’ ”.

No le reclama a la presidenta Chinchilla el que lo haya instado de una manera directa a dar respuestas a las consultas del medio. Se queda en silencio algunos segundos, desvía un poco la mirada, no tratando de recordar, porque el relato de los hechos es fluido, sino tratando de encontrar las palabras adecuadas para quien es no solo la líder del país y su antigua jefa, sino su amiga de años.

“Ella respondió positivamente también ante eso. Cuando ve que vienen todos los ataques, trató de ayudarnos, de protegernos. Ella ha sido muy linda en todo esto”, dice.

“Pero, bueno, si viene un ataque de La Nación de ese tamaño, es mejor quitarse antes para ver si reconocen, como han hecho en muchas otras oportunidades, que los temas privados son temas privados y que si son ilegales se discuten en los Tribunales, pero que nadie tiene por qué ser perseguido por el medio por eso”.

“Me voy del Ministerio de Hacienda con la esperanza de que no persigan a Flory , como amenazan con perseguirla”.

¿Pero por qué del tema de Procesos no se iba a poder defender?

“Bueno, lo que no se iba a poder defender era que venía una serie de ataques. Es que aquí cada una de las cosas tiene su explicación, pero todo está hecho de tal manera que la gente diga esto de que ‘cuando el río suena, piedras trae’, ¿verdad? O sea, si están hablando tanto, ha de ser por algo. No es ninguna cosa en particular. Cuando usted arma una cosa con tanta repetición lo que hace es que le quita a uno toda la credibilidad. ¿Cómo le va a creer a alguien si lo acusamos de ‘a’, de ‘b’, de ‘c’ y de ‘d’? En eso consiste el gran ataque mediático que se dio, no en cada cosa particular, sino en el conjunto”.

La estética de Recope

Para los otros dos casos, Herrero también tiene la justificación lista, pero es más puntual. Este viernes, ha ofrecido todo el tiempo necesario para hablar, pero no es necesario malgastarlo, menos ahora que trabaja como consultor internacional en temas fiscales y viaja constantemente a distintos países de Latinoamérica. Apenas si ha tenido tiempo para dar su versión de los hechos antes del cierre de esta edición.

Primero, se refiere a la reforma curricular conocida como Programa de Educación en Ética, Estética y Ciudadanía, la nueva propuesta a las tradicionales clases de Cívica.

A Procesos se le dieron contratos por $776.000 entre el 2006 y el 2011, en parte financiados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Agencia Española de Cooperación Internacional.

El ministro de Educación, Leonardo Garnier, ha sido “socio, amigo y conferencista contratado por Flor Isabel Rodríguez”, explicó La Nación. Garnier siempre negó que eso afectara la decisión de contratar a Procesos.

El PNUD, además, le pedía firmar una declaración de que no había “ningún vínculo (conflicto de interés) directo o indirecto con ninguno de los licitantes que han presentado oferta/propuesta para este proceso, en su calidad de individuos o miembros de una asociación”.

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“Se hizo una reforma en una gran cantidad de cursos, incluyendo en el centro el de Educación Cívica, aprovechando que Procesos y el grupo que ha trabajado el tema tiene una especialización, bueno, probablemente de las más altas que se pueda conseguir en el mundo, en cómo funciona la cultura política y cómo mejorarla”, dice Herrero, aunque no estuvo ligado directamente al tema.

“Se montó un proyecto que se hizo con costos bajísimos, que ha sido reconocido incluso por la misma La Nación en sus editoriales (...) En el centro de esos grandes logros está Flor Isabel Rodríguez, pero La Nación lo único que ha hecho es atacarla por haber dirigido ese proyecto. A mí me parece inmoral esa conducta, realmente”, dice conteniendo la molestia que le trae el recordarlo.

“Se dirigen a destruir a una de las mejores profesionales del país, cuando tienen a la vista de todo el país los grandes resultados que se obtuvieron en ese proyecto”.

El último de la serie de artículos relacionados con Herrero y Rodríguez durante esas semanas de marzo y abril, habiendo renunciado él al ministerio y ella a la asesoría que daba a la Presidencia, tuvo que ver con una contratación realizada por la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope).

El 17 de agosto del 2011, esa entidad adjudicó una contratación directa a favor de Procesos para que le diseñara estrategias de comunicación y relaciones públicas.

“Para ese concurso, iniciado el martes 9 de agosto, Recope solo invitó a participar a tres empresas distribuidoras de materiales de construcción y acortó el tiempo para la apertura de ofertas. (...) Procesos, la única oferente, presentó cartas de reconocimiento del vicepresidente de la República, Luis Liberman; del ministro de Educación, Leonardo Garnier; del hermano de la presidenta, Adrián Chinchilla, y de la exviceministra Amparo Pacheco”, publicó La Nación .

Más adelante, el medio también informaría de que funcionarios de Recope admitieron ante la Contraloría que cometieron errores en esa contratación, pero alegaron que no hubo dolo o culpa grave.

Además, la Procuraduría de la Ética emitió un informe explicando que las cartas de Garnier y Liberman representan “violaciones a principios éticos”.

Para Herrero, el error en este caso se le debe achacar a Recope.

“Le voy a decir, otra vez, que Flor Isabel ha sido asesora en temas de opinión pública, ella es politóloga. (...) Ahí hubo un concurso y se hicieron las cosas que se tienen que hacer. La Contraloría abre un procedimiento de investigación para ver qué fue lo que pasó con eso y ¿qué es lo que dicen los funcionarios de Recope? Dicen ‘nos equivocamos, hicimos mal’. (...) El error fue corregido por los funcionarios. La Nación publicó que, efectivamente, ellos habían dicho que se equivocaron, pero nunca dijo que se había subsanado el error y cuando se subsana el error, no hay error”.

La miseria humana

¿Usted sigue pensando, como lo dijo aún siendo Ministro, que este tipo de denuncias dañan la democracia?

“Viera que cada vez más. (...) Yo soy un convencido de que la prensa tiene que tener una gran libertad para hacer su trabajo, pero en realidad a mí me parece que a la par de esa gran libertad tiene que haber una enorme responsabilidad. (...) Los medios de comunicación tienen que ser realmente muy serios haciendo las investigaciones que hacen y tienen que tener mucho cuidado de respetar los derechos fundamentales de las personas”.

¿No influye también el descrédito del sistema político en general y de los políticos?

“Sí. Eso es un círculo vicioso. (...) ¿cómo se convierte en parte de la opinión pública la idea de que los políticos hacen mal las cosas? Obviamente, hay unos que han hecho cosas muy malas, hay que entrarle a ese tema. Pero, ¿por qué los medios lo generalizan? O sea, todas las cosas que hagan los políticos siempre las andan viendo como cosas malas.

¿Cómo califica este 2012?

“Este 2012 ha sido un año de mucha reflexión y desarrollo personal, es una posibilidad de conocer la miseria humana y construir sobre ella”.

Tantas noticias publicadas, tantos ataques en público y mediante redes sociales, tantos correos y llamadas y Fernando Herrero puede resumir el año en una sola frase.

Esa miseria ha tenido en la conversación, minutos antes, sinónimos poco tradicionales como “inseguridad”, “frustración” y “una gran desesperación”. Y no habla en singular, habla como dos.

“A la par de esto, hay un gran daño a las personas cercanas. Probablemente el más duro es a las mamás: a mi mamá y a mi suegra”, trata de mantener el hilo, “que ya son señoras mayores”, y retira la mirada con los ojos vidriosos, “que no entienden que puedan pasar estas cosas”, pero se logra controlar, “eso fue realmente como algo muy feo”.

“Recibimos un gran apoyo de los amigos y de los compañeros de Gobierno”, continúa, “de mucha gente... en el supermercado, va uno y aparece gente que le dice cosas bonitas”, y de nuevo parece que no lo va a lograr, “ahí entra uno en un proceso de reflexión”, pero se vuelve a tranquilizar.

“Creo que nos hemos fortalecido. Hemos adquirido un compromiso con Costa Rica, no necesariamente desde la política”.

Mientras, seguirá en su trabajo como consultor, y seguirá analizando las opciones que tiene para presentar una denuncia judicial contra La Nación.

“Vamos a ver si el foro correcto funciona. Si no funciona, habrá más dudas”.

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