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Músicos salieron con una espinita en el corazón

Actualizado el 10 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Músicos salieron con una espinita en el corazón

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                         Aunque la clase era a las 3: 30 p .m., los niños del Sinem llegaron una hora antes. Kristel Rivera practicó mientras llegaban los maestros.   Pablo Montiel.Emoción.
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Aunque la clase era a las 3: 30 p .m., los niños del Sinem llegaron una hora antes. Kristel Rivera practicó mientras llegaban los maestros. Pablo Montiel.Emoción.

Felices, pero con ganas de poder hacer algo más, así salieron los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), que impartieron clases ayer a los niños del Sistema Nacional de Educación Musical (Sinem) en Bijagua, Upala.

“Cada vez que venimos a una comunidad nos quedamos impresionados con la necesidad de conocimientos que encontramos en los niños; ellos son como esponjas, dispuestos a aprender todo lo que podamos enseñarles” dijo el violista William Shuck, quien compartió con seis pequeños estudiantes.

Él y sus compañeros María Luisa Meneses (flauta), Xiomara González (violín) y William Ramos (percusión) coincidieron en que, aunque dar clases a los niños es una muy buena experiencia, también es importante que se le dé seguimiento a lo que aprendido.

“Al terminar estas lecciones uno se siente muy involucrado. Por ejemplo, hoy le di una clase a una niña con mucho talento, que aprendió todo muy rápido, pero para que eso siga así es necesario continuar el proceso; nos duele irnos y saber que no tienen acceso a profesores en cada especialidad”, dijo Meneses.

Su compañera, Xiomara González, añadió: “Hay que buscar medios para mantener el contacto con ellos; podríamos venir una vez al mes por lo menos o vía Skype por lo menos, aunque en la etapa en la que están (aprendiendo) es importante la presencia de un maestro de cada una de las disciplinas”.

Emocionados. Aunque los maestros se marcharon con un nudo en el corazón, en Bijagua, los 20 niños y jóvenes que recibieron las clases quedaron felices.

“Las clases fueron excelentes; me gusta que nos vengan a enseñar cada vez más cosas”, aseguró Nadia Céspedes, de 15 años.

Con gran picardía, Noelia Alvarado, de 9 años, dijo que, aunque en un principio le dio miedo el semblante serio del maestro Shuck, una vez que lo conoció se sintió cómoda y hasta le pareció un músico divertido.

“Buena gente el señor. Las apariencias engañan” dijo la niña, quien también estudia viola.

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