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Crítica de cine: Más aves azules

Actualizado el 15 de abril de 2014 a las 12:00 am

Colorido de Río 2 Humor en el Amazonas

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Crítica de cine: Más aves azules

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Ni modo. No queda más que aprender a vivir con esto: el cine animado nos condena a secuelas constantes de aquellos títulos medianamente exitosos. Es evidente que esto funciona bien en las boleterías. Ahora nos llega Río 2 (2014), nuevamente bajo la dirección de Carlos Saldanha.

Tres fueron los factores de éxito del primer filme, en el 2011: su intenso colorido de caleidoscopio, la felicidad de su música y el buen humor. También es necesario decir que el desarrollo de los personajes no era lo mejor. Pues bien, como si fuera “copiar y pegar”, lo mismo ocurre ahora con esta secuela.

Como sucede con el título de la conocida y gran novela de Jack London, La llamada de la selva , ahora en Río 2 vemos cómo la familia de Blu y Perla, guacamayos azules que se piensan únicos en el mundo, deciden irse al Amazonas con sus críos a encontrarse con su raíces y donde hay más guacamayos y guacamayas de su vistoso color.

Igual que con el perro Buck, héroe de la citada novela de London, nuestras queridas aves descubren que no todo es tan deliciosamente azul al fondo de la selva, por lo que deben lidiar con peligros. Incluso, deben sumarse a la lucha de tono ecológico en contra del hombre, quien insiste en deforestar la Tierra.

Aunque a regañadientes y más por decisión de Perla, cuando Blu se lleva a su familia a los laberintos amazónicos, lo siguen fieles amigos y también enemigos tradicionales (estos personajes antagonistas son los mejor logrados de esa extraña fauna que nos da el filme).

En la primera película, Blu buscaba su propia plaza para encontrarse con sus virtudes (por ejemplo, volar). Ahora lo abandona para acudir al sitio original de su especie. La aventura vuelve a llenarse de música, color y humor; sin embargo, también de personajes secundarios y de distintas situaciones, una tras otra. Esto le quita fuerza o enjundia a la trama principal.

Simple, Río 2 , como narración fílmica, se diluye entre tanto ir y venir de sucesos distintos, a tal punto que lo mejor diseñado es una historia del todo secundaria: la del shakesperiano Nigel (con humor que queda fuera del alcance de los niños) con esa diva enamorada, que es la araña Gabi.

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Lo demás es malabarismo visual y revoltillo inútil de sucesos para un final donde lo peor logrado, formalmente, es la animación de los humanos (por defectuoso, pésimo contraste de calidad visual entre humanos y aves).

La cuestión es que las subtramas se apilan sin orden ni coherencia. Como dice el crítico argentino Javier Porta: “Hay películas que tienen tanto que no les importa desperdiciar”. Solo que al hacerlo, este tipo de cine, como Río 2 , desperdicia más de la cuenta y, en lugar de integrar acontecimientos, estos se desperdigan.

Río 2 parece comenzar a cada rato y finaliza porque sí. Imagino que seguirá con otro filme. Sé que los niños disfrutan montones este tipo de cine (me consta: lo vi); empero, como algunos críticos no tenemos esa generosidad infantil, no dudo en calificar a Río 2 como mediocre.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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