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La busqueda de un legado literario: Yolanda Oreamuno y Eunice Odio

Actualizado el 07 de abril de 2016 a las 12:00 am

Rima de Vallbona entró a la universidad de Costa Rica en los años 60, ahí nadie le habló de Oreamuno. Años después, recuperó un legado disperso por América Latina.

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Acuarela de 1943 de la pintora Margarita Bertheau, titulada Yolanda . Esta obra se encuentra en la colección del Museo de Arte Costarricense.

La escritora Rima de Vallbona contó como fue el proceso que llevó a cabo para encontrar una gran parte de la obra las escritoras costarricense, Yolanda Oreamuno (1916-1956) y Eunice Odio (1919-1974).

¿Por qué dedicó gran parte de su vida a rescatar la obra de Yolanda Oreamuno?

Después de la universidad, un amigo me regaló el libro de Oreamuno A lo largo del corto camino , y eso fue una gran revelación. Yo tenía que saber quien era esa gran mujer, que escribía tan adelantada a la época en la que me encontraba.

¿Cómo fue el proceso para recuperar la obra?

Fue difícil. Primero inicié un trabajo de investigación en Costa Rica, Guatemala y México. Encontré textos en la Revista Mexicana de Cultura en 1944, 1948, 1951 y 1952. Después en la biblioteca de la Universidad de Texas me encontré seis textos inéditos (ya publicados). Me convertí en un tipo de detective, realicé muchos viajes, escarbé bibliotecas, pregunté y pregunté, aun así, recuerdo que en las cartas publicadas de Yolanda ella menciona cuentos que todavía siguen perdidos.

Una vez que encontró los textos, ¿cuál fue su interpretación de la prosa?

Recuerdo leer mucha metáfora extendida. Oreamuno tenía una gran capacidad para decir más allá de lo que se leía, trató temas de la sociedad que ahora también son difíciles de exponer en la luz pública. No entendía tampoco porqué en nuestros país había sido desechada en términos literarios.

¿Cuál es ahora su relación con Yolanda?

Pasé tantos años leyendo su obra, rescatándola, que siento una relación muy espiritual. A Yolanda hay que leerla. Poco a poco, fui perdiendo la vista, por eso siempre digo que mis ojos se fue ron quemando junto al proceso de encontrar la obra de Yolanda.

Pero Rima no solo se dedicó a desenterrar escritos de Yolanda Oreamuno, también utilizó sus dotes de investigadora para buscar textos sobre Eunice Odio.

¿Cómo fue que Eunice llegó a usted?

Mientras estudiaba en Middlebury, Vermont, un profesor me preguntó si conocía la obra de Eunice, me lo preguntó con estas palabras: "La mejor poeta de Centroamérica", y yo con mucha pena le tuve que responder que no. Después de eso, sentí una gran obligación por conocer sobre Odio y por leerla.

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 ¿Cuál fue el recorrido que tomó para encontrar la obra de Eunice?

Recibí una llamada de la escritora Victoria Urbano y me dijo que estaba preparando una antología llamada Five Women Writers of Costa Rica, y quería que yo escribiera un comentario para el cuento Había una vez un hombre (1970) de Eunice, y así fue como emprendí esa tarea. Recorrí de nuevo a la biblioteca de la Universidad de Texas y encontré en distintas revistas de Hispanoamérica textos de Odio.

Con el tiempo también apareció el libro del venezolano Juan Lizcano, Antología: rescate de un gran poeta. Siempre critiqué el uso de poeta y no poetisa. También tuve la oportunidad de conocer en México a una antigua pareja de  Eunice, a Antonio Castillo Ledón, quien supuestamente tenía los derechos de autor de la obra de Odio. En su oficina me mostró un archivo de metal donde estaban papeles con textos de Odio pero cuando le pedí las llaves a don Antonio me dijo que las había perdido.

Tiempo después me contactó Asunción Lazcorreta, quien trabajó con don Antonio y me dijo que tenía unas cartas sin fecha de Odio, así que nos reunimos en mi casa en Texas todo un mes para intentar buscar un orden.

 ¿Por qué cree que nuestro país, en ese entonces, pasó por alto a estas dos escritoras?

Creo que estaban intimidados. Fueron mujeres fuertes, con actitud, que tenían algo que decir y lo decían bien. Muchos intelectuales de la época tuvieron miedo que los opacaran. No creo que tuviera mucho que ver con el género, creo que no querían pasar por la vergüenza de encontrar mejores ensayistas que ellos. Creo que nuestro país las asesinó, intelectualmente.

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